La obsesión de Mediaset por meternos telenovelas turcas hasta en la sopa

Teresa Aranguez
·13 min de lectura

Las modas en televisión, como en cualquier otro espacio que se tercie, no son algo nuevo. Cumplen su ciclo e igual que vienen, se van. Nada es para siempre, pero si vende y reporta beneficio hay que sacarle partido. Y ese es el momento exacto en el que nos encontramos con las telenovelas turcas. Atresmedia y Mediaset se han dado cuenta de su tirón en prime time y su oferta no tiene mesura, algo que Telecinco exprime en forma de publicidad constante. La cadena que actualmente emite Love is in the air es capaz de modificar sus contenidos para promoverla hasta la saciedad y llevarnos al hartazgo, como volvieron a hacer durante los cortes publicitarios del Debate de La isla de las tentaciones del pasado lunes.

Una táctica que, a juzgar por mi propia sensación de agotamiento cuando veo las publicidades y las reacciones en redes sociales, está resultando demasiado empalagosa.

Love is in the air (cortesía de Mediaset)
Love is in the air (cortesía de Mediaset)

Hacía casi tres décadas que no se se vivía algo así en el género de las telenovelas. La primera en batir récords y romper moldes allá por los años 90 fue Cristal, la serie venezolana de Delia Fiallo protagonizada por Carlos Mata y Jeannette Rodríguez que paralizó la siesta y el tráfico en Madrid. Su último capítulo en TVE rozó los 18 millones de televisores encendidos. Nadie se quería perder la boda entre Luis Alfredo y Cristina. A ellas le siguieron otros títulos como La dama de Rosa, Abigaíl o Mundo de Fieras, todas con audiencias muy rentables que marcaron una era dorada de la televisión.

El fenómeno que movía masas terminó desinflándose y perdiendo el interés del televidente. Es lo que tiene la explotación y sobreexposición de las cosas, acaba aburriendo. Hoy los conocidos culebrones de Latinoamérica no son la sombra de lo que fueron, al menos en nuestro país. Años después de su memorable éxito y audiencias colosales, parece que tienen un sustituto que sigue sus pasos: las series turcas. Aunque su cuota de pantalla no es ni de cerca lo que fueron sus predecesoras (también había menos canales), se han convertido en todo un reclamo de la caja tonta que tiene a Antena 3 y Telecinco inmersas en una batalla campal por las audiencias.

Todo tiene su explicación. Desde que Antena 3 estrenara con un éxito arrollador la telenovela Mujer en julio de 2020 en horario estelar y alcanzara los casi 3 millones de espectadores con un 20% de share, Telecinco puso a funcionar su maquinaria. Sobre todo después de comprobar que su mayor competencia volvía a repetir pelotazo a finales de año con el estreno de Mi hija, también de producción turca. Con estos dos precedentes y sus excelentes resultados en antena, la cadena de Fuencarral se aventuró con Love is in the air, su nueva niña consentida, y dejó el nicho de Divinity en un plano secundario para probar en el canal principal.

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Telecinco conseguía posicionarse en un lugar muy decente gracias a la serie otomana protagonizada por Hande Erçel y Kerem Bürsin, en los papeles de Eda y Serkan. La historia de amor entre una vendedora de flores y un rico heredero se estrenaba el 11 de enero con nada menos que dos millones de espectadores. Desde entonces la cosa ha ido in crecendo casi con la misma intensidad que los anuncios publicitarios de la serie dentro de la propia cadena. La repetición y el machaque constante de éstos ha llegado a saturar a la audiencia. Si no, que se lo pregunten a los seguidores de La isla de las tentaciones que, hartos de tanto anuncio de la serie, la hacen tendencia en las redes en varias ocasiones, quejándose de los constantes cortes e interrupciones en el programa para promocionarla una y otra vez.

Su afán por darla a conocer daba un paso más allá. Las promociones no se han limitado a los segmentos publicitarios de la cadena y punto, la estrategia ha llegado a límites insospechados. Ojo porque esto es histórico. Tal ha sido la insistencia y promoción interna, que hasta programas de la cadena han hecho un paréntesis en su emisión para dar protagonismo y contenido a esta nueva apuesta. Sin ir más lejos, Viva la vida terminaba una hora antes hace un par de semanas para dar paso a un capítulo de su nueva apuesta, Mi hogar, mi destino. El cabreo de los televidentes por esta decisión fue morrocotudo y así se lo hicieron saber a Telecinco por medio de mensajes poco agradables en las redes sociales.

Sin embargo, mientras tanto banner y spot nos agota la paciencia, Mediaset tampoco consigue superar a la competencia. Sí, Love is in the air tiene buena audiencia pero por más que nos bombardean a base de promos eternas, no han conseguido derrotar a Antena 3. Han estado cerca pero les queda un largo camino por recorrer para alcanzar los tres millones de espectadores de Mujer. La pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué? Podría ser porque llegaron tarde, porque sencillamente Love is in the air no engancha o porque eso de meterla con calzador a todas horas está jugando en su contra.

