‘El diablo a todas horas’, la oscura película de Netflix con la que Tom Holland se separa de Spider-Man

Pedro J. García
·10 min de lectura

PUNTUACIÓN: 74/100

Con los cines cerrados en medio mundo y los grandes estudios retrasando sus estrenos más importantes a causa del Covid-19, no nos queda más remedio que seguir recurriendo a las plataformas de streaming para llenar el vacío. A lo largo del verano, Netflix nos ha dado varios blockbusters de acción con los que suplir la ausencia de superproducciones estivales en salas, y ahora se pone seria con el arranque de la temporada de premios y nos trae una de las películas más esperadas del momento, El diablo a todas horas (The Devil All the Time), intenso drama multigeneracional con un impresionante reparto liderado por Tom Holland en un papel alejado de Spider-Man.

Superando las dos horas de metraje, con una historia dura y difícil de digerir y altas dosis de miseria y pesimismo, El diablo a todas horas no es precisamente la película más adecuada para levantar el espíritu en este momento que vivimos, pero no por eso deja de ser uno de los títulos más destacados y recomendables de este final de verano. Ahora queda saber si caerá en el olvido como la mayoría de películas de Netflix o dejará huella en la memoria cinéfila.

Tom Holland en 'El diablo a todas horas' (Glen Wilson/Netflix © 2020)
Tom Holland en 'El diablo a todas horas' (Glen Wilson/Netflix © 2020)

Dirigida y escrita por Antonio Campos (Afterschool, The Sinner) junto a su hermano Paulo Campos, y producida entre otros por el actor Jake Gyllenhaal, El diablo a todas horas es una adaptación de la aclamada novela homónima de Donald Ray Pollock, drama gótico sureño que abarca más de dos décadas en una desesperanzadora historia de vidas cruzadas, coincidencias y personas marcadas por el dolor, la muerte y la religión.

El relato da comienzo en Ohio durante los años 40. Willard (Bill Skarsgård) vuelve a casa después de luchar en la Segunda Guerra Mundial y forma una familia, pero el trauma del infierno vivido en el campo de batalla lo ha dejado psicológicamente dañado. Aferrado fuertemente a la fe, Willard empieza a desarrollar una devoción exacerbada que le lleva a educar e imprimir la fe en su hijo, Arvin, a base de miedo, sangre y violencia. Tras vivir una infancia horrible, Arvin (Tom Holland), se convierte en un joven reservado y solitario que trata de ser honrado, pero esconde impulsos violentos heredados de su padre. Su vida se entrelazará con la de otras almas perdidas, como un predicador con un repugnante secreto (Robert Pattinson), una pareja de asesinos en serie (Jason Clarke y Riley Keough) y un shérif corrupto (Sebastian Stan), mientras intenta hacer lo correcto y proteger a su hermanastra (Eliza Scanlen) de la malicia, la perversidad y el sufrimiento que los rodea, una tarea que la presencia constante diablo en el lugar le pondrá difícil.

Lo primero que llama la atención de El diablo a todas horas es su atractivo reparto internacional, formado en su mayoría por actores y actrices europeos y australianos interpretando a personajes de la América profunda. Los británicos Tom Holland y Robert Pattinson encabezan un cartel que también cuenta con el sueco Bill Skarsgård, los australianos Jason Clarke, Eliza Scanlen y Mia Wasikowska, el inglés Harry Melling (Dudley Dursley en la saga Harry Potter), el rumano-estadounidense Sebastian Stan y las americanas Riley Keough y Haley Bennett. Un cóctel de talento cuanto menos interesante en el que, si elegimos la versión original, comprobaremos cómo todos se esfuerzan por adoptar el acento americano del sur y resultar convincentes en sus papeles como yanquis.

'El diablo a todas horas' (Glen Wilson/Netflix © 2020)
'El diablo a todas horas' (Glen Wilson/Netflix © 2020)

Este elenco, que parece escogido en un casting realizado por Film Twitter, está lleno de rostros conocidos por los aficionados al cine y las series de calidad. Quién nos iba a decir que en 2020 asistiríamos a un crossover entre Spider-Man, Batman, El Soldado de Invierno y Pennywise, acompañados del odioso primo de Harry Potter. Curiosidades aparte, el trabajo interpretativo del film es muy sólido, pero si hay un actor que resalta por encima de todos es Holland, que se separa de Peter Parker en un personaje opuesto a la luminosidad y ligereza del superhéroe arácnido de Marvel.

El joven actor muestra aquí una faceta atormentada que abraza convincentemente en un trabajo contenido e intenso que le ha valido muy buenas críticas y el aplauso de los que ya han visto el film. Aunque ya nos conmovió cuando todavía era un niño en Lo imposible de J.A. Bayona y su trabajo en Spider-Man contiene una gran carga emocional, con este Arvin Russell, Holland se reafirma en su capacidad dramática y se sitúa en el camino correcto hacia la madurez interpretativa. Su próximo trabajo, el thriller basado en hechos reales Cherry, en el que se vuelve a poner a las órdenes de los hermanos Russo (directores de las dos últimas entregas de Capitán América y Vengadores), parece seguir esta senda de exploración de papeles más maduros con los que el británico, de 24 años, ha decidido romper con la imagen amable y simpática de nuestro amigo y vecino Spider-Man y asumir nuevos retos.

Pattinson también consigue llamar la atención con una actuación exaltada que roza la caricatura para componer al que es quizá el personaje más detestable de la película, Preston Teagardin, un predicador pederasta que se convierte en el principal antagonista de Arvin. El actor de Crepúsculo continúa demostrando con cada proyecto que aborda que no tiene miedo a nada, y aunque este no es su mejor papel, sigue siendo un espectáculo ver su versatilidad y carisma en acción. Pero tampoco podemos pasar por alto la intervención de Bill Skarsgård, que no por breve resulta menos importante para la historia. Él es quien marca el tono del film y moldea el futuro de Arvin, en una interpretación llena de fuerza y entidad. En general todos los actores cumplen, pero el formato coral dificulta que, más allá de los mencionados, unos brillen por encima de otros.

Y aunque esto no es necesariamente negativo, está directamente relacionado con el mayor obstáculo que impide que la película llegue al sobresaliente: que abarca tanto que no llega a profundizar del todo en los personajes y sus psiques. Aunque el libro en el que se basa no es muy extenso (poco más de 300 páginas), cuenta muchas historias y sigue a un gran número de personajes, lo cual, llevado a la pantalla hace que sea difícil ahondar verdaderamente en todos. Como resultado, por momentos cuesta empatizar con ellos, ya que no llegamos a conocerlos del todo. Para hacer justicia a la narración de Pollock y el dilatado tiempo que recorre la novela, quizá la película habría funcionado mejor como miniserie.

A grandes rasgos, Campos lleva a cabo una adaptación muy fiel, manteniendo el esqueleto principal y trasladando los diálogos casi intactos, pero en su labor de condensar la novela para el cine, le cuesta ir más allá de la superficie y se encuentra con problemas de ritmo en un par de tramos del film. La devoción del director por la novela y la intención de no alejarse de ella queda patente al descubrir que el narrador de la película no es otro que el propio autor del libro. Con su cálida voz y acento sureño, Pollock le da al film un apropiado aire de cuento para adultos, aunque por momentos parezca que nos esté leyendo el libro, delatando así su naturaleza de adaptación. Pese a que la narración funciona, también es cierto que tiende a sobreexplicar lo que los personajes deberían transmitir por sí solos, guiando al espectador hacia lo que debe sentir.

Robert Pattinson (Glen Wilson/Netflix © 2020)
Robert Pattinson (Glen Wilson/Netflix © 2020)

Por otro lado, la violencia y la sordidez del libro han sido suavizadas, quizá con el objetivo de hacer la historia más digerible para el público general, lo que da la sensación de que Netflix no se ha atrevido a llegar tan lejos como el material de origen, donde se deja las imágenes más impactantes y los detalles más escabrosos de algunas tramas. El libro se recrea mucho más en los sacrificios animales, el gore, el sexo y el racismo de los personajes, pintando un escenario en el que se puede oler la putrefacción y la decadencia del espíritu en el ambiente. Si bien la película consigue transmitir esa atmósfera decadente del Sur profundo a la que tanto han recurrido el cine y la televisión, no es nada comparado con lo que podría haber sido; claro que pensándolo bien, puede que fuera una decisión acertada, porque de lo contrario se la podría haber acusado de abusar de ser demasiado gratuita.

Dicho esto, El diablo a todas horas entra en la exclusiva categoría de películas de calidad de Netflix. Es un cuento trágico sobre los golpes que da la vida que no da tregua al espectador y que, desde luego, no es para todo el mundo. A pesar de las carencias que he mencionado, Campos hace un buen trabajo recogiendo los temas principales de la novela y componiendo con ellos un melancólico mosaico de la vida en un pueblo dejado de la mano de Dios. El director hila con acierto las tramas y las unifica para reflexionar sobre cómo la fe se puede usar para corromper, sobre la familia, y concretamente la huella que dejan los padres en los hijos, el impacto de una generación en la siguiente, la educación, el fanatismo, la muerte y la pérdida de la inocencia, todo envuelto en un contexto flanqueado por dos contiendas históricas, la II Guerra Mundial y la Guerra de Vietnam. Es decir, violencia enmarcando violencia.

Sé que suena a tópico, pero estamos ante una de esas películas que se cuecen a fuego lento para darnos un buen plato a degustar, por lo que se requiere paciencia y atención. Sí, es triste, implacable y no deja apenas espacio a la esperanza, pero sabe cómo envolverte en su historia y su particular universo para dejar ese poso después de los créditos finales que tanto le cuesta encontrar a Netflix. Que dure o no ya depende del impacto que haya causado en cada uno.

Tanto técnica como artísticamente, el film tiene un acabado muy pulido. Se beneficia constantemente de una dirección muy eficiente, un cuidado apartado visual y un reparto consistente y lleno de talento -a pesar de que no todos tengan suficiente tiempo en pantalla para lucirse. Pero como ya he dicho, es Tom Holland quien aprovecha mejor la oportunidad que le brindan las circunstancias, explorando su faceta más dramática con un personaje más crudo que marca un punto de inflexión en su trayectoria al alejarlo del entorno aséptico y para todos los públicos de Marvel.

Resumiendo, El diablo a todas horas es una película bien hecha, pero está lejos de ser perfecta. Mientras puede resultar frustrante o demasiado desagradable para algunos espectadores, es posible que para otros no arriesgue demasiado (como es mi caso). Como adaptación ha perdido parte de la garra y el poder para revolver el estómago que tiene la novela, pero aun así no le falta perversidad, emociones fuertes y momentos brutales. Campos orquesta el descenso a los infiernos de este grupo de pecadores con ritmo pausado pero firme, fusionando drama y suspense con alguna pincelada de terror en un deprimente e inquietante relato gótico para el que hay que encontrar el momento y estado mental adecuados para afrontarlo.

La historia de Arvin es la de un país dividido y roto por la fe, la violencia y la incertidumbre por el futuro, que ve cómo sus tan preciados valores (el American Way of Life) se desmoronan ante sus ojos. Es decir, tiene todo lo que constituye a un gran relato americano. El tiempo dirá si también pasará a la historia como una gran película de Netflix.

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