NUESTRA CRÍTICA: 'El regreso de Mary Poppins' es la digna secuela "casi" perfecta

Es listón estaba muy alto. A 54 años de que Walt Disney convirtiera a Mary Poppins en un clásico cinematográfico (muy a pesar de la autora original que odió los bailes, los cambios en el personaje y los pingüinos), el estudio recupera a la niñera mágica con una secuela “casi” perfecta. ¿Por qué “casi”? Básicamente no se siente tan “supercalifragilisticoespialidosa”, pero esa expectativa no es culpa de la película, es del clásico al que sigue los pasos.

(©Walt Disney)

Mary Poppins continúa siendo una de las películas que dejan huella en la infancia de muchos. Rob Marshall lo sabía y pasó tres años desarrollando una historia, música y canciones que pudieran estar a la altura de la niñera favorita del cine. Pero su gran logro no es el musical, las coreografías o el cuidado al detalle de la casa de Cherry Tree Lane, sino en el ojo que tuvo al ver en Emily Blunt a la Mary Poppins perfecta.

El regreso de Mary Poppins comienza con Lin-Manuel Miranda como Jack, el farolero de la historia, haciendo su trabajo y cantando una oda a la magia de Londres titulada ‘(Underneath the) lovely London Sky’. De allí pasamos a descubrir qué ha sido de los hermanos Bank. Michael es padre de tres niños, pero unos meses atrás se quedó viudo. Despistado, dolido y agotado, cuenta con la ayuda de sus retoños con madurez precoz, su hermana y una empleada doméstica. Cada día tiene sus obstáculos para esta familia, pero el mayor de todos llega cuando recibe la notificación de que tiene unos días para pagar un crédito o perderá la casa familiar. Con el vecino capitán aun haciendo de las suyas. Necesita encontrar las acciones del banco que heredaron de su padre, pero con el despiste que se vive en la casa desde la muerte de su esposa, resulta una tarea imposible. Y allí, en ese momento, la película cambia.

Cambia porque llega ella. No solo Mary Poppins. Llega Emily Blunt. Después de ponerse a la altura del mismísimo Tom Cruise como héroe de acción o hacernos pasar terror en silencio este mismo año, la actriz consigue la hazaña más difícil de su carrera: convertirse en la digna sucesora de Julie Andrews.

Cada momento suyo en pantalla lleva el color añadido de una interpretación perfecta, cuidada e impoluta. No es la misma Mary Poppins de hace cinco décadas, edulcorada y tierna. Esta Mary esconde más de lo que muestra e hipnotiza con cada mirada en el espejo. Recta, disciplinaria y mandona, Mary llega para poner orden y devolver magia e inocencia a todos los Banks. Y a nosotros también.

PL Travers se negó a ceder los derechos de más historias de la niñera a Walt Disney tras quedarse enfadadísima con el resultado de la primera película. Y aunque costó, esta continuación más fiel a los libros finalmente convenció a los herederos que permitieron que Rob Marshall devolviera a la niñera a la vida cinematográfica, con más canciones y más pingüinos.


VEREDICTO: Cuando decía que es una secuela “casi” perfecta es porque seguir los pasos a un clásico eterno como Mary Poppins no iba a ser fácil. Jamás conseguirían superar a una película que marcó a tantas generaciones de cinéfilos, y menos aun con lo crítico que somos hoy en día. Pero sí consiguieron estar a la altura. A pesar de contar con una trama extremadamente sencilla y unos números musicales que pecan de eternos -una de las debilidades de Rob Marshall- la película consigue contagiar la magia de la primera entrega a través de una ñoñería que a priori irrita, pero que termina logrando que sacudamos el cinismo y despertemos aquella imaginación de la original.

PUNTUACIÓN: 7/10


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