Netflix rescata la historia de un italiano que fue a juicio por ayudar a adictos a la heroína atándolos con cadenas

Valeria Martínez
·7 min de lectura

¿Todo vale a la hora de ayudar a un ser humano a toda costa? Es una de las preguntas que plantea SanPa: Pecados de un salvador, la primera serie documental italiana de Netflix que nos remonta en el tiempo para contarnos una historia tan polémica como insólita. A lo largo de cinco episodios nos presenta la figura de uno de los hombres más populares en la cultura italiana de los años 80s, Vincenzo Muccioli (y no lo digo yo, lo dicen los italianos de la época). Un personaje carismático, estrafalario y polémico que en 1978 fundó una comunidad para ayudar a miles de adictos a la heroína, la de San Patrignano, a las afueras de Rímini al nordeste de Italia.

Sin embargo, sus métodos alejados de la psiquiatría, medicina o psicología lo llevaron a ser adorado por el pueblo, pero cuestionado por la ley hasta el punto de ser el protagonista de juicios mediáticos que tuvieron a su país en vilo durante varios años.

Cartel de SanPa: Pecados de un salvador (Netflix)
Cartel de SanPa: Pecados de un salvador (Netflix)

La serie nos cuenta como, al igual que otros países, Italia también vivió la llamada epidemia de los 70s con un gobierno y sistema sanitario que no estaba preparado para lidiar con las miles de personas adictas a la heroína. La internación hospitalaria o prisión eran las únicas escapatorias momentáneas, que no soluciones a largo plazo, hasta que un desconocido llamado Vincenzo Muccioli utilizó la granja heredada por su esposa para fundar un lugar que recibiría con los brazos abiertos a los adictos que buscaran ayuda. Y gratis.

Pero la contención, la alimentación y el hospedaje sí tenían un precio: había que seguir sus normas, incluyendo cumplir con el compromiso de quedarse allí todo el tiempo que él creyera necesario. En algunos casos, años. Si alguien escapaba, el propio Muccioli lo iba a buscar y lo traía de regreso. Según él, porque eran como sus hijos y él cumplía el rol de padre estricto que quería ayudarlos a enderezar el camino. El problema es que para conseguirlo abofeteaba, encerraba y encadenaba el tiempo y las veces que hiciera falta.

Así lo muestra la serie a través de imágenes de archivo, declaraciones del propio personaje y entrevistas con exadictos que pasaron años en la comunidad a lo largo de los 80, la década que supuso el auge definitivo con una expansión que la hizo completamente autosuficiente. Les hablo de industrias propias, todo tipo de maquinaria y hasta un hospital. Todo esto gracias a las donaciones de personajes importantes, sobre todo del magnate del petróleo Gian Marco Moratti y su esposa, expresidenta de la RAI y exalcaldesa de Milán, Letizia Moratti. Según cuenta uno de los implicados en la serie habrían donado un total de 286 millones de euros.

Poco a poco, San Patrignano se convirtió en el refugio de aquellos que veían este lugar como el paraíso para la recuperación de una adicción que los consumía a todos, adictos y familiares. Sin embargo, uno de los adictos que logró escapar reveló la situación inhumana que había vivido, atado con cadenas durante días en una habitación diminuta, sacando a la luz la otra cara de este lugar.

Las acusaciones de secuestro y tratamiento degradante llevaron a Muccioli a ser el protagonista de un juicio mediático que lo hizo aún más popular. Los medios se volcaron de lleno en él, en perseguirlo y entrevistarle, haciendo crecer su imagen omnipotente ante el apoyo incondicional del pueblo. Para Italia, este hombre era un salvador que estaba ayudando a personas y familias cuando el gobierno no lo hacía, y la justicia estaba impidiendo su labor. No importaban las bofetadas, los encierros o las cadenas, para ellos era una manera válida de ayudar a los drogodependientes durante los días de abstinencia cuando ellos, padres, madres y hermanos, ya no sabían qué hacer.

Muccioli fue absuelto de los cargos en un segundo juicio, pero aquella comuna siguió rodeada de sombras grises. El lugar creció a pasos agigantados e incluso se hizo cargo de recibir a muchos adictos infectados con el recién llegado virus del VIH, llegando a sumar un 67% de internos infectados.

