‘Yo nunca’, la serie adolescente de Netflix que hace reír desafiando los estereotipos

Yo nunca (Never Have I Ever) se estrenó en Netflix el 27 de abril y desde entonces se ha convertido en uno de los títulos más vistos de la plataforma -actualmente está en el tercer puesto del top de series- y más comentados en redes sociales. La serie creada por Mindy Kaling (The Office, The Mindy Project) se une a una lista creciente de programas de corte adolescente con los que Netflix está mostrando el rango y la diversidad que puede alcanzar un género tan aparentemente limitado.

'Yo nunca' (Lara Solanki/Netflix)

El gigante del streaming se ha especializado en series y películas teen con las que ha encontrado una mina de oro. Las hay de todo tipo, dramas como Por trece razones o Élite, comedias como Sex Education, Atípico y Derry Girls, fantásticas como Las escalofriantes aventuras de Sabrina, Esta mierda me supera o The Society, inclasificables como The End of the F***ing World… Y por supuesto también películas, con el fenómeno A todos los chicos de los que me enamoré o la reciente Conquista a medias entre sus éxitos.

Yo nunca es una serie semi-autobiográfica basada en las experiencias de su creadora, Mindy Kaling, cuyo paso por la popular sitcom The Office le sirvió para impulsar una carrera como actriz, productora y guionista. En los últimos años ha desarrollado la serie The Mindy Project, que duró cuatro temporadas en emisión, ha aparecido en películas como Ocean’s 8, Un pliegue en el tiempo y Late Night (esta última también escrita por ella) y es la voz en inglés de Asco en Del revés de Pixar. Recientemente también la hemos visto en la serie de Apple TV+ The Morning Show junto a Jennifer Aniston y Reese Witherspoon. 

La voz y el estilo de Kaling son inmediatamente reconocibles en Yo nunca, que como la mayoría de sus creaciones, bebe directamente de la comedia romántica y el cine adolescente. La serie gira en torno a Devi Vishwakumar (Maitreyi Ramakrishnan), una chica indio-estadounidense de primera generación de hijos de inmigrantes que, tras un año traumático marcado por la muerte de su padre y una inexplicable parálisis que la deja varios meses en silla de ruedas, decide cambiar su estatus social y hacerse popular por todos los medios. Claro que no lo tendrá fácil. Su reputación no la precede, y sus amigas, la tímida nerd Fabiola (Lee Rodriguez) y la excéntrica aspirante a actriz Eleanor (Ramona Young) tampoco son el colmo de la popularidad.

Devi es una chica competitiva y académicamente brillante que sueña con ingresar en una universidad de élite, pero está en esa edad (15 años) en la que la presión social y las hormonas lo revolucionan todo. Está completamente colada por el chico más popular y atlético del instituto, Paxton Hall-Yoshida (Darren Barnet), quien por caprichos del destino ha acabado en su clase después de repetir curso. Decidida a ascender en la escala social de la secundaria y sin nada que perder, Devi se lanza a proponerle mantener sexo con ella sin ataduras, y aunque este acepta, finalmente ella se echa para atrás. Sin embargo, el rumor de que Devi y Paxton se han acostado se extiende por el instituto, y ella no hace nada por pararlo, lo que la meterá en más de un lío y condicionará su relación con Paxton, además de poner en peligro su amistad con Fabiola y Eleanor, a las que deja de lado por estar demasiado absorta en sus propios problemas.

Pero no sería una comedia romántica sin un buen triángulo amoroso. Además de Paxton, hay otro chico en la vida de Devi. Se trata de Ben (Jaren Lewison), su principal rival académico. La relación entre ambos está basada en la tensión y la competitividad por tener el mejor expediente, pero sus circunstancias acaban acercándolos, haciendo que Devi se dé cuenta de que Ben no es tan mala persona después de todo. Con este típico argumento de las comedias románticas, Kaling nos propone el clásico juego: ¿Team Paxton o Team Ben? ¿Con quién debería acabar Devi? El debate está servido.

Por otro lado, Yo nunca también explora la vida familiar de Devi, marcada por el trauma de la muerte de su padre (Sendhil Ramamurthy, al que vemos en flashbacks o fantasías de la protagonista) y el carácter estricto y tradicional de su madre (Poorna Jagannathan). Aunque ella quiere ser una adolescente moderna norteamericana normal, su madre se empeña en mantenerla unida a su cultura, inculcándole las costumbres indias para que no olvide sus raíces y tratando de alejarla de los “vicios” de la vida adolescente en Norteamérica, especialmente de los chicos. Esto da lugar a una muy interesante reflexión sobre el conflicto tradición vs. modernidad, del que Kaling sabe mucho.

Con ellas vive la prima de Devi, Kamala (Richa Moorjani), que se encuentra en Estados Unidos acabando su doctorado. Ella también se divide entre dos vidas, un futuro profesional y romántico en el que llevar sus propias riendas o un matrimonio concertado. Con Yo nunca, Kaling nos habla del choque cultural y generacional que viven los hijos de inmigrantes en Estados Unidos, especialmente las mujeres, abordando estos temas con mucha agudeza y sentido del humor.

'Yo nunca' (Lara Solanki/Netflix)

UN NARRADOR ATÍPICO, REPRESENTACIÓN Y SÍNDROME 90210

Una de las particularidades más llamativas de Yo nunca es su narrador. La serie no está contada en primera persona por Devi, sino por el famoso tenista John McEnroe. Una decisión extraña, sí, pero que como él mismo nos explica en el primer capítulo, tiene su razón de ser. La voz de McEnroe y sus simpáticos comentarios, a menudo plagados de referencias deportivas que desorientarán humorísticamente a los no aficionados al tenis, es una de las mayores ocurrencias de una serie consistentemente divertida e ingeniosa (y atención, porque hay otra personalidad conocida narrando otro episodio, pero no desvelaré quién es para preservar la sorpresa).

Yo nunca puede recordar a series familiares como Black-ish, Recién llegados o Los Goldberg, solo que al estar en una plataforma de streaming como Netflix se puede permitir ser más atrevida que si se emitiera en la televisión en abierto tradicional, donde la censura limita mucho. Con su particular sentido del humor, pero también con adecuadas dosis de drama, Kaling saca comedia de la situaciones más embarazosas y nos habla de temas importantes como las relaciones entre padres e hijos, el choque cultural y generacional, la pérdida y el trauma, los estereotipos sociales en el instituto, la salud mental, salir del armario, la importancia de preservar tus raíces o la presión académica.

A través del personaje de Devi, Kaling canaliza sus frustraciones como adolescente, sus preocupaciones y también sus obsesiones. Devi es como la versión adolescente de Mindy Lahiri, la protagonista de The Mindy Project, una chica con buen corazón que a veces no se controla y puede llegar a ser bastante superficial y egoísta. Es decir, una adolescente real, en este caso además condicionada por una pérdida a la que todavía no se ha enfrentado. Ramakrishnan personifica a la perfección esta dualidad, convirtiéndose gracias a su carismática interpretación y su talento para la comedia en toda una revelación. La actriz fue elegida entre más de 15.000 aspirantes que participaron en una convocatoria abierta a través de las redes sociales, y Yo nunca es su primer trabajo como actriz. Sin duda, es uno de los descubrimientos del año.

Yo nunca sigue las normas de las historias coming-of-age y las comedias románticas que tanto le gustan a Kaling, pero a la vez le da la vuelta a los estereotipos de varias formas. En primer lugar centrándose en una familia de origen indio, una minoría muy poco representada en televisión más allá del ocasional conductor de taxi o dependiente de supermercado, y en segundo lugar, con una adolescente académicamente destacada que no es la típica empollona tímida y retraída, sino una chica muy decidida y sin pelos en la lengua que está obsesionada con los chicos y el sexo, y a la vez también es muy vulnerable. Devi es tremendamente imperfecta y se equivoca muy a menudo, algo con lo que es muy fácil identificarse, lo que demuestra que la representación en televisión no tiene que ser perfecta, sino real.

El único problema de Yo nunca es quizá la diferencia de edad real que hay entre los actores. En la serie, Devi tiene 15 años y supuestamente se lleva solo uno con Paxton, pero en la vida real, los actores se llevan once. Barnet tiene 29 (y los aparenta, cuando no más) y Ramakrishnan solo 18. El actor que interpreta a Ben, por el contrario, tiene 20 años, lo que ha hecho que muchos espectadores se decanten por el Team Ben. Lo cierto es que contratar a actores cerca de la treintena para interpretar a adolescentes en televisión es algo muy común. Es el Síndrome Sensación de vivir (o Al salir de clase, si preferís una referencia española). Incluso la propia serie hace referencia al tema bromeando sobre los actores de Riverdale: “¿Esos son de secundaria? Los actores son mayores que mamá”. Pero aun así, no deja de llamar la atención.

Dejando esta polémica a un lado, Yo nunca tiene una estupenda primera temporada. Diez episodios muy graciosos y entrañables que se ven en un abrir y cerrar de ojos. El reparto es excelente y su química es indudable, tanto la que existe entre los actores jóvenes como la de Ramakrishnan con su familia (a destacar la madre, genial, y el padre, que muchos reconocerán como Mohinder de Héroes). La serie rebosa alma y encanto, está llena de diálogos ocurrentes y situaciones hilarantes que demuestran el fantástico pulso de Kaling para la comedia y, además, su contribución a la diversidad en televisión es valiosa, con alta representación asiática y afroamericana, una actriz con síndrome de Down y personajes queer.

Lara Solanki/Netflix

Yo nunca es un serie muy americana, muy adolescente y muy universal. No es nada que no hayamos visto ya muchas veces, pero aporta una perspectiva diferente, la de la cultura hindú a través de una chica que nunca se ha sentido muy identificada con ella. Kaling ha hecho una serie ligera, fresca, inteligente que sigue la tradición de la comedia romántica y el cine adolescente heredero de John Hughes, pero a la vez lo actualiza para traerlo al siglo XXI y llevárselo a su terreno personal. El resultado es una comedia divertida y adictiva que se ve con facilidad y deja con ganas de más. Una nueva prueba de que Netflix ha encontrado la fórmula ganadora de las series adolescentes.

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