La obsesión que acabó con la carrera de la estrella de 'Viernes 13'

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Adrianne King no será una de las actrices más populares de Hollywood, ni de las más galardonadas o millonarias, pero los amantes del cine de terror la recordamos como la legendaria “final girl” de Viernes 13 (1980): la última superviviente del clásico slasher que no solo escapaba con vida de la sangrienta venganza de Pamela Voorhees, sino que la decapitaba al final de la historia. Sin embargo, y a pesar del legado de su personaje y el rotundo éxito millonario que cosechó la película, la luz del estrellato se apagó antes de que siquiera pudiera encenderla.

Adrianne tenía tan solo 20 años, una ferviente pasión por la actuación y un taquillazo a sus espaldas que podría haberla encumbrado a la cima de Hollywood, sin embargo lo que vivió a raíz de la popularidad de la película demuestra que es cierto eso de que, a veces, la realidad supera la ficción.

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Nacida en 1960, Adrianne siempre tuvo claro que la interpretación y la pintura eran las dos grandes pasiones de su vida, y tuvo la fortuna de contar con el apoyo de sus padres a la hora de seguir sus sueños desde pequeña. Supo que quería ser actriz a los 5 años después de interpretar a un personaje secundario en una película para televisión, y entre mediados de los 60s hasta 1980 acumuló un currículo que incluía teatro, comerciales y TV. Hasta fue una de las bailarinas de Fiebre del sábado noche (1977).

Adrianne se encontraba en Nueva York estudiando arte e interpretación en 1979 cuando supo del casting de Viernes 13, y después de realizar varias audiciones durante un proceso que duró unas cuatro semanas, consiguió el papel de Alice Hardy: la única superviviente de los asesinatos en el campamento Crystal Lake cometidos por la madre de Jason, una mujer que se negaba a que reabrieran el lugar donde tiempo atrás se ahogó su hijo ante la negligencia de los monitores de turno.

Viernes 13 fue un éxito descomunal con una recaudación de casi 60 millones de dólares cuando tan solo había costado $550.000, obteniendo luz verde para hacer una secuela prácticamente enseguida. Y si bien Adrianne volvió a la segunda parte, lo hizo con una secuencia que nos dejó perplejos. La historia la aniquilaba al comienzo de la trama, haciendo caso omiso a su imagen como personaje fuerte y empoderado que había demostrado ser una superviviente nata. Sin embargo, aquel decepcionante desenlace tenía una explicación que solo unos pocos conocían y que Adrianne mantuvo en silencio durante varios años.

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Porque si en Viernes 13, la actriz era acechada por Pamela Voorhees, en la vida real también sufría la persecución constante de un acosador que se obsesionó con ella tras ver la película. La diferencia es que su personaje sufría durante una noche y en la vida real Adrianne vivió con miedo durante un año y medio, desarrollando un trauma que la alejó de sus sueños para siempre.

Por aquel entonces, ni la industria ni la policía se tomaba en serio este tipo de amenazas. Si eras un personaje famoso, el acoso se veía como parte del oficio y no fue hasta el asesinato de Rebecca Schaeffer en 1989 -la actriz que estuvo a punto de ser Pretty Woman antes de ser asesinada por un fan- que esta terrible realidad comenzó a verse de otra manera. En el caso de Adrianne, tenía 20 años y la fortuna de ser la protagonista de una película de éxito que podía abrirles puertas en la industria. Sin embargo, el miedo la llevó a esconderse y alejarse de los focos. 

Como no había cámaras de vigilancia ni teléfonos móviles, Adrianne pasó un año y medio sin saber quién era su acosador, recibiendo polaroids por debajo de la puerta tomadas la noche anterior mientras cenaba o paseaba por la ciudad. En una ocasión, la joven actriz tuvo que encerrarse en el armario de la casa de su hermana para llamar a la policía cuando el hombre había entrado en la vivienda. Pero en lugar de ayudarla, los agentes le dijeron “¿Y qué esperas? Mira la película que hiciste”, según contó ella misma hace unos años a Uproxx. El pánico la paralizó tanto que la decisión de reducir su presencia en la secuela fue tomada en conjunto con los productores para evitar su exposición.

Y es que no solo tenía que sufrir el acoso sin protección oficial, sino la propia industria le pedía que callara lo que estaba viviendo por “el qué dirán” de antaño. Sus propios agentes le dijeron que no hablara del tema con nadie. “Shhh, no lo digas, pensarás que estás loca. No le cuentes a nadie, sería terrible que supieran que estás siendo acosada” fue el terrible consejo que le dieron.

El miedo la paralizó tanto que tenía pavor a exponerse ante las cámaras, y aquella secuencia inicial en Viernes 13 Parte 2 (1981) fue la última película que hizo en 30 años. Con su experiencia como actriz podría haber continuado como extra o con papeles secundarios, pero el terror la llevó a esconderse y huir. Primero se marchó a Los Angeles, donde el acosador la terminó encontrando, así que decidió marcharse a Londres por un tiempo. Allí se centró en sus estudios de arte en la Real Academia, pintando y exponiendo sus cuadros.

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El acosador resultó ser un hombre que había visto la película con sus amigos, que se obsesionó con ella simplemente porque le recordaba a alguien del pasado que le había hecho algo terrible. El hombre fue arrestado pero el daño ya estaba hecho. El trauma emocional que desarrolló la joven le afectó tanto que cuando volvió a EEUU no se veía capaz de actuar delante de una cámara. Ella quiso intentarlo cuando en 1984 consiguió un papel en la serie All my children, pero cuando estaba lista para grabar sufrió su primer ataque de pánico.

Desesperada ante la necesidad de ganar dinero para pagar al sindicato de actores y poder mantener su seguro médico, un amigo suyo le presentó al coordinador de las escenas de acción de Cazafantasmas (1984), quien la contrató enseguida como actriz de riesgo durante dos semanas. “Hice más dinero con Cazafantasmas que con todos mis derechos residuales de autor de Viernes 13 combinados” escribió en su blog en 2018

El trauma era tan profundo que decidió seguir su carrera por otro camino. El miedo a la exposición y revivir la traumática experiencia la llevaron a optar por el trabajo de voz, prestando sus cuerdas vocales a series y películas como El hombre sin rostro, ¿A quién ama Gilbert Grape?, Philadelphia, El informe Pelícano, Jerry Maguire y Titanic.

Adrianne se sometió a terapia durante los años 90, sin embargo no fue hasta 2004 cuando pudo hacer las paces con el pasado. Sucedió en una convención de cine de terror cuando formó parte de un panel con algunos de sus compañeros de Viernes 13. Allí, los fans le preguntaron por qué había permitido que la mataran en la secuela y Adrianne optó por confesar su verdad ante el mundo, 24 años más tarde.

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Los fans reaccionaron con tanta empatía y lágrimas que Adrianne supo que era lo que necesitaba para terminar de sanar del todo. Incluso le ofrecieron ayuda si en alguna ocasión vuelve a vivir algo parecido. “Tengo a dos agentes del FBI en speed-dial. Fans en serio” contó a Uproxx. Más tarde, en 2006, se publicó un libro con historias anecdóticas sobre la película donde se incluía su desaparición de las pantallas y de repente la industria comenzó a enviarle guiones preguntándole si estaba interesada en regresar. Y así lo hizo. Casi tres décadas después de su breve aparición en Viernes 13 – Parte 2 (1981), volvió a actuar delante de una cámara en una película de terror titulada Psychic Experiment (2010) y desde entonces, de vez en cuando, se suma a otras producciones.

Con la ayuda de terapia, su marido y sus propios fans, Adrianne pudo reconstruir su vida. Sus redes sociales son un hervidero de homenajes a Viernes 13, repletas de anécdotas, de ejemplos de sus cuadros y mensajes llenos de positividad. A sus 60 años continúa su pasión por la pintura y produce una marca de vinos en conjunto con una bodega de Oregón, con la que rinde homenaje a su pasado en Viernes 13: ¡se llama Crystal Lake Wines!

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La idea surgió después de mudarse con su marido a la zona y conocer las diferentes variedades de vino que producen allí. Y gracias al boca-oreja y a sus fans, el negocio ha sido un éxito desde su lanzamiento en 2009 y sin gastar presupuesto en publicidad, como confesó ella misma a Daily Dead

Adrianne tenía 20 años cuando las puertas de Hollywood se abrieron y cerraron al mismo tiempo cuando el trauma de ser acosada frenó en seco todos sus sueños. Con el paso del tiempo, la actriz logró superar lo vivido transformando su experiencia y mirando hacia delante con positividad. A sus 60 años mantiene sus redes sociales activas, comunicándose continuamente con su legión de fans. De vez en cuando participa en películas menores con la intención de ayudar a jóvenes cineastas, apoya a organizaciones benéficas de su zona a través de su marca de vinos, y antes de la pandemia solía realizar proyecciones de la película en el patio de su casa con la intención de recaudar fondos para los bomberos, etc.

El acoso de fans obsesionados es algo que muchas celebrities han vivido en sus propias carnes. Desde Selena Gómez, pasando por Sandra Bullock, Hally Berry, Steven Spielberg, Madonna y muchos más. Pero a diferencia de la desprotección que tuvo Adrianne en 1980, los famosos ahora cuentan con una ley que define el acoso como un acto criminal en EE.UU. y una unidad policial en Los Angeles dedicada exclusivamente a estos casos. Algo que cambió tras el asesinato de Rebecca Schaeffer en 1989.

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