Michelle Obama proclama su libertad en ‘Mi historia’ de Netflix: “Entiendo a quienes votaron por Trump”

"Ahora que estamos fuera de la Casa Blanca, el no ser observada, juzgada y parcelada por cada persona en el planeta, es mucho mejor. Es absolutamente liberador" dice Michelle Obama en el documental dedicado enteramente a ella. Mi historia (Becoming) aterrizó en la plataforma de Netflix el miércoles 6 de mayo definiéndose como la última pieza del puzle de su vida que sentencia la libertad definitiva de la ex primera dama de Estados Unidos. Y en él se muestra tal y como es, madre, esposa pero, sobre todo, mujer independiente.

Su inteligencia inunda cada secuencia de este largometraje de hora y media, con confesiones personales, sueños y convicciones, pero también su empatía, llegando a sentenciar que comprende a quienes votaron por Donald Trump. Y antes que te quedes a cuadros, sigue leyendo.

©2020 Netflix

Tras convertirse en un ícono para la comunidad afroamericana y el empoderamiento femenino en general, tanto en su país como en el mundo, Michelle Obama transforma su libro superventas en un documental. Mi historia, el libro, vendió más de 10 millones de copias y ahora Netflix transforma aquellas experiencias personales en un documental pasando algunas de las anécdotas que comparte en las páginas a escenas visuales llevando la historia de Michelle a más hogares. El resultado es una película que nos acerca a una Michelle humana, una mujer de convicción contagiosa mientras se libera de las cadenas de la Casa Blanca para compartir su experiencia a su manera. Aquí vemos a una Michelle más libre que nunca haciendo que más de uno queramos leer su libro después de todo. Sin dudas, una pieza de marketing asombrosa para seguir empujando las ventas (no en vano la editorial Penguin Random House pagó 55€/$60 millones por las memorias de ella y su marido -la de Barack aún no ha salido-).

El documental sigue a la ex primera dama durante la gira del libro, recurriendo a momentos de backstage y preparativos, así como extractos de las entrevistas que dio en los escenarios e imágenes de archivo de sus años en la Casa Blanca, fotografías familiares y la propia Michelle dando testimonio ante la cámara. Y lo que vemos es una mujer libre de decir lo que piensa, que se muestra tal y como es, sentenciando que no extraña la Casa Blanca, sino todo lo contrario. La vemos aliviada de haber terminado aquella etapa de su vida.

Entre las muchas anécdotas que comparte cuenta que el día que abandonaron la mansión todos lloraban, desde sus hijas al staff, pero ella no quiso derramar ni una lágrima porque sabía que el mundo pensaría que lloraba por otro motivo. Levantó a sus hijas y a las amigas de estas que se habían quedado a dormir para acompañarlas durante la última noche, se prepararon para recibir a los Trump y se marcharon. Fue recién a solas, en el Air Force One, que lloró durante 30 minutos. Creo que fue por la liberación de ocho años intentando hacer todo perfectamente” sentencia. Y es que a lo largo de Mi historia no muestra reparos a la hora de hablar del privilegio que fue para ella ser la primera dama de su país, pero también de las presiones que vivió durante aquel capítulo de su vida.

Michelle habla sin tapujos de la lucha interna que vivió durante las dos presidencias de