No quiero ir de puritana pero a Élite se le va la mano como serie adolescente

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En serio, ¿de qué va Élite? Como espectadora de series desde mis primeros años adolescentes, no creo haber visto nada tan vacío como esta apuesta de Netflix. Debido al fenómeno que rodea a la serie española desde su estreno y ante el lanzamiento de su cuarta temporada, intenté darle una oportunidad.

Y lo confieso, me quedé estupefacta. Y no es que vaya de puritana, pero el absurdo sexual que expone el hilo argumental resulta tan inverosímil como ridículo.

Imagen de Élite (Niete/Netflix © 2020)
Imagen de Élite (Niete/Netflix © 2020)

Si alguien entonces me pregunta de qué va la cuarta temporada de Élite, mi respuesta es simple: sexo a tutiplén entre adolescentes caprichosos sin preocupaciones reales en la vida y con una sed voraz por usar el sexo como válvula de escape para quedarse a cuadros. Eso sí, con modelitos de lo más fashion.

Élite volvió hace unos días a la plataforma de Netflix renovando gran parte de su reparto, con otro misterio de tinte criminal por descifrar pero con el sexo como bandera protagonista. Es decir, en resumen, más de lo mismo aunque con un acentuado vacío dramático para dar prioridad a la exhibición de cuerpos desnudos y actos sexuales que hacen que Cincuenta sombras de Grey sea casi una película Disney.

Sexo en las duchas del colegio… ¿en serio? 

¿Tríos sexuales con secuencias que rozan lo explícito para dirigirse a un público adolescente? ¿Prostitución de lujo juvenil porque la chica protagonista se siente marginada en su familia? ¿Dar prioridad al sexo por sobre todas las cosas, flirteando con deseo desde el primer día de colegio? ¿Cambiar el uniforme escolar con adornos de tipo sadomasoquista? ¿Un príncipe estudiante que coloca cámaras para observar a sus compañeros como una especie de fetiche? Por favor…

Repito, no es que quiera ir de puritana, pero yo también fui adolescente (aunque mi etapa fue de cuento infantil al lado de estos chicos), he visto muchísimas series adolescentes, y lo de Élite me resulta el sinsentido más absurdo para el género y un insulto para el espectador exigente. 

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Comprendo que Élite exprime la conexión con su público adolescente recurriendo a la fórmula de llevar los límites al extremo máximo para, así, darles aquello que no suelen ver con frecuencia en otras series juveniles. Es decir, a cualquier adolescente le provoca curiosidad ver este tipo de secuencias sexuales, y seguramente a mí también me hubiera pasado con esa edad -aunque en mi época nos conformábamos con los besos secos de Sensación de vivir o la inocencia de Al salir de clase, o viendo en secreto películas como Instinto básico. Pero ¿y la profundidad de contenido? Es decir, si vamos a tratar a los adolescentes como espectadores adultos ¿por qué hacerlo con la simpleza de la exageración gráfica?

Élite podría aprender de Euphoria o Sex Education, entre otras, series modernas sobre adolescentes que recurren a la exploración de su identidad sexual, que incluyen el análisis de traumas psicológicos, adicciones, bullying, deseo y descubrimiento del sexo desde ángulos profundos e inteligentes, siendo de las mejores series adolescentes del momento.

El problema con Élite, en mi opinión, es que mezcla tendencias sin tener claro su propósito. Tiene un poco de Gossip Girl con sus modelitos de infarto y una trama vacía en los dramas personales que exprime una exuberante puesta en escena, y otro tanto del boom sexual con la exploración de la identidad de género; pero en el intento la mezcla no tiene un rumbo claro y se queda en eso, en un show visual de cuerpos y sexo con poco que contar.

Y es que aquí, mientras los jóvenes se embriagan de sexo a mansalva, los adultos hacen el ridículo. Diego Martin interpreta al nuevo director del colegio, un CEO que llega para poner orden con una familia formada por adolescentes privilegiados. Pero en lugar de ser un personaje de la vida real, un padre de familia normal con conocimientos educacionales, aquí es el villano porque simplemente hace la vida imposible a los protagonistas con exámenes de última hora o amenaza con la expulsión ante mala conducta. A él se suma una madre con conocimientos del mundo de la prostitución que se pone al nivel de una adolescente caprichosa.

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Todo esto incluso lleva a una pregunta importante sobre la clasificación de edades. En sus inicios, Netflix había catalogado la serie como para mayores de 13 años (vía 20 Minutos), para luego cambiarla para mayores de 16 ante la subida de tono que vivió la historia. Sin embargo, me pregunto si las secuencias sexuales actuales con desnudos que están a un milímetro de ser frontales completos, y el uso de la prostitución como parte de la historia mostrando a una adolescente bisexual manteniendo sexo con un hombre adulto a cambio de unos cuantos billetes de 100 euros, es algo que padres quieran que sus hijos de 16 años vean. Más aún cuando se trata de un fenómeno masivo entre espectadores juveniles con una potencia viral importante. En mi caso, no tengo hijos pero no es algo que quisiera que vean como influencia cultural del momento.

En resumen, en pleno apogeo de series juveniles sobre identidad sexual, Élite saca un desaprobado rotundo. La serie flaquea por culpa de un vacío disfrazado de grafismo sexual que deja en evidencia un fenómeno centrado precisamente en exprimir aquello que los adolescentes no suelen ver en otras series.

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