No discutas con tu pareja cuando use estas 2 palabras en una conversación

Jennifer Delgado
·6 min de lectura
Hay palabras que sanan y palabras que hieren. [Foto: Getty Images]
Hay palabras que sanan y palabras que hieren. [Foto: Getty Images]

Siempre haces lo mismo” o “nunca me escuchas” son reproches frecuentes en las discusiones de pareja. Discrepar forma parte de toda relación. Cuando surgen diferencias y conflictos debemos resolverlos hablando, escuchando, empatizando…

De hecho, ventilar las discrepancias no es negativo. La razón más común del divorcio no son las discusiones sino el distanciamiento emocional y la pérdida de intimidad que hace que las personas dejen de sentirse amadas y apreciadas en la relación, según reveló un estudio.

El problema no son las discusiones, sino que a menudo perdemos la paciencia, nos enfadamos y jugamos sucio usando las palabras como armas para molestar o incluso herir a la otra persona porque el objetivo no es llegar a un entendimiento sino lograr que prevalezca nuestra postura. Existen dos palabras que nos alertan de que la conversación puede haber llegado a ese callejón sin salida.

Lo que esconden las palabras hiperbólicas

La elección de las palabras no es casual, son un reflejo de estados internos. [Foto: Getty Images]
La elección de las palabras no es casual, son un reflejo de estados internos. [Foto: Getty Images]

La elección de las palabras no es casual. Aunque no siempre seamos conscientes de ello, las palabras que utilizamos reflejan de una u otra manera nuestros estados internos. Por eso, usar palabras hiperbólicas como “siempre” o “nunca” suele indicar que emociones como la rabia, el enojo y/o la frustración han tomado el mando. Recurrir a los extremos suele ser un indicador de que no estamos pensando con claridad.

En otros casos, las generalizaciones desmedidas son un recurso lingüístico para reforzar nuestro mensaje y acentuar determinadas preocupaciones. Es decir, nuestra pareja puede recurrir a palabras que tienen una gran resonancia emocional, como “siempre” y “nunca”, para llamar nuestra atención sobre su reclamo. Es consciente de que su discurso es exagerado, pero recurre a esa figura retórica para resaltar su punto de vista.

En cualquier caso, estas palabras suelen ser la expresión de una profunda frustración y la incapacidad para comunicar determinadas necesidades insatisfechas de manera más asertiva, por lo que suelen ser un indicativo de que la conversación no ha tomado un buen rumbo y es probable que descarrile en cualquier momento.

El doble daño que causan los reproches categóricos

“La palabra una vez hablada, vuela y no torna” - Horacio [Foto: Getty Images]
“La palabra una vez hablada, vuela y no torna” - Horacio [Foto: Getty Images]

La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha”, dijo Michel de Montaigne. Realizar afirmaciones extremas en medio de una discusión suele tener un efecto muy negativo en quien las escucha.

Cuando escuchamos reproches inapelables en términos absolutos como “siempre llegas tarde” o “nunca me ayudas” podemos sentir que nos están atacando injustamente. Palabras como “siempre” o “nunca” rara vez encierran algo de verdad y no suelen ser un reflejo fidedigno de la realidad. Por eso pueden generar una respuesta emocional muy intensa.

No obstante, si reaccionamos poniéndonos a la defensiva, será la receta perfecta para el desastre porque cada quien se atrincherará en su posición mientras se rompen los puentes del entendimiento. Esa resistencia es contraproducente y generalmente solo sirve para escalar el conflicto.

Sin embargo, esas frases lapidarias no siempre generan una reacción defensiva. A veces simplemente nos noquean y paralizan. Recriminaciones como “nunca haces nada bien” o “siempre huyes de tus responsabilidades” suelen generar una sensación de culpa en la que podemos quedarnos atrapados.

Introyectamos de manera inconsciente la imagen que nuestra pareja tiene de nosotros y asumimos que no podemos hacer nada para cambiar. Esa actitud resignada no solo generará problemas de autoestima y lacerará nuestra autoconfianza, sino que terminará replicando el conflicto a lo largo del tiempo, encerrándonos en un bucle cuyo final es la separación.

¿Qué podemos hacer?

“Hay palabras que suben como el humo y otras que caen como la lluvia” - Marie de Rabutin-Chantal [Foto: Getty Images]
“Hay palabras que suben como el humo y otras que caen como la lluvia” - Marie de Rabutin-Chantal [Foto: Getty Images]

Cuando somos destinatarios de acusaciones absolutas que en realidad son medias verdades, lo primero que debemos hacer es reprimir el impulso de responder atacando a nuestra pareja porque de esa manera la discusión degenerará rápidamente.

Debemos recordar que cuando estamos muy enojados simplemente no somos capaces de adoptar un punto de vista opuesto y respondemos de manera más estereotipada. Un estudio realizado en la Universidad de California reveló que cuando estamos enfadados culpamos mucho más a los demás y les infringimos castigos más severos. Y cuanto mayor sea esa ira, más culpa depositaremos en el otro y más radical se volverá nuestro discurso.

Por tanto, si notamos que nuestra pareja está muy enojada o frustrada, lo mejor suele ser postergar el tema para otro momento en el que ambos podamos pensar con mayor claridad y hablar desde una postura más empática.

- Comenzar por un acto de sinceridad y validación

Las palabras “siempre” o “nunca” en una discusión de pareja son simplemente un indicador de alarma que nos anima a hacer una pausa. Sin embargo, en vez de descartarlas como fruto del despecho o la ira, es importante preguntarnos cuánta verdad encierran esas afirmaciones. Quizá podría ser cierto que “casi siempre” nos comportamos de determinada manera o que “prácticamente nunca” hacemos algo.

Por tanto, nuestra respuesta a esas palabras debe pasar por la validación emocional. No es necesario que estemos completamente de acuerdo con todo lo que ha dicho, pero transmitir el mensaje de que entendemos la demanda puede ser suficiente para lograr que nuestra pareja recobre la calma.

De hecho, psicólogos de la Universidad de Harvard explican que cuando las personas se frustran o enfadan no solo se muestran más sesgadas en las discusiones sino que se aferran con uñas y dientes a sus argumentos. Brindar validación y buscar puntos en común es una manera para desactivar esa actitud defensiva y abrir paso al diálogo constructivo.

- Buscar el significado oculto y enterrar el hacha de guerra

Aunque las afirmaciones de nuestra pareja nos suenen exageradas, es probable que las esté usando para enmascarar una demanda aún no expresada. Si nuestra pareja nos dice “nunca me escuchas”, por ejemplo, lo que está diciendo realmente es que siente que no es lo suficientemente importante para nosotros y quiere que cuidemos más la relación.

Los reproches categóricos que comienzan con un “nunca” o un “siempre” pueden ser una alerta que nos señale que existe una necesidad importante insatisfecha a la que debemos prestar atención.

Por eso es importante escuchar realmente a nuestra pareja, no con el ánimo de encontrar los puntos débiles en su discurso para contraatacar y erigirnos como vencedores, sino para ir más allá de las palabras y los hechos. Para ello, no debemos interpretar sus palabras al pie de la letra, sino intentar entender el sentimiento y la necesidad que las motiva. Si lo logramos, la relación podrá seguir creciendo y consolidándose.

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