El niño lama español: "La felicidad de los demás no es mi responsabilidad"

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Osel, el niño lama españolHBO Max

Serielizados Fest ha sido el marco elegido para presentar 'Osel', una docuserie de cuatro episodios en la que Lucas Figueroa cuenta la historia de Osel Hita. Conocido como “el niño Lama español” por todo el planeta, fue reconocido por el Dalai Lama como la reencarnación de un maestro budista. Al profesar su familia el budismo, fue trasladado de la Alpujarra a la India para su entronización y formación. Si estos datos ya merecen por sí mismos, como poco, un documental, lo que viene a continuación merece sin duda una docuserie como la que ahora podemos ver en HBO Max: al cumplir la mayoría de edad, Osel cambió el monasterio por las discotecas ibicencas. La película protagonizada por Keanu Reeves en los años 90, 'Pequeño Buda' (si no sabes de qué hablamos, felicidades: ¡eres muy joven!), se inspiró en su caso.

¿Por qué ha decidido romper su silencio? “Hasta ahora he hecho mi viaje interno, de descubrimiento y de conexión conmigo mismo. No me parecía necesario tener que compartir eso con nadie. Como ya he hecho este proceso, creo que es buen momento para contar la historia, sacar las cosas a la luz y dar a conocer todo para unir a esa gente que se dividió a raíz de lo sucedido, porque muchos no estuvieron de acuerdo. Lucas está haciendo gran labor de unificar a esta gente a través de una historia bonita y mensaje positivo”, explica.

En ese viaje de descubrimiento… ¿Se ha encontrado a sí mismo? “No sé si lo haré en esta vida, pero sí me he encontrado más que antes. Ahora se puede decir que estoy en un punto en el que me siento más persona. La pertenencia siempre ha sido importante para mí, siempre he querido ser funcional dentro de un grupo, y al final me he dado cuenta de que dentro de mí existe ya este grupo, porque yo pertenezco conmigo. Ahora que tengo una familia, ese círculo se ha cerrado. Mi hijo, la madre de mi hijo y mi perra son mi familia, y hacemos piña pase lo que pase. Es lo que me da la sensación de que he hecho algo bien en mi vida”.

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OselHBO Max

A su lado Figueroa comenta que la historia le apasionó al descubrirla gracias al libro de la madre de Osel. Asegura que todavía queda mucho por contar. Tanto, que la serie tendrá segunda temporada. “La complejidad de la docuserie era cómo abarcar una historia compleja y con tantos elementos de conflicto sin tener un juicio de opinión. Me gusta el espectador inteligente, y quiero que sea el que se plantee ese juicio”, asegura.

Al ver los cuatro capítulos, es complicado comprender en ocasiones a los familiares de Osel, que no dudaron en dejar al niño en un monasterio en el que no podía juntarse con los demás y en el que estudiaba hasta 18 horas al día. Sin embargo, el rencor no entra en su vocabulario. “El rencor no sirve de nada, porque esa energía la tengo que canalizar yo. Por lo tanto, ¿de qué me sirve canalizar algo que me hace daño? Hay que amarse a uno mismo para poder amar a los demás. Yo prefiero tener una vibración de amor y felicidad que a la gente de alrededor le haga sentirse bien”, asegura.

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Osel HBO Max

No ha de ser fácil haber crecido en un monasterio y ver cómo ahora la gente medita mediante aplicaciones o viendo episodios de Netflix como Headspace… ¿O sí? “El Mindspace, en un par de años, ha llegado a valer un nueve de billones de dólares, y eso lo podía haber creado yo. Sin embargo, está muy comercializado, y a mí no me interesa comercializar la meditación. Comercializar algo que es una herramienta universal muy importante es como coger un lugar precioso y construir a lo loco, como se ha hecho en Benidorm. Cuando escucho “mindfulness” me horrorizo, porque no es un concepto correcto. La meditación no es mindfulness. La meditación real es comprender el potencial de la mente, conocer lo que somos", dice Osel.

"Se están mezclando cosas y al final la gente paga y cree estar meditando, pero eso es un ejercicio básico para calmar tu mente. Aunque no lo encuentro ético, si se tiene que comercializar para que se ponga de moda y así se obtiene algo bueno, me parece correcto. Pero creo que la intención ha de ser ayudar a los demás, no ganar dinero. Yo no voy a dar clase de meditación o una charla a cambio de un salario”, asegura.

 

La pregunta obligada es si realmente cree ser el elegido. “Me da igual si soy

la reencarnación del lama Yesh, pero si lo creo es porque el Dalai Lama es mi maestro, y si lo dice él, no voy a decir que no me lo creo. Tengo mucha fe. Si lo ha dicho es por algo, tiene que haber una lógica detrás y hay muchas historias que lo confirman. A la larga tampoco es que me importe: soy quien estoy siendo e intento mejorar cada día. He tenido muchas oportunidades, pero las he aprovechado por la actitud que he tenido. Sin cierta actitud, cualquier oportunidad no te sirve de nada. A mi hijo no le podrían haber hecho Lama, porque es un rebelde", dice con emoción.

"La diferencia es que yo quería que la gente fuera feliz y veía que podía ayudar estudiando, esforzándome y sacrificándome. Luego me di cuenta de que la felicidad de los demás no es mi responsabilidad. Que cada uno que se ocupe de sus problemas y de su felicidad. Me esforzaba mucho y me sacrificaba para que la gente fuerza feliz, hasta que me di cuenta de que la gente nunca iba a estar satisfecha, porque siempre quiere más. El problema era realmente que cada uno no se estaba ocupando de sí mismo, y fue entonces cuando me cambiaron los esquemas”, reconoce.

Hace tres años fundó Global Tree Initiative, una organización mundial que planta árboles, y planea montar ecoaldeas y en el futuro, orfanatos. La felicidad de los demás puede no ser su responsabilidad, pero sin duda sigue luchando por aportar algo a la sociedad bien sea desde Ibiza, desde un monasterio o desde la Alpujarra.

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