La decepción de 'Valeria' en Netflix

Valeria Martínez
·7 min de lectura

Los libros siguen siendo una de las fuentes de inspiración más recurrentes del mundo de las series. Juego de Tronos, Big Little Lies, El cuento de la criada y Unorthodox son apenas un pequeño ejemplo de las muchas ofertas que tenemos disponibles en servicios streaming. Y la más reciente es Valeria, la adaptacion de las novelas de Elisabet Benavent que se estrenó el pasado viernes en Netflix y en cuestión de tres días es lo más visto de la plataforma. A pesar de que, sí lectores, es muy mala.

La curiosidad por ver a la Sexo en Nueva York “a la española” y la ferviente pasión de los lectores que devoraron los libros auguraban el posible éxito de Valeria. Sin embargo, su calidad dramática deja mucho que desear aunque sea la propuesta más vista del fin de semana, lo que me lleva a la pregunta: ¿el aburrimiento provocado por la cuarentena nos ha hecho adictos a verlo todo? ¿O estamos a falta de más series románticas? Porque si es así, Netflix puede ir tomando nota.

Cortesía de Netflix
Cortesía de Netflix

En resumidas cuentas, Valeria (la serie que de la novela hablamos más abajo), nos presenta la historia de una escritora en crisis (interpretada por Diana Gómez), tanto en su vida profesional al sentirse bloqueada mientras escribe su primera novela, y en la personal con su marido. La pasión se ha esfumado de su vida en general, y poco a poco somos testigos de su despertar a través del apoyo de sus amigas y de la llegada de un amante. Tres mejores amigas que son Lola (Silma López), Carmen (Paula Malia) y Nerea (Terea Riott), todas muy distintas, pero cortadas con la misma tijera de los clichés. Juntas hablan de sexo, de sus miedos, inseguridades, celos, secretos, trabajo y un largo etcétera. En teoría representando a las amigas del mundo, pero en la práctica quedándose corta en hacernos sentir identificadas de forma genuina.

Lo de Valeria es de esos fenómenos extraños que pasan de vez en cuando. Está arrasando en Netflix, pero en Twitter la están poniendo a caldo. Los fans de las novelas de Elisabet Benavent están que trinan con la falta de fidelidad -aunque tanto la autora como la productora habían avisado que sería una adaptación libre- y con la baja calidad de la trama, mientras a otros que no somos fans de la saga literaria nos ha costado horrores terminarla. En mi caso, solo pude terminar sus ocho capítulos saltándome escenas y viendo las más relevantes de la protagonista. Lo reconozco: sus personajes me resultan irritantes. Más que sentirme representada por este grupo de cuatro mujeres con historias supuestamente individuales, sacaron a la escéptica que llevo dentro con sus conversaciones e inseguridades telenovelescas. Es cierto que las mujeres hablamos de sexo, que nos reímos del mundo y sufrimos de baja autoestima de vez en cuando, pero convertirlo en los clichés de turno para crear personajes es una vía dramática bastante vaga.

Vaga. Esa es la palabra. Valeria es una serie que recurre a los rincones más habituales en la creación de personajes con referentes más que evidentes: las cuatro protagonistas de Sexo en Nueva York (la sexual, la romántica, la escritora que parece lograr vivir del cuento sin el mero esfuerzo -imposible en la vida real- y la insegura en la piel de una chica lesbiana que no parece tener solidez alguna en la historia), junto al amante conquistador a lo Cincuenta sombras de Grey en la figura de Maxi Iglesias. De esta manera la tensión sexual ocupa la primera plana de la historia, dejando la trama personal de su protagonista en un segundo plano. No nos equivoquemos, la serie quiere vendernos que las relaciones entre las cuatro amigas son lo primordial, pero es una fachada. Al final, solo queremos ver a Maxi Iglesias en acción porque son las únicas secuencias que aportan “vidilla” a la trama.

Lo cierto es que a la Valeria de la serie no hay quien la entienda. Se supone que debería provocarnos simpatía con su inseguridad, sus meteduras de pata, sus mensajes de voz y sus miedos cuando la pasión sexual (con otro) se cuela en su vida de casada, pero a cambio tenemos un personaje que roza el absurdo con situaciones poco creíbles. Esta joven que ha ganado un concurso que le permite escribir su primera novela dice que sufre el síndrome del impostor y está bloqueada. Comprensible en teoría, pero ¿y el entusiasmo por tener la posibilidad única de tener vía directa con una editorial cuando no tiene trabajo? ¿Dónde están las ideas de una mujer que soñó con ser escritora? ¿O cómo puede vivir en un piso amplio en un barrio del centro de Madrid cuando su marido también tiene problemas laborales y solo le quedan 100 euros en la cuenta? Hay cosas que no cuadran. Mientras que el resto de protagonistas femeninas mantienen conversaciones de aparente empoderamiento femenino, de confesiones, inseguridades y secretos, a estas alturas ya no resulta original. Con el movimiento #MeToo ya acomodado en la industria del entretenimiento, son muchas las tramas que nos trajeron mensajes similares y en diferentes tonos y temáticas.

El ranking de Netflix nos dice que Valeria esta triunfando, pero las opiniones volcadas en redes sociales coindicen con mi experiencia e incluso van más allá. “Decepción” parece ser la palabra más recurrente como adjetivo acompañante del título en Twitter.

Hacer cambios en adaptaciones basadas en libros exitosos siempre es un riesgo que tiene dos salidas: o funciona o no. Nunca suele haber un punto intermedio cuando hay pasión fan en juego. Y si bien ya sabíamos que habría modificaciones aprobadas por la propia autora que ejerció de asesora creativa del proyecto, parece que de nada sirvio la advertencia porque el resultado ha provocado el rechazo rotundo entre los amantes de las novelas. Básicamente, la serie ha cambiado las tramas y personajes de la primera entrega, En los zapatos de Valeria, provocando un rechazo aparentemente generalizado. Han cambiado la relevancia de algunos personajes y suprimido elementos de la trama, como la infidelidad del marido de Valeria, cambiando por completo la perspectiva que tiene el lector/seriéfilo de él, o incluso de ella y sus motivaciones para ser infiel. O el transformar a Nerea dándole otra profesión y condición sexual. En la serie es lesbiana e introvertida, y en la novela es exigente en busca del príncipe azul. Mientras que lo del bloqueo de Valeria tiene más sentido en la novela ya que ocurre cuando se dispone a escribir su segundo libro. En resumen, el mensaje de autocrecimiento y superación, así como la importancia del vínculo femenino entre amigas, está presente, pero llegando a sus definiciones por derroteros diferentes.

En resumen, Valeria es una serie poco ambiciosa cuando tenía un material mucho más apetitoso como fuente original. Veremos qué pasa si hacen segunda temporada.

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