El lunes 11 de enero Mediaset vestía de gala su parrilla con el estreno anunciado de Love is in the air a bombo y platillo. Se emitió a las 22:00 de forma simultánea por Telecinco, Factoría de Ficción, Divinity y Be Mad, además de ofrecer como aperitivo especial sus dos primeros minutos en Cuatro. La estrategia era buena, pero los resultados no fueron los esperados. Su debut reunió a un 7.3%, lo que equivale a un 1.3 millones de televidentes. Si a eso le sumamos los datos recabados del resto de sus canales esa misma noche, en total alcanzó los 2 millones. No está mal, pero podría haber sido mejor. Antena 3 guardaba un as debajo de la manga en El hormiguero para opacar el estreno de la serie: una entrevista con el siempre polémico Vicente Vallés.

El arranque de Love is in the air no superó a la competencia y eso marcó el comienzo de un machaque brutal de promos y publicidades interminables con el fin de alcanzar sus objetivos. Telecinco recurría a la insistencia y la repetición para ganar audiencia. De hecho, solo en su semana de estreno, la cadena ofreció cinco emisiones seguidas de la serie. A la del lunes, se sumó la del martes, una doble entrega del miércoles y otra el jueves. Un auténtico maratón que terminó con un 8.2% de cuota media y 1.409.000 espectadores. Las cifras empezaban a cuadrar, pero en su afán por superar a Mujer, ya consolidada y con una audiencia fija en Antena 3, Telecinco preparaba el bombardeo al que nos ha sometido durante las semanas posteriores. Nada que ver con el estreno de Mujer en Atresmedia en julio del año anterior. Si bien los datos fueron bastante similares a los de Love is in the air -la serie consiguió un muy decente 12.7% en su primera noche-, la diferencia es que fue líder en su franja horaria, superando a Got talent, que apenas llegó al 10.5%. A Antena 3 no le hizo falta tanto tráiler ni invasión en sus programas para conseguir un dato apetitoso. Quizás esa fue la clave. Esa, y la paciencia.

Si se analiza la evolución de Mujer desde su estreno el pasado verano hasta la actualidad se puede ver claramente su curva ascendente. Lo suyo no fue llegar y besar el santo, ha sido un crecimiento progresivo que ha necesitado de más de medio año para llegar a posicionarse en los primeros puestos. Empezó rozando el 13% y a día de hoy ya supera el 18%. Sin ir más lejos, el pasado 3 de marzo, esta adaptación de la serie japonesa Woman, alcanzó los 2.224.000 millones de televidentes, lo que corresponde a un 18.5% de cuota de pantalla. Todo un bombazo para el género.

Ese dejar fluir sin forzar la máquina ni agobiar con múltiples anuncios es lo que ha permitido que Mujer esté en lo más alto. Lo mejor que podría hacer Telecinco es tomar nota y no hacer uso de tantos videos promocionales que, en la mayoría de las ocasiones, incordian más que aportan. En su empeño por disparar las audiencias en un tiempo récord podría terminar de cargarse un producto que, en sí mismo, es una buena materia prima. Gustar, gusta, y a la vista están las cifras, solo hay que darle su tiempo y huir del empacho.

Tampoco ayuda que ambas series se emitan los mismos días, lunes, martes y miércoles. Sobre todo, teniendo en cuenta que Mujer ya está acomodada con un público fiel que está enganchado a su trama y no tiene intención de cambiar. A pesar de no tener fácil ese pulso con Antena 3, Telecinco no se rinde. Se acerca sigiloso a su rival pero todavía hay una gran distancia entre una y la otra. Mientras Mujer aumenta día a día sin desfallecer ni dar un paso atrás, Love is in the air es mucho más inestable. Tan pronto te hace un 14%, como el pasado 10 de febrero, como de repente desciende a los infiernos con un 10.7% dos semanas después.

Lo que pasa con Mediaset es que no está acostumbrada a que le ganen el terreno. Sus programas suelen ser los más vistos, por eso la llegada al pódium de Mujer le ha descolocado. Por primera vez en mucho tiempo perdía su poderío frente a Antena 3. Según datos de Kantar Media, y para sorpresa de la empresa de Vasile, Atresmedia le arrebataba el liderazgo televisivo el pasado mes de enero con un 27,4% de cuota de pantalla frente a un 26,8%. Una diferencia de apenas 6 décimas que, en gran parte se lo deben a las famosas series turcas. Su gran pelotazo en la cadena 'enemiga' ha tenido mucha culpa de ese cambio de dirección de Telecinco, decidida a subirse al carro en de las telenovelas otomanas.

Sin ir más lejos, el pasado miércoles Mujer marcaba una cuota de pantalla del 19,6% para Antena 3, mientras Love is in the air se conformaba con el 12,9% en Telecinco. Una tendencia de liderazgo constante que explicaría la táctica obsesiva de Mediaset por vendernos publicidad hasta en la sopa. Es decir, la competencia es voraz y la desesperación por el liderato también.

