Netflix y su oda al amor eterno con una pareja de Jaén que lleva 60 años juntos

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“¿Tú que vas a hacer si yo me voy?” le pregunta Augusto a su esposa Nati, una pareja de Marchenica, Jaén, que lleva 60 años juntos. Una pregunta sencilla pero que alberga preocupación, miedo y amor. Mucho amor. Ellos son los protagonistas de uno de los episodios más entrañables de Mi amor: Seis grandes historias de amor, la nueva serie documental de Netflix que sirve como oda al amor eterno. Ese que se cuece lento tras pasar toda una vida juntos.

Ellos son los representantes españoles de esta serie internacional, dueños de un amor cómplice y compañero que mantienen a base de charlas, bromas, risas y mucho cariño. Una pareja sencilla que, sin darse cuenta, se convierten en una lección de amor para todas las generaciones.

Nati y Augusto en 'Mi amor: Seis grandes historias de amor' (cortesía de Netflix/NETFLIX © 2021)
Nati y Augusto en 'Mi amor: Seis grandes historias de amor' (cortesía de Netflix/NETFLIX © 2021)

Mi amor: Seis grandes historias de amor es una serie de seis capítulos que dedica cada uno de ellos a una pareja en algún lugar del mundo. Lo único que tienen en común es que comparten una relación duradera, de entre 43 y 60 años, y un amor incondicional capaz de romper las barreras del tiempo. La serie toma la idea del documental de Jin Mo-young, My love, don’t cross that river de 2014 (sobre una pareja surcoreana que se enfrenta a sus últimos momentos tras 76 años juntos), y narra un año en la vida de seis parejas, desde la costa coreana a las afueras de Tokio, pasando por una favela de Río de Janeiro, India, EE.UU. y España.

Cada episodio está dedicado a una pareja en particular, contando su historia de amor pero centrándose, sobre todo, en los sentimientos, la complicidad y la unión en la tercera edad. No se trata de conocer quiénes fueron de jóvenes ni descubrir su pasado, sino de conocerlos en el ahora y aprender de un amor inquebrantable. Y ellos nos enseñan que, a la hora de llegar a la vejez, es mejor hacerlo acompañado.

Y de esa premisa parte la pregunta de Augusto. “¿Tú que vas a hacer si yo me voy?” le cuestiona a su esposa durante una de sus muchas charlas en su cortijo de Jaén. Una pregunta que reaparece muchas veces a lo largo del año que pasaron ante las cámaras del director Chico Pereira, en forma de frases, bromas, besos y miradas perdidas. Y es que no se trata de una pregunta juvenil de un marido celoso que teme perder a su amada, sino de la preocupación de quedarse solo. De dejarla sola tras una vida juntos. Lo vemos en la preocupación que denotan cuando escuchan hablar de la soledad en la vejez en televisión, así como en los silencios mutuos que surgen tras comentar el futuro o la soledad ajena, o cuando uno de ellos sufre un problema de salud o en frases al pasar que esconden más sentimiento del que aparenta.

A sus casi 80 años, él sigue trabajando como pastor como hizo toda su vida, y ella continua con sus labores cuidando de la casa y de él, siempre compañeros. Y a pesar de la superficialidad sencilla que denota el episodio -y todos los demás-, en realidad alberga una historia de amor repleta de enseñanzas y lecciones de vida.

Sin darse cuenta, estos dos abuelos adorables nos enseñan la importancia de la complicidad en el amor, de los silencios compartidos y la sabiduría que llega con el paso del tiempo. De esta manera, la serie nos regala infinidad de momentos cotidianos donde los vemos cantar, hablar del clima o de los pájaros, para de repente provocarnos sonrisas espontáneas con enseñanzas para todas las edades. Por ejemplo, en una ocasión están hablando de lo mucho que Nati aguanta el frío y Augusto de repente dice: "Si no le haces frente a los obstáculos te llevan por delante”. Y como esta, muchas lecciones más.

Ellos nos enseñan que el amor es algo que se cuida y se alimenta todos los días, sin importar el tiempo que llevemos con alguien. Se acarician, se piropean a menudo y, sobre todo, se ríen y escuchan mutuamente.

Todas las historias de esta serie están protagonizada por héroes del amor, ese sentimiento universal que no conoce de fronteras, culturas o diferencias. Pero yo me quedo con la de estos ancianos españoles que me despiertan una ternura especial por recordarme a mis abuelos y enseñarme la importancia de cuidar el amor, siempre y cuando sea. De atesorar cada momento como si fuera el último.

Dice Augusto que cuando observa a Nati por las mañanas al despertar, se dice a sí mismo: “que Dios me la guarde muchos años”. Y piensa, “Qué hermosura madre”.

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