'Misterios sin resolver' nos invita a creer en fantasmas con el fenómeno que vive una comunidad japonesa

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Las historias de ovnis y fantasmas, el true crime y las teorías conspiratorias vuelven a encontrar su nicho ideal en la plataforma de Netflix gracias a la nueva tanda de episodios de Misterios sin resolver, ese fenómeno que lleva más de 30 años contando casos criminales y sucesos extraños que siguen sin tener explicación.

Y entre los seis episodios estrenados hay uno que no puedo quitarme de la cabeza y del corazón. Si, del corazón por muy extraño que parezca al tratarse de una serie que roza el true crime y lo paranormal, porque Los espíritus del tsunami nos habla del duelo que vive una comunidad japonesa mientras convive a diario con los fantasmas atrapados por un tsunami que arrasó con más de 15.000 vidas en 2011.

Misterios sin resolver (Netflix/2020)
Misterios sin resolver (Netflix/2020)

Quienes nunca hayan oído hablar de Misterios sin resolver deben saber que fue un programa de la televisión estadounidense que a lo largo de 30 años sumó un total de 14 temporadas. Comenzó en 1987 retratando cada semana casos diferentes que ni la policía ni los especialistas habían terminado de resolver. La gran mayoría eran cold cases o desapariciones jamás resueltas, pero poco a poco fueron sumando temas que cautivaban al televidente de los 90s con supuestos casos de abducciones alienígenas, fantasmas, avistamientos de ovnis o teorías secretas de la historia política. La serie tuvo un tirón tremendo en sus inicios pero fue perdiendo su público al entrar en el nuevo siglo, aunque nunca terminó por desaparecer del todo. Sin ir más lejos, en 2017 se creó un canal de YouTube donde la gente podía enviar sus historias de misterio y este año Netflix lo revivió con un reboot de 12 casos divididos en dos temporadas. La primera llegó en el mes julio y fue todo un éxito entre los amantes de las docuseries y el true crime, mientras que la segunda acaba de aterrizar en la plataforma.

Además, es importante destacar que la intención de la docuserie no es simplemente contar casos inconclusos sin más, sino que existe todo un equipo detrás encargado de recibir pistas de testigos que puedan aportar nuevos datos y, si son relevantes, los pasan a los investigadores competentes. Con la primera temporada recibieron cerca de 2.000 pistas nuevas y uno de los casos de asesinato presentados, el del afroamericano Alonzo Brooks, logró avanzar en su investigación 16 años después.

La segunda temporada vuelve a contar con más crímenes sin resolver -alguno más impactante que otro- y de repente nos sorprende con un capítulo que si bien no termina de encajar en el formato de la serie, resulta maravilloso. Se trata de Espíritus del tsunami, un episodio que nos traslada hasta la región de Tohoku, específicamente a Ishinomaki al noroeste de Japón, donde el 11 de marzo de 2011 se vivió un terremoto de magnitud 9.1 en la escala de Ritcher que provocó un tsunami masivo arrebatando padres, hijos, amigos y todo lo que englobaba la definición de hogar. El desastre pasó a la historia como el Gran Terremoto de Japón Oriental tras ser el más potente sufrido en el país hasta la fecha, y el cuarto del mundo en los últimos 500 años. El desastre fue terrible cobrándose 15.893 víctimas, de las cuales el 92,5% murieron ahogadas, además de 2.556 personas desaparecidas.

Las imágenes que muestran la fuerza voraz de la naturaleza destruyendo todo a su paso nos hielan la sangre y nos hacen partícipes del dolor de toda una comunidad que vio sus vidas destrozadas para siempre con aquella ola arrolladora. Sin embargo, ya sea por las creencias del lugar o por la simpleza de la vida rural ajena al raciocinio de la gran ciudad, meses más tarde comenzaron a aparecer cientos de historias de fantasmas. Almas en pena que se quedaron atrapadas bajo el agua destructiva.

Antes de seguir leyendo, merece la pena destacar el respeto y la magia con que la serie cuenta esta historia. No caen en el ocultismo ni el sensacionalismo que roza los casos paranormales de esta serie, tal y como sucedía años atrás o como pasó con el único episodio de la misma temática de la primera temporada. Fue uno sobre avistamiento de ovnis en Berkshire en 1969 que contó con el testimonio de testigos que relataron con lujo de detalles la experiencia, jugando con el género de terror y haciendo que más de uno no pudiera dormir tras verlo. Pero Espíritus del tsunami es diferente, nos habla del trauma de una comunidad que vio sus hogares, su gente y sus recuerdos destruidos para siempre, y la forma en cómo le hacen frente en conjunto. Y solo por eso merece la pena prestarle apenas 47 minutos de tu tiempo, aunque no veas la serie completa.

Si hacemos memoria muchos recordarán artículos de la prensa internacional que en 2011 aplaudían al aplomo de la gente de Tohoku, maravillados ante la fortaleza con que afrontaron la tragedia, organizando sus propios centros de evacuación, su propio sistema de ración alimenticia, los cuidados hospitalarios y hasta la solemnidad y cuidado que dieron a cada ataúd. No solo los enterraron en contra de su tradición dado que no podían cremar los cuerpos por la falta de electricidad a raíz del consecuente fallo en la planta nuclear de Fukushima, sino que tiempo después los desenterraron para poder darles la cremación que ellos creen acorde.

Misterios sin resolver (Netflix/2020)
Misterios sin resolver (Netflix/2020)

Pero tal y como podemos ver en este episodio, el dolor lo llevaban por dentro y el duelo pervive en forma de fantasmas. Desde entonces existen cientos de anécdotas contadas por supervivientes que dicen haber recibido la visita de estas almas perdidas. Varios taxistas cuentan haber trasladado a pasajeros pidiendo ser llevados a direcciones que ya no existen solo para descubrir el asiento vacío poco después. O personas que aseguran haber recibido la visita inesperada de fantasmas completamente mojados, a veces uno solo y otras veces en grupo, pidiendo ropa seca.

El sufrimiento todavía pervive entre las calles del lugar y lo vemos reflejado en el relato de los supervivientes que comparten lo vivido con un dolor que perfora la pantalla. Como es el caso de un padre que cuenta cómo encontró el cuerpo de su hija mayor para luego más tarde encontrar el de su esposa y el de su bebé. Oírlo nos rompe el alma. O un monje que a pesar de todos sus años de retrospección y estudio interno del alma, no sabe qué decir a los supervivientes. Él mismo asegura haber exorcizado a personas que creen estar poseídas por estos fantasmas del tsunami simplemente porque la gente del lugar realmente cree que existen. “Muchos perdimos seres queridos sin decir adiós. No creemos que sea justo y los muertos sienten lo mismo” explica.

Según el profesor y escritor Kiyoshi Kanebishi, especializado en sociología de los desastres, lo vivido fue muy traumático para esta comunidad y “la presencia de fantasmas es una forma de lidiar con el TEPT (trastorno de estrés postraumático) como comunidad”. En su opinión, los fantasmas son una manifestación del duelo conjunto acompañado por la espiritualidad de la región. Cada uno puede llegar a sus propias conclusiones, en mi caso me inclino a estar de acuerdo, y por ello creo que el fenómeno es aún más sorprendente y emotivo. Según el mismo especialista no existen informes de avistamientos de fantasmas en otras regiones que vivieron desastres como el terremoto de Hanshin o la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, lo que hace el fenómeno de Ishinomaki más llamativo.

Y es que algunos creen que la explicación reside en las tradiciones espirituales del lugar, una zona rural que contaba con el desarrollo más lento de todo Japón. Una de esas tradiciones reside en la existencia de chamanes que sirven de canal para transmitir historias contadas por los muertos, además, muchos de los lugareños creen que la muerte no es el final del viaje vital sino que se vive entre dos mundos. “Es una parte fundamental” de sus creencias, cuenta el monje, añadiendo que el terremoto sacudió esa tradición y el sentimiento religioso del lugar desenterrando estos fantasmas en historias que rozan lo emotivo y lo terrorífico con posesiones que dicen llevar dentro a fantasmas que no pueden marcharse.

Si buscamos información más allá del capítulo podemos encontrar un libro titulado Ghosts of the tsunami escrito por Richard Lloyd Parry que relata este mismo fenómeno, compartiendo cientos de anécdotas recabadas allí y que van mucho más lejos. Como una que habla de cuerpos retorciéndose en el lodo a orillas del mar, atrapados en el agua y sufriendo constantemente, o un colegio donde siguen viviendo más de 70 niños fantasmas.

Hay quien lo llamará superstición o quien necesitará de más evidencia para llegar a una conclusión, pero en resumen el capítulo nos muestra la realidad de una comunidad entera de supervivientes. Ellos creen en estos fantasmas, quizás a consecuencia del trauma o debido a sus creencias, y la verdad es que al final del capítulo no hay lugar para la razón o la lógica. Mucho menos cuando no somos nosotros quienes hemos sufrido semejante desastre. Ellos siguen adelante tras vivir el mayor terror de sus vidas, y lo hacen junto a esos fantasmas del pasado acompañándolos en el camino. Y en eso yo les creo.

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