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Esta no es la primera vez ambas cadenas que se enfrentan a este fenómeno. La cosa viene de atrás. Aunque la ola de telenovelas turcas se ha hecho más fuerte en el último año, en realidad el romance del público español con estas series se remonta a enero del 2018, cuando Nova estrenaba su primera historia, Fatmagül. Su estreno rozó los 800 mil espectadores con un 4.1% de share. Así de primeras quizás no parecen unos datos fuera de serie, pero teniendo en cuenta el canal y la amplia oferta televisiva, era un dato muy positivo. La buena acogida llevó consigo la adquisición de 14 títulos más del mismo canal entre las que cabe destacar, Madre y Amor de contrabando, entre otras.

Visto el buen sabor de boca que dejaron en Nova, la hermana pequeña de Telecinco, Divinity, también quiso sumarse a la moda apostando por este género. Así se daba inicio a una carrera sin descanso entre las dos privadas que tres años después sigue más latente que nunca. A la parrilla de Divinity se incorporaron series como Erkenci Kus (Pájaro soñador), Kara Sevda (Amor eterno) o Sühan: venganza y amor, todas con muy buenos números. De alguna manera, estos canales más secundarios fueron el campo de pruebas para testear el producto. Lo que empezó siendo una especie de conejillo de indias, se ha convertido en una apuesta en toda regla para los dos grandes titanes televisivos.

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Han pasado de ser un pasatiempo de la tarde en Nova y Divinity a reinar el prime time de las cadenas generalistas y competir salvajemente por el primer puesto. La pregunta del millón al ser testigos de este éxito arrollador es: ¿y por qué arrasan de esta manera? Razones hay muchas. Una de las más destacadas por los expertos es su fórmula de no acabar con sus protagonistas siendo 'felices y comiendo perdices'. Los elementos más oscuros de estas historias tan poco conocidos por el espectador también es un gancho fuerte. "Los turcos pronto descubrieron que lo que atraía a la gente no era el edulcoramiento de las series americanas, sino que hubiera venganzas, traiciones, adulterios...", explicaba Lorenzo Mejino, experto en ficción internacional y autor de Series para Gourmets del Diario Vasco, al diario ABC. Por otro lado, el hecho de elegir tramas universales con las que todos nos identificamos también logra ese empuje. "Plantean temas éticos y tienes que tomar partido. Son una propuesta muy directa y visceral", continuó.

Y si nos ponemos románticos, podríamos apuntar que los parajes exóticos donde viven sus protagonistas adinerados y la fantasía de estar en ellos, aunque solo sea en la ficción, no pasa desapercibido para el gran público. La típica historia de hombre rico enamora a la chica pobre siempre tiene tirón. "Se graban en espacios naturales, en casas reales, o una lujosa Estambul, y eso produce un sentimiento de cercanía y de riqueza que aporta un soplo de aire fresco al género", explicó al mismo diario Sergio Calderón, director de Divinity.

En España se suma un ingrediente más, y es el atractivo que resulta todo lo exótico y diferente de sus historias, su cultura y sus costumbres. Es un mundo nuevo por descubrir que genera curiosidad. Por no hablar de sus galanes modernos que desatan las pasiones de quienes les siguen. Ahí tenemos el caso de Can Yaman, protagonista de Erkenci Kus, quien tuvo mucha culpa del gran seguimiento de esta historia en Divinity. Nadie, sobre todo ellas, quería perderse sus líos de faldas son su compañera femenina.

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Por último, y no por ello menos importante, es el factor económico. Las series turcas son de bajo coste en comparación con otros contenidos, y están resultando de lo más rentables en una época de producción lenta debido a la pandemia. Esos precios tan asequibles en tiempos de crisis es un hallazgo fabuloso que las cadenas no han dejado pasar. Si las cuentas salen y la cosa resulta fructífera, como es el caso, hay trato seguro.

Por todas estas razones de peso es que Turquía se ha convertido en el segundo país exportador de series, después de Estados Unidos. Lugar, que por cierto, también lleva tiempo emitiendo con muy buena acogida novelas de su mayor competidor. Títulos como Amor prohibido o La hija del embajador despuntan en Univisión ganando terreno, despacio pero sin pausa, a superproducciones de México y Colombia, los reyes del mambo en lo que a telenovelas se refiere.

Las series turcas son el ejemplo de que con perseverancia se pueden romper moldes y llegar a lugares insospechados. No sabemos si han venido para quedarse; de momento, están haciendo las delicias de su público, y ya sabemos que la audiencia casi siempre tiene la razón. Si Telecinco quiere seguir apostando fuerte por este género, lo ideal es que ponga el freno y no nos asedie con tanta publicidad. Cuando el producto es bueno, se vende por sí mismo sin necesidad de tanto ruido, y Antena 3 es la mejor prueba de ello. ¿Nos harán caso?

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