Cómo ‘Sweet Tooth’ refleja la pandemia de Covid y sus consecuencias

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Últimamente, engancharse a una serie de Netflix puede ser un deporte de riesgo. Con tantas cancelaciones prematuras (la última y más sorprendente Jupiter’s Legacy después de una temporada), uno se lo tiene que pensar dos veces antes de empezar una historia que tiene muchas posibilidades de quedarse a medias. Pero con Sweet Tooth: El niño ciervo simplemente no me pude resistir. ¿Fantasía y aventura postapocalíptica con aire al cine de Spielberg? No me digas más.

Como bien indica su nombre, Sweet Tooth es una serie bastante dulce y entrañable, pero también tiene un lado oscuro y aborda un tema que puede provocar a más de uno flashes de guerra -de una que todavía estamos librando. Y es que la serie transcurre diez años después de una pandemia que ha arrasado la Tierra y su forma de narrar la expansión del virus y sus consecuencias, aunque arraigada en la fantasía y la ciencia ficción, nos recuerda escalofriantemente a la experiencia con el Covid-19.

'Sweet Tooth: El niño ciervo' (crédito: Kirsty Griffin/Netflix © 2021)
'Sweet Tooth: El niño ciervo' (crédito: Kirsty Griffin/Netflix © 2021)

Pero primero, un poco de contexto. Sweet Tooth se basa en el cómic homónimo de Jeff Lemire, publicado bajo el sello Vértigo de DC Comics, y está creada por Jim Micke (Somos lo que somos) y Beth Schwartz (Arrow), con Robert Downey Jr. y su mujer, Susan Downey, como productores ejecutivos a través de su compañía Team Downey. Desde su estreno el pasado 4 de junio, la serie está conquistando a la audiencia y en el momento de escribir este artículo se sitúa en el primer puesto de los títulos más vistos de Netflix.

Sweet Tooth se ambienta en una Norteamérica postapocalíptica devastada por una misteriosa pandemia. Diez años antes, El Gran Infortunio (The Great Crumble) causaba estragos en todo el mundo, expandiendo de forma rápida y letal un virus que acababa con la vida de un gran porcentaje de la humanidad. Coincidiendo con El Gran Infortunio tiene lugar además la extraña aparición de bebés híbridos de humano y animal, pero se desconoce si una cosa ha provocado la otra, llevando a muchos humanos a temer y cazar a los híbridos por pura ignorancia.

La historia se centra en Gus (Christian Convery), un pequeño e inocente niño-ciervo -con físico de humano pero orejas y cornamenta de animal- que se esconde en el bosque junto a su padre (Will Forte). Cuando el niño se ve de repente solo, tendrá que poner en práctica todo lo que le ha enseñado su padre para sobrevivir en un mundo que lo ha convertido en una presa en potencia para los humanos. Para ello contará con la ayuda de dos nuevos amigos, el gruñón Jepperd (Nonso Anozie), que apoda a Gus con el sobrenombre de Goloso (Sweet Tooth) por su gusto por los dulces, y Oso (Stefania LaVie Owen), líder de una tribu dedicada a proteger a los híbridos. Juntos emprenden una aventura a través de una Norteamérica en ruinas y desolada por el virus.

'Sweet Tooth: El niño ciervo' (cortesía de Netflix)
'Sweet Tooth: El niño ciervo' (cortesía de Netflix)

Aunque la serie se basa en un cómic que comenzó su andadura en 2009, es imposible no establecer evidentes paralelismos entre su historia y lo que hemos vivido en el mundo en el último año y medio. Si bien el argumento principal ya estaba escrito, con la pandemia de Covid-19 cambiando nuestras vidas por completo, la historiad de Gus adquiere nueva dimensión al convertirse en algo familiar para el espectador, que puede identificar en ella las etapas de la pandemia y sus efectos en la sociedad.

Paralelamente a la aventura de Gus en el bosque, la serie nos muestra el inicio de la pandemia, su expansión y su impacto, tanto en los humanos como en la naturaleza, con el Dr. Aditya Singh (Adeel Akhtar) luchando desesperadamente por encontrar una cura para la enfermedad, que ha infectado a su mujer, Rani (Aliza Vellani). A través de los personajes podemos ver todas las fases de la pandemia reflejada en la historia. El pánico inicial, la acumulación de provisiones, el confinamiento y la necesidad de ocupar el tiempo extra que de repente tenemos, las mascarillas, la desinformación que se extiende con tanta rapidez como el virus, el derrumbe de la sociedad y la idea de que, ante esta crisis de los humanos, la naturaleza reclama lo que es suyo y vuelve a ocupar el lugar que le corresponde.