San Patrignano creció tanto que Muccioli comenzó a delegar en jefes de grupos que replicaban su mano dura y sin supervisión alguna (o al menos así lo muestra la serie). Incluso las normas se hicieron más estrictas, se prohibían los romances internos y todas las cartas eran leídas y revisadas antes de salir del lugar para evitar que surgieran historias que oscurecieran la imagen del centro. A pesar de haber superado el primer juicio, el hombre nunca dejó de estar en el punto de mira de la justicia, la prensa y la medicina. La serie muestra infinidad de declaraciones que hablan de dos suicidios sospechosos, acusaciones de vejaciones y maltratos, de supuestas violaciones y palizas. Mientras que la justicia volvió a centrarse en él cuando se supo que un cuerpo encontrado en Nápoles había sido asesinado en la carnicería de San Patrignano y trasladado 600 kilómetros para que pareciera un trabajo de la mafia.

Lo más insólito de todo es que el propio Muccioli confesó ser conocedor de lo sucedido guardando secreto para proteger su creación, convirtiéndose de nuevo en el protagonista de otro juicio más mediático que el anterior.

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Muccioli era un personaje cuanto menos curioso, un amante de la parapsicología y esoterismo con pinta de charlatán que de la noche a la mañana se convirtió en el padre que los adictos estaban buscando. Un tipo que los obligaba a vivir bajo sus reglas a cambio de ayudarlos a superar el problema. A priori, la idea de reglas tiene sentido, después de todo así funcionan los centros de rehabilitación, siguiendo ciertas normas y la disciplina que impone el lugar como medio ordenado para conseguir el propósito. Sin embargo los métodos de Muccioli nos hacen arquear la ceja. Evidentemente estas personas necesitaban orden y disciplina para luchar contra la adicción y son cientos los que apoyan sus métodos -incluso las cadenas y bofetadas- dado que aseguran que de otra manera no habrían logrado superar su problema. Para ellos, y su familia, este hombre fue su salvador. No obstante, existe una reflexión que hace un exadicto que cuestiona la validez de los métodos en general según las necesidades de cada persona.

SanPa: Pecados de un salvador es una serie documental fascinante que respira clichés italianos por los cuatro costados. En mi caso me recordó mucho a otra de las magníficas docuseries de Netflix, Wild wild country, que relata la historia de la comunidad religiosa de Rajneeshpuram que durante unos años estuvo asentada en el Condado de Wasco, en Oregón (EE.UU.), desarrollando sus propios métodos de coerción, corrupción y violencia.

Vincenzo Muccioli no fue un gurú, pero casi. Su don de palabra y altanería verbal lo convertían en una figura de muchas contradicciones, sin dejarnos claro si realmente albergaba intenciones violentas como señalan algunos o si simplemente creía en sus métodos para ayudar al prójimo. Porque más allá de sus técnicas, Muccioli sí ayudó a miles de drogodependientes cuando el país no sabía qué hacer con ellos. Era un ilusionista de la comunicación, un santo para muchos y un charlatán violento para otros pero en el camino creó un centro de rehabilitación que todavía sigue funcionando.

Muccioli murió en 1995 de una enfermedad jamás revelada y rodeado de decenas de rumores que hablaban de depresión, SIDA y homosexualidad. Sin embargo, y más allá de los juicios tan polémicos, su legado continúa. San Patrignano sigue atendiendo de manera gratuita a miles de drogodependientes y en el mismo lugar donde fue creado.

SanPa no es una serie imparcial, se nota su intención de explotar la imagen estrafalaria de su protagonista e incluso el propio centro de San Patrignano publicó una nota de prensa citando esto mismo, asegurando que ofrecieron ayuda a la directora para que pudiera pintar una imagen objetiva de todo lo vivido allí, pero que no les hicieron caso. “Prefirieron dejar espacio para un relato unilateral, aparentemente con la intención de satisfacer la demostración forzada de tesis preconcebidas” reza el comunicado. No obstante, SanPa: Pecados de un salvador es una serie documental que atrapa gracias precisamente a ese personaje que tanto critica.

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