Nos vestimos por encima de nuestras posibilidades (ambientales)

El consumo de prendas de vestir por persona y año se ha disparado en los últimas décadas con la llamada 'fast fashion'. Foto: Getty Image.

Prêt-à-porter: es la expresión francesa que significa textualmente ‘Listo para llevar’. Se refiere a las prendas de moda producidas en serie con patrones que se repiten. Es, por tanto, la moda que, con diferentes calidades y precios, ‘se ve en la calle a diario’.

En la década de los cincuenta se produjo una gran revolución en la moda a nivel internacional. La alta costura, sin llegar a desaparecer, fue poco a poco desplazada por el prêt-à-porter. Se inició un periodo de ‘democratización’ de gran repercusión desde el punto de vista social: las prendas se empezaron a fabricar a gran escala, y la ropa de diseño, bien confeccionada, alcanzó a otros estratos sociales.

Pero esta ‘democratización’ trajo otras consecuencias funestas: el impacto medioambiental que genera es brutal, ya que, para poder producir al ritmo de la demanda, hay que explotar una enorme cantidad de materias primas para crear una ingente cantidad de prendas. De hecho, la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo solo por detrás de la petrolera.

Así contaminas con tu ropa

Y ¿qué pasa con esta ropa que se acumula en los armarios? Que rápido acaba en el cubo de la basura. La consecuencia es que la ropa de usar y tirar se está cargando el planeta: tiramos un 811% más de prendas que en 1960. Esto quiere decir que cada año los vertederos de todo el mundo incineran 12 millones de prendas, cuyas emisiones de dióxido de carbono contribuyen al efecto invernadero y a que la industria textil continúe siendo la más contaminante por detrás del petróleo.

Según datos de la Agencia para la Protección del Medioambiente de Estados Unidos, si en los años sesenta se tiraban 1.760 toneladas de ropa, en muchos caso en un estado lamentable, en el año 2015 la cifra sube hasta las 16.030 toneladas, en muchos casos ropa que prácticamente no se ha usado.

16.030 toneladas de ropa, en muchos casos sin usar, acaba cada año en la basura. Foto: Getty Images.

En la misma línea va el informe de Greenpeace ‘Timeout for fast fashion’, que expone que cada año se producen 100.000 millones de prendas en el mundo, y estas duran la mitad que hace 15 años: personas en el mundo occidental compran un 60% más de ropa que a principios de siglo, pero la vida útil de las prendas se ha reducido.

No es tan fácil como parece

Podría parecer que u una solución es reciclar o donar a países pobres. Con el mejor de los propósitos, millones de personas ofrecen sus ropas usadas a ONG’s a la espera que tengan una segunda oportunidad en el tercer mundo. Pero no siempre es así. Las estadísticas de un estudio realizado por la Universidad de Delaware dicen que 4,3 millones de toneladas de ropa usada se exportaron a países como India o Pakistán. Estos estados no son el destino final, sino que allí se reprocesa y se vuelve a exportar a África. La realidad es que apenas el 30% sirve para volver a ser usado, ya que, debido a la pérdida de calidad de las prendas, el 70% restante se tiene que reciclar o destruir.

Además, países en vías de desarrollo que solían ser receptores de prendas de segunda mano para venderlas en su territorio ya no compran: ahora les sale mejor adquirir ropa nueva importada de China que vestidos o pantalones usados. Por supuesto, tienen todo el derecho del mundo a poder comprar prendas para estrenarlas (a quién no le gusta estrenar algo de vez en cuando), pero lo que hacen es multiplicar el problema.

Al final la clave debe ser la educación y la concienciación. Debemos replantearnos cuanto antes que el futuro depende de nosotros, y que, si nos vestimos por encima de nuestras posibilidades ambientales, nuestras posibilidades de mantenernos como especie se reducirán rápidamente. O nos damos cuenta de una vez de que nuestro modo de vida no es sostenible o el futuro del planeta está sentenciado.

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