Netflix nos engancha otra vez con 'Emily in París', a pesar de ser bastante malilla

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Emily in Paris ha desembarcado en Netflix hace unos días, los suficientes para confirmar que la plataforma ha dado en la tecla correcta entre su público. Y es que esta ficción de 10 episodios protagonizada por Lilly Collins se encuentra entre lo más visto del catálogo. De hecho, a la hora de escribir este artículo ocupa el segundo puesto de los 10 títulos más populares del servicio en España. Su tono simpático y manido ha recibido un sí rotundo entre los suscriptores.

Sin embargo, nos encontramos frente a otra comedia romántica un tanto malilla (pero en serie) y de contenido hecho con la holgazanería habitual del género que demuestra una vez más que sigue siendo el token de la suerte de este gigante del entretenimiento. Y es que no es la primera vez que pasa, ahí tenemos Amor garantizado que se convirtió en uno de los fenómenos de Netflix el pasado mes de septiembre, o Work It en agosto. Título de esos que cumplen su función de entretenernos un rato pero que olvidamos en un tris tras.

Emily en París (Stephanie Branchu/Netflix)
Emily en París (Stephanie Branchu/Netflix)

Nadie puede negar que en Emily in Paris los clichés de género pululan por todos lados, al igual que la ñoñería irrealista y los escenarios de cuento (con París, la ciudad del amor, la magia de sus calles y el sabor de sus restaurantes como telón de fondo de la historia). Pero todos estos elementos, sumados a las constantes referencias a la moda, consiguen captar cierta atención y han convertido a la nueva producción de Darren Star, el creador de Sexo en Nueva York, en el guilty pleasure de turno.

El lanzamiento de Emily in Paris era uno de los estrenos más esperados de este mes de octubre en Netflix. Las expectativas estaban por las nubes teniendo en cuenta que esta producción propia de la plataforma tenía el sello de Darren Star, el prolífico productor que se encuentra detrás del éxito de series míticas como Sensación de vivir (Beverly Hills, 90210), Melrose Place, Sexo en Nueva York y Younger. Sin embargo, una vez devorados los diez episodios de esta primera temporada seguro que más de un espectador se ha sentido un tanto estafado, ya que los personajes no se sienten tan entrañables ni la historia resulta tan divertida como la liderada por Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) allá por 1998. Parece más bien una serie desempolvada de otra era en donde los clichés eran más perdonables, que una propuesta adaptada a nuestro tiempo. Es más, las tramas de tono moderno con mensajes de feminismo e independencia parecen forzadas con calzador.

Pero tampoco es un bluf como tal. Emily in Paris engancha y eso que tiene mucho más de Gossip Girl que de Sexo en Nueva York la cual se estrenó en un momento muy concreto (en la segunda ola de feminismo en la década de los noventa). Sí que es cierto que las dos protagonistas -tanto Emily como Carrie- tienen una gran pasión por la moda, que las ciudades donde se sitúan los personajes son emblemas del diseño y que Patricia Field (la vestuarista de El diablo viste de Prada y la profesional que convirtió a Sarah Jessica Parker en un icono) también forma parte de este proyecto. Pero poco más para los que estamos acostumbrados a que cada cierto tiempo surja una producción que promete ser la digna sucesora de la historia basada en el libro de Candace Bushnell. Son dos títulos muy diferentes en el fondo.

Emily en París (Roger Do Minh/Netflix)
Emily en París (Roger Do Minh/Netflix)

La nueva candidata narra la historia de Emily, una chica estadounidense de origen humilde que se muda a la capital francesa para trabajar en una firma de marketing dedicada a realizar campañas para marcas de lujo. Sin hablar una pizca de francés se topa con unos compañeros que no la reciben con los brazos abiertos y con una ciudad de costumbres muy diferentes. Durante 10 episodios los espectadores acompañamos a la protagonista de Chicago en este gran cambio profesional, convirtiéndose en una influencer por relatar su experiencia en la ciudad del Sena a través de su perfil de Instagram. Y todo esto mientras descubrimos sus nuevas relaciones de amistad y romance marcadas por numerosos choques culturales entre europeos y americanos que, todo sea dicho, chirrían al estar introducidos a golpe de tópicos pasados de moda.

Emily in Paris estaba posiblemente destinada a ser un éxito, especialmente entre el público juvenil, pero podía haber dado mucho más de sí. Los capítulos son sugerentes para los amantes de la moda, el lujo y los relatos románticos, pero la historia se queda en la superficie recurriendo otra vez a todos los tópicos posibles y a un escenario sumamente explotado como es ese París de postal y de glamur que se convierte en un personaje más para alimentar la vista de los suscriptores.

La propuesta tiene su parte de encanto porque, si leemos entre líneas, Emily in Paris ofrece también una mirada a los desafíos de la madurez, hablándonos de la capacidad del ser humano para reaccionar a experiencias inesperadas sin perder la autoestima en el intento. Dicho de otro modo, esta serie va sobre crecimiento personal pero su mensaje se queda a medias al estar tan adornado con personajes coloridos, exagerados y una irrealidad que aflora en cada esquina. Y prueba de ello es que a juzgar por los comentarios que podemos encontrar en Twitter, la gran mayoría se ha quedado con esa idea de comedia amable y, sobre todo, romántica (con parte del montaje centrándose en el personaje encarnado por el guapísimo Lucas Bravo) en la que resulta todo muy previsible.

El problema es que Emily in París repite los mismos elementos clásicos del género aparcando por completo cualquier toque de originalidad (el hecho de sentir un déjà vu instantáneo con Gossip Girl ya nos da la pauta). Chica se muda a ciudad nueva. Chica conoce a chico. Chico tiene novia. Novia es su amiga. París es perfecto pero los franceses no. Allí todos toman vino y los croissants son riquísimos. La jefa es malísima. Pero chica feminista triunfa. En resumen, es una serie hecha para su público, ese que devora una y otra vez éxitos del streaming como Mi primer beso o A todos los chicos de los que me enamoré. Aquí, los estilazos de la Emily en cuestión no son precisamente un ejemplo de realidad, como tampoco que su cantidad de ropa, chaquetas y zapatos puedan caber en su piso diminuto. Sin embargo, más allá de todo lo inverosímil que le rodea, Emily in París tiene su punto y las 5 horas de su primera temporada pasan volando.

Emily in Paris llega en plena pandemia y quizás aquí reside parte de su triunfo. Eso y que hablamos de un género que siempre triunfa en Netflix. Porque a pesar de no ser la serie más original del momento, su puesta en escena, sus coloridos vestuarios y esa ñoñería única de este tipo de título la convierten en un producto de escapismo que llega en el momento justo para captar a su público. Ahora que vivimos con tanta oscuridad e incertidumbre Emily y su aventura en París logran evadirnos de la realidad ofreciéndonos una sonrisa fácil, aunque en el fondo sepamos que es muy malilla.

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