La nueva vida de Paco Vegara después de tocar fondo

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Por Mike Medianoche. - Saber y ganar es todo un emblema de nuestra televisión. El formato presentado por Jordi Hurtado lleva más de 20 años acompañándonos cada sobremesa de forma ininterrumpida, y además, se ha convertido en el último concurso diario que se ve en La 2 de Televisión Española. Lejos quedan aquellos tiempos en los que se emitían otros concursos como Lingo, con Ramoncín, o Rompecocos y Quatro, estos dos últimos, presentados por un andaluz hoy desaparecido de los medios de comunicación: Paco Vegara. 

Un andaluz que tuvo el mundo televisivo a sus pies, y que se salió del buen camino hasta tocar fondo, cayendo en el mundo de la droga. Pero luego supo reinventarse profesionalmente para salir adelante alejado ya de los focos y las cámaras.

Francisco Vegara Jiménez nace en Tarifa, Cádiz, en el año 1962. A inicio de los 90 comienza a trabajar en Canal Sur, la cadena autonómica de Andalucía, en el magacín Tal como somos, un espacio donde había entrevistas, sketches, números musicales y casi cualquier cosa que permitiese rellenar unos minutos en la parrilla.

En 1995 Paco Vegara consiguió dar el gran salto y debutó en la televisión pública nacional. Él formó parte de Mójate, un programa veraniego capitaneado por Esther Arroyo y Carlos del Soto, conocido profesionalmente como Bermúdez. Mójate era un batiburrillo de padre y muy señor mío. Intentaba estirar el éxito del programa Karaoke de Telecinco poniendo a cantar a mucha gente con una base musical mientras salían la letra de las canciones. Contaban igualmente con invitados conocidos y sobre todo chicos y chicas de buen ver alrededor de una piscina, en la estela del también entonces aclamado Uno para todas, que presentaba Goyo González.

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La simpatía natural del tarifeño y su dicción única (él no hablaba castellano, sino más bien un perfecto andaluz) le permitieron brillar con luz propia, y Televisión Española confió en él para un concurso diario que se llamó Rompecocos

Se emitió en la sobremesa de la primavera de 1996. Y no tuvo fácil el arrancar: ocupaba el hueco que había dejado Cifras y letras, el cual desapareció de la parrilla tras el cambio de Gobierno, y era una adaptación de un formato extranjero llamado Brainstorm. En él dos participantes debían adivinar palabras a partir de iniciales en pruebas divididas en cuatro fases. Logró permanecer en antena hasta inicios de 1997, cuando le pasó el testigo a Jordi Hurtado y a Saber y ganar.

Para Vegara lo mejor estaba entonces por llegar. Televisión Española le puso al frente de un nuevo concurso llamado Quatro, que se emitía por las noches y que podía recordar en algunos momentos al ya mencionado Lingo, pues también contaba con un panel, en este caso de números, que había que ir rellenando de líneas hasta hacer ‘quatro’, es decir, rellenar un cuadrado entero.

Ahí Paco se soltó la melena y lo mismo te contaba una anécdota que cantaba un fandango si le venía la inspiración. Se comía la cámara, tenía un encanto enorme, y fue uno de los reyes de la televisión. Aparecía en los especiales Telepasión cantando y bailando, pero también le invitaba la competencia, por ejemplo, para Furor, en Antena 3. Quatro permaneció tres años en antena, hasta 2000.

Ahí empezó a descender la popularidad de Paco Vegara. Encadenó proyectos, todavía en Televisión Española, como In fraganti, un programa de cámara oculta, fue reportero del olvidado programa ¿Me lo dices o me lo cuentas? y estuvo en el no más recordado A saco, otro concurso de cultura general.

En 2003 acepta una propuesta de Antena 3 para concursar en La isla de los famoS.O.S. 2, o lo que es lo mismo, Supervivientes. Fue compañero de fatigas de Coral Bistuer, la modelo Vania Millán, el actor Santiago Urrialde o el nadador Felipe López, que es quien ganó. Fue el décimo expulsado por la audiencia, quedándose cerca de la final.

Un año después, en 2004, Pablo Carbonell, conocedor del salero de Paco, confía en él para el papel de cura en la película Atún y Chocolate. Este trabajo como actor en la ópera prima de Carbonell como director fue una de sus últimas apariciones públicas, con excepción de algún Pasapalabra.

Años después, en sus memorias El mundo de la tarántula Carbonell reveló que Vegara había tocado fondo, que estaba pasando en aquellos momentos por un auténtico infierno interior. No conseguía que sus escenas brillasen porque estaba enganchado a la cocaína, y tiempo después le pidió dinero al propio Carbonell para desengancharse en una clínica. El líder de Toreros Muertos cuenta que no se lo dio, pues cree que cada uno debe salir de su propio pozo apretando los puños y dejándose “de hospitales y zarandajas”.

En el mismo libro explicaba que Paco sufría bipolaridad, pero que se recuperó. “Más tarde lo llamé para que hiciera los coros de Sevillanas globales, de mi disco Canciones de cerca junto a Carmen Tizón. Estuvo sembrado y divertido. Volvía a ser el gran Paco Vegara que yo quise para mi película”, escribió.

Ha estado muchos años desaparecido, pero parece que ahora la vida le sonríe, ya como persona anónima y no como una celebridad televisiva. Francisco Vegara Jiménez se dedica al mundo de la docencia como maestro en su Tarifa natal, y ha conseguido recuperar las riendas de su vida, esas que un día dejó escapar por culpa de la drogadicción. Ahí sí que ha conseguido ser el protagonista de la película de su propia vida, sin necesidad de que nadie le dirija.

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