Netflix tiene un problema con 'El caso Wanninkhof-Carabantes'

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No todo vale a la hora de exprimir el género true crime y prueba de ello es la nueva apuesta de Netflix, El caso Wanninkhof-Carabantes. Me encanta el género y suelo devorar cada estreno disponible, pero tras haber visto infinidad de apuestas magníficas esta película documental se queda corta. Y no hablo de duración (dura poco menos de hora y media), sino de la argumentación repetitiva que presenta, haciendo una crónica que no aporta nada nuevo sobre un caso que removió las entrañas sociales y judiciales de España.

El resto del mundo seguramente descubrirá un caso impactante y desconocido para ellos, sin embargo, la película comete el error de olvidarse del espectador español que vivió la historia muy de cerca hace unos 20 años.

Imagen de El caso Wanninkhof - Carabantes, cortesía de Netflix
Imagen de El caso Wanninkhof - Carabantes, cortesía de Netflix

Dirigida por Tania Ballo, El caso Wanninkhof-Carabantes sirve como una crónica que comienza con el asesinato de Rocío Wanninkhof en Mijas en 1999, la investigación policial y la condena social y judicial contra Dolores Vázquez, la expareja de la madre de la joven que pasó 17 meses en prisión por un crimen que no cometió. Luego, salta en el tiempo al año 2003 para exponer el asesinato de Sonia Carabantes, llegando así al arresto del asesino de ambas, Tony Alexander King, gracias a las pruebas forenses que consiguieron en este segundo crimen. Un hombre con antecedentes de agresiones sexuales buscado por la Interpol que llevaba varios años asentado en el sur de España. De esta manera, la película también expone la injusticia cometida contra Dolores Vázquez, recurriendo a imágenes de archivo de programas de televisión y prensa que evidencian la influencia mediática de los medios en su condena, así como la deuda pendiente que tiene la sociedad y la justicia con ella.

Y si bien El caso Wanninkhof-Carabantes ofrece una crónica que repasa cada punto importante del sumario mediático del caso, no es más que eso: un resumen. A diferencia de otras series o documentales del género, no sirve para aportar nuevos detalles, ni tampoco ahonda en el análisis sobre lo vivido por Dolores Vázquez: lo expone pero no profundiza en una crítica rotunda, y deja que la información llegue al espectador para que cada uno saque sus propias conclusiones.

Pero el problema es que la información ya la conocemos de sobra.

De esta manera, el documental no hace más que refrescar la memoria al espectador español haciendo un repaso de un caso que impactó a la sociedad por aquellos años, pero sin dejar claro cuál es su propósito final. Y es que al terminar de verlo no pude evitar preguntarme: ¿de qué sirve remover la herida para solo exponer un resumen cronológico? El caso ya lo conocía, los detalles también, así como la injusticia cometida contra Dolores Vázquez. Y tan solo pude llegar a una conclusión: que no está pensada para el público español como apuesta del género true crime, sino que seguramente logre causar sensación en otros territorios alimentando la oferta del género en otros países.

Por ejemplo, en los últimos años vimos varias apuestas españolas que sí aportaron esa cuota de originalidad que exige un buen true crime. El caso Alcàsser abrió la herida social sobre el fallo que cometieron los medios por entonces, convirtiendo la cobertura del caso en un circo mediático que afectó directamente a las familias y la investigación. Nevenka sirvió para cuestionar los prejuicios machistas arraigados en la sociedad, dejando entrever el sufrimiento que padeció una víctima de acoso sexual hasta el punto de verse obligada a abandonar el país. O El estado contra Pablo Ibar, una serie documental de HBO que si bien no termina por dejarnos nada claro en cuanto a la culpabilidad del español en la condena que cumple en EEUU, aporta un resumen exhaustivo de un caso complicado y con muchos matices a lo largo de los años.

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A su vez, si observamos otras apuestas internacionales encontramos casos desconocidos por el público, incluso en EEUU, que sirvieron para darlos a conocer consiguiendo la dosis de impacto necesaria, como fueron las grandiosas The Keepers, The staircase o The confession killer. Las tres también son crónicas de casos criminales pero, a diferencia de El caso Wanninkhof-Carabantes, no forman parte de la memoria social de un país.

Podría comparar El caso Wanninkhof-Carabantes con otras historias de Netflix como fueron Carmel ¿quién mató a María Marta? o El caso Watts: El padre homicida. El primero, estrenado en noviembre de 2020, tampoco aportaba nada nuevo a un asesinato misterioso que sacudió a la sociedad argentina y que todavía, 19 años después, sigue sin resolverse. Exponía el caso, presentaba la investigación pero no llegaba a ningún puerto definitivo haciendo que, para el espectador argentino, no fuera ni original ni revelador. El segundo apoyó toda la crónica del asesinato múltiple de una madre embarazada y sus dos hijas cometido por un padre, en la originalidad de recurrir a las filmaciones policiales para resumir efectivamente todo el caso. Pero este también fue un crimen que ocupó muchas horas de televisión en EEUU y tampoco añadía nada nuevo al relato. Ambos fueron contenidos que calaban más hondo en el espectador internacional gracias al impacto de sus terribles historias, y lo mismo pasa con El caso Wanninkhof-Carabantes.

Solo hay que hacer un repaso a los titulares dedicados al documental español para verificar mi teoría. “Robusto” (Decider), “debes verlo” (Entertainment Daily), “impactante” (Independent) son algunas de las definiciones dedicadas a la película en otros territorios. Y no es que El caso Wanninkhof-Carabantes sea un documental malo, la presentación de la crónica es exhaustiva y expone todos los puntos más importantes que hicieron que estos asesinatos removieran tanto a la sociedad, pero en su ejecución se olvida del espectador español. Ese que vivió el terremoto mediático, que absorbió cientos de horas de televisión, el que hizo su propio juicio paralelo influenciado por la información disponible. Ese que ya lo vivió en su propia casa y que, de verse impactado por la historia necesita de una dosis extra de revelación, aporte u originalidad.

Y me atrevería a decir que se trata de más de media España.

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