La falta de imparcialidad en 'The Crown' queda en evidencia al coronar al príncipe Carlos como villano de turno

Valeria Martínez
·8 min de lectura

Tremenda chapuza le está haciendo The Crown al príncipe Carlos, por definirlo de alguna manera. La cuarta temporada de la serie sobre la familia real británica entra de lleno en el complicado fascículo de Diana de Gales y a lo largo de sus diez episodios no se corta ni un pelo en victimizar a la princesa de corazones y convertir a su marido en un villano egoísta sin escrúpulos.

Justo cuando el paso del tiempo había logrado que el pueblo británico aceptara su matrimonio con Camilla Parker-Bowles de una vez por todas, llega la serie de Netflix para hurgar en la herida del pasado.

Des Willie; Netflix
Des Willie; Netflix

La nueva temporada estrenada el pasado domingo está arrasando como de costumbre (y como era de esperarse ante la llegada de Lady Di a la historia) y aunque relata diferentes momentos del reinado de Isabel II desde 1979 a 1990, los espectadores solo pueden hablar de una cosa: la maldad de Carlos y la inocencia de Diana.

Reconozco que nunca fui fan de la serie. Sus primeras dos temporadas me parecieron más telenovelas de ficción que una historia basada en la realidad, pero confieso que con la tercera me conquistó un poco más. Irónicamente por el reflejo humano que le daban a la figura del príncipe Carlos, un príncipe vapuleado por la prensa y los tabloides al que mostraban como un joven inseguro y con sueños artísticos, atascado en el rol que le llega de nacimiento como heredero al trono. Un hombre sumido en la tristeza de tener su destino decidido desde el nacimiento, viviendo con la presión constante del escrutinio familiar, público y personal de estar obligado a seguir los pasos de una reina con un legado histórico. Y de golpe llega la cuarta temporada ¡y pumba! Los roles cambian de forma radical convirtiéndolo en un villano romántico de mucho cuidado.

Esto se debe a que al introducir su relación con Lady Di la serie se expande en todas las vertientes que esto conlleva: el affaire del príncipe con Camilla, las infidelidades consecuentes de Diana, los intentos de la princesa por salvar el matrimonio y el rechazo de la familia real por ayudarla. Y en el camino hacen una división clara de intenciones: Diana es la princesa inocente engañada y Carlos es un hombre quejoso y caprichoso que solo sabe verse su propio ombligo.

A lo largo de los nuevos episodios, vemos a un Carlos fastidioso que humilla a Diana constantemente y minimiza sus actos de cariño. Vemos las supuestas discusiones y los celos de Carlos al ver que su esposa es adorada por todo el mundo robándole el protagonismo. O lo que es peor, lo vemos resentido al temer que si revela públicamente su amor por Camilla entonces su amada se convertiría en villana y Diana en mártir. Vemos un hombre al acecho buscando el error perfecto que le ayude a convencer a su madre para que le permita divorciarse, y a un esposo hipócrita que se queja todo el tiempo y no hace nada para conseguir el cambio, mientras Diana aparece bajo la luz de la empatía, la honestidad y la inmadurez de su edad.

Es por eso que en esta ocasión The Crown es menos imparcial que nunca. Es como si al contar con Lady Di la serie no tuviera más remedio que tomar partido, centrándose en la infidelidad de Carlos como el artífice de la creación de un monstruo egoísta y caprichoso, responsable del sufrimiento de la inocente princesa. Es decir, en lugar de contar los hechos de forma imparcial, la serie explota el legado de Diana elevándola a protagonista estelar, ensalzando su inocencia, sufrimiento e incluso supervivencia mientras persigue a Carlos con una nube gris constante.

Y de esta manera The Crown ha conseguido meterse al público en el bolsillo. O al menos logra cautivar aún más todavía, convenciendo a su público de que en esta historia hay un villano claro y una sola heroína.

Sin embargo, no todo pasó como lo muestra la serie. Y es aquí donde tengo mis dudas sobre las intenciones detrás de la cuarta temporada. ¿Cuánto hay de realidad y cuánto puede haber de interés por aprovechar el tirón de contar la historia de una figura tan emblemática como Diana? Y para explicarme mejor paso a dar ejemplos.

La serie muestra el momento en que al anunciar el compromiso la prensa les pregunta si están enamorados. Diana respondía con un “sí, por supuesto” mientras Carlos añadía “o lo que signifique estar enamorados”. El rostro de confusión de la joven novia fue idéntico en la vida real, sin embargo la serie omite decir que poco después el príncipe lo arregló en un periódico al decir: “Me siento positivamente encantado y francamente sorprendido de que Di esté preparada para aceptarme" (The Guardian).

La serie incluso da entender que el romance entre Carlos y Camilla nunca cesó. Que se casó enamorado de su ex y siguió viéndola. Sin embargo, la serie omite que según la biografía autorizada del príncipe él comenzó el romance a finales de 1986, cinco años después de la boda con Diana y del nacimiento de sus dos hijos.

Los allegados a la familia real ya han comenzado a expresar las opiniones que circulan en el palacio, y tanto ellos como biógrafos oficiales han tachado a la serie de tomarse licencias para representar la historia de manera falsa. Es más, sugieren que Netflix debería colocar una advertencia que especifique que se trata de una obra de ficción en donde los parecidos con personas de la vida real son mera coincidencia.

La temporada menciona las infidelidades de Diana e insinúa que la bulimia sufrida nace a raíz de la soledad y presión ejercida por su nueva vida junto a una familia real. Incluso hay un momento de la serie que no sé cómo todavía no ha despertado cierto escándalo. En el último episodio, cuando el príncipe Felipe habla con Diana sobre el asunto, la joven esposa le confirma que está pensando en el divorcio pero el marido de la reina le dice que no se lo recomienda porque “no puedo ver que termine bien para ti”, a lo que ella le responde “espero que no sea una amenaza”. Una frase que juega con la ambigüedad y que podría alimentar a los amantes de teorías conspiratorias que siguen creyendo que la familia real tuvo algo que ver con su muerte.

Des Willie; Netflix
Des Willie; Netflix

En resumen, la cuarta temporada hace que todos aquellos que recordamos los tabloides, noticias y titulares que protagonizó la pareja a lo largo de los 90s vivamos un déjà vu colectivo pero con la gran diferencia de que en lugar de contarnos rumores, comparte los entresijos de la relación como si fueran la verdad absoluta. Y si lo es, solo sus verdaderos protagonistas lo saben.

Por momentos la serie intenta humanizar al príncipe Carlos como un ser atrapado en un amor imposible, pero es al ensalzar su egoísmo, capricho y clasismo como personaje de ficción que elevan a Diana como víctima de una familia fría y calculadora. Es decir, si la intención de la serie era explotar el legado de Diana de Gales como la princesa de corazones, lo consigue con creces. El problema es que en el camino hunde al príncipe Carlos agrandando su rol como villano de turno. Si tenemos en cuenta que la serie no parte de una biografía autorizada y que evidentemente hay ciertas licencias creativas ¿es justo para él que el mundo vuelva a señalarlo de villano cuando el paso del tiempo había sanado la herida pública? ¿Y es justo para Diana recordarla como víctima? Pues para encontrar tu propia respuesta te recomiendo que veas el documental Diana: in her own words, donde ella misma cuenta su historia. Está disponible en Netflix.

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