Como en los primeros meses de la pandemia de Covid-19, en la serie vemos cómo los animales salen de sus escondrijos (o se escapan de los zoológicos), mientras el ser humano se desmorona. Además de su mensaje ecológico, en ella también vemos reflejada una cuestión muy presente actualmente en nuestras vidas: ¿Nos hace la adversidad común mejores o peores personas? Al comienzo de la pandemia éramos optimistas, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que no, de esta no salimos mejores, sino más bien todo lo contrario. Y esa idea la podemos ver plasmada en la serie, donde muchos de los supervivientes se han convertido en auténticos monstruos, alimentados por la paranoia y la desinformación.

Está claro que todos estos elementos son habituales en el cine distópico y de catástrofes; además de que, como ya hemos señalado, la serie se basa en un cómic de hace más de una década. Pero aun sabiendo esto, es inevitable pensar en cómo la pandemia real reformula, inconscientemente o no, la historia de Gus para hacerla más cercana a nuestra experiencia, incluso aunque su naturaleza mágica y fantástica la separe de la realidad. Pensándolo bien, es lógico que durante la pandemia hayamos comparado tanto lo que ha ocurrido en la vida real con el cine. Lo que estamos viviendo nos resulta familiar porque lo hemos visto muchas veces en pantalla y nos provoca déjà vu. Es decir, nunca tuvimos tan claro que la realidad supera a la ficción, e incluso a veces a la ciencia ficción.

La crisis del Covid-19 afectó a Sweet Tooth como a tantas otras producciones audiovisuales. La serie, originalmente producida para Hulu, filmó su piloto en Nueva Zelanda en 2019, pero tuvo que aplazar el rodaje del resto de la temporada, continuando la escritura de sus guiones a través de sesiones de Zoom a partir de marzo de 2020, para posteriormente reanudar la producción en octubre ya para Netflix. Una prueba de la fe de la plataforma en esta ficción es el hecho de que, habiendo grabado solo un episodio, se quedase con ella, mientras cancelaba otras series previamente renovadas como The Society, Esta mierda me supera y Glow, todas ellas canceladas por la pandemia.

Viéndola puedo entender por qué Netflix no tiró la toalla; algo que, por otro lado, seguramente le facilitó la mejor situación del Covid en Nueva Zelanda. Tiene todos los ingredientes para conquistar a todo tipo de audiencias. Siguiendo la estela del cine de Steven Spielberg -con un toque de Donde viven los monstruos y La carretera-, Sweet Tooth conjuga aventura, fantasía, drama y humor en un cóctel para todos los públicos, con elementos atractivos para los más jóvenes (es recomendada para mayores de 12 años), algunas de las criaturas más adorables que se han visto recientemente en televisión y un trasfondo de thriller de ciencia ficción adulto que puede enganchar a los mayores. Como en Stranger Things, el equilibrio entre ambas facetas está bien logrado y, aunque a veces el tono sea inconsistente, funciona a las mil maravillas como fábula y entretenimiento escapista con corazón.

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Por un lado, la serie nos ofrece una visión pesimista y crítica, mostrándonos cómo el orden social se desintegra, así como el proceso del mundo volviendo a su estado natural antes de que la humanidad empezase a destruirlo (“Antes del virus, la Tierra se moría. Los humanos, los adultos la destruyeron con su egoísmo y nos dejaron sin nada”, dice Oso en un momento muy significativo de la serie). Pero por otro lado, también contiene grandes cantidades de ternura, imaginación y buenas intenciones que suavizan las sombras del relato.

En un mundo en plena transformación por una pandemia (y ahora estoy hablando tanto de la serie como de la realidad), Sweet Tooth es un cuento que trata de encontrar la luz en la oscuridad de una situación catastrófica. A través de Gus y su aventura, la serie nos lanza un mensaje de lucha contra la ignorancia, la discriminación y el miedo que provoca no saber a lo que nos enfrentamos, subrayando la importancia de la solidaridad y la bondad en un mundo que, por momentos, se ha olvidado de su propia humanidad. En otras palabras, Sweet Tooth nos hace un poco más dulce en Apocalipsis.

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