Netflix demuestra con su última apuesta coreana que hay otras formas de explotar un reality show de parejas

·5 min de lectura

La moda por las series llegadas desde Corea del Sur tan solo acaba de comenzar. El fenómeno de El juego del calamar ha abierto el mercado de par en par, con la industria del cine y plataformas en general abriendo oficinas por aquellos lados, comprando contenido y produciendo a mansalva. Y si bien Netflix no deja de estrenar producciones coreanas desde el éxito de la serie de supervivencia (hace poco llegó Rumbo al infierno), ahora nos sorprende con Infierno para solteros, un reality show surcoreano que bien podría definir como una de las sorpresas más inesperadas del género este año

Se trata de un programa del amor que a primera vista podríamos colocar bajo la misma categoría de La isla de las tentaciones, Jugando con fuego, El amor es ciego o Amor con fianza, simplemente por compartir el denominador común de centrar la idea en la búsqueda del amor, secretos y tentación en una playa paradisíaca. Sin embargo, Infierno para solteros bucea en el mismo océano pero por su cuenta, al demostrarnos que existen otras formas de explotar el género sin agotarnos en el intento.

Cartel de Infierno para solteros (Netflix)
Cartel de Infierno para solteros (Netflix)

Netflix lanzó dos episodios de Infierno para solteros el pasado 18 de diciembre, estrenando los seis capítulos restantes de manera semanal, cada sábado. Como apuntaba previamente, si vemos las imágenes promocionales en la plataforma, fácilmente podemos caer en el juicio premeditado de creer que se trata de una versión más “a la isla de las tentaciones”. Pero nada más lejos de la realidad.

El concurso reúne a cinco solteros y cuatro solteras en una isla desierta, deben convivir y compartir tareas como la cocina o la búsqueda de agua potable, mientras realizan pruebas para ganar citas y se van conociendo poco a poco. Sin embargo, no pueden decir ni a qué se dedican ni la edad de cada uno. De esta manera, si se gustan o se enamoran no sería por interés o prejuicios de la edad. Una vez superadas las primeras impresiones deben decir al programa quién les gusta, y si se forma una pareja tienen el privilegio de abandonar la isla (a la que llaman infierno) y pasar una noche a solas en un hotel de lujo (el paraíso). Allí pueden confesar su edad, a qué se dedican, siendo un secreto que solo puede quedar entre ambos. No obstante, al día siguiente vuelven a la isla donde se repetirá el proceso de elegir pareja en secreto y no todos coincidirán con la misma persona que eligieron la primera vez, dando lugar a celos, traiciones, etc.

El primer capítulo nos invita a descubrir el formato, a los concursantes a medida que van llegando a la isla y las primeras impresiones de cada uno, mientras cuatro presentadores o tertulianos debaten y comentan lo que va sucediendo. Es decir, cada episodio se divide en bloques: vemos lo que sucede en la isla y a continuación los tertulianos comentan, y vuelta a empezar. De esta manera van hilando la narrativa. En el segundo episodio la cosa se pone más interesante, con una primera prueba de supervivencia por ganar una cita mientras vamos conociendo las primeras atracciones y parejas que van al paraíso.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un post de Instagram no disponible por tus preferencias de privacidad

Lo más llamativo de este reality es que no está diseñado para llamar la atención a golpe de estrategias, fiestas para provocar momentos impactantes o dar lugar a que los concursantes manipulen el juego para dar qué hablar. Los dejan libres en la playa mientras las cámaras captan momentos vergonzosos entre aquellos que buscan acercarse o cruzar miradas con alguien que les gusta, o entablar conversaciones que permitan conocerse un poco más desde un primer acercamiento dado que, en realidad, todavía no se conocen. Vemos cómo cada personalidad se muestra de una manera muy natural gracias a un formato que no fuerza situaciones extremas, sino que los deja ser ellos mismos al no darles ninguna herramienta con la que jugar ante las cámaras.

Esa naturalidad la vemos, por ejemplo, cuando deben dejarse cartas anónimas en buzones personales confesando quién le gusta a cada uno. Vemos sonrisas vergonzosas que transmiten ternura al descubrir que tienen un admirador, así como la decepción irremediable de aquellos que no recibieron ninguna. Lo mismo cuando eligen pareja para ir al Paraíso con decepcionados y elegidos por igual.

Todos los concursantes representan perfiles diferentes, desde el más vergonzoso al más frío en demostrar sus sentimientos, al más romántico o competitivo. Y si bien todos son atractivos y comienzan el concurso con la superficialidad natural de la primera impresión, el formato les permite conocerse mejor fidelizando su propuesta de búsqueda del amor en ocho días, dejándolos ser tal y como son, sin forzar situaciones ni estrategias que manipulen el juego, como es el caso de los otros formatos mencionados: con tentadores buscando protagonismo en La isla de las tentaciones, fama para quien más rompa las normas en Jugando con fuego o un detector de mentiras que ponga relaciones patas arriba en Amor con fianza.

Además, Infierno para solteros sirve como apertura cultural para espectadores occidentales, plasmando detalles de la cultura surcoreana muy interesantes. Como la costumbre de hablar del tipo sanguíneo como si fueran los signos del zodíaco, así como ver la naturalidad con que hablan de los colores de piel como una característica que se incluye dentro del “prototipo” que suele gustar de una persona (así como los occidentales solemos hacer, por ejemplo, con el color de los ojos o cabello). Vemos cómo las mujeres se tapan la boca al comer o sonreír delante de los hombres simplemente porque, en la cultura asiática, es de buenos modales no mostrar los dientes al reír. Y, en resumen, todos transmiten respeto, cordialidad y una competencia sana porque el formato así está diseñado.

Es decir, el programa no fuerza estrategias para provocar el morbo, momentos sexuales o discordias para la cámara, sino que los deja libres siendo ellos mismos, con su vergüenza o autoestima, y también manera de conquistar, haciendo que el propósito sea encontrar dos personas que se gusten sin necesidad de ir más lejos. De esta manera, Infierno para solteros se erige como un reality de parejas diferente, con un tono más amable e inocente, demostrando que existen otras formas de explotar un subgénero que comenzaba a estar saturado.

Más historias que te pueden interesar:

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

EN VIDEO: Netflix ya confirmó una segunda temporada para 'El juego del calamar'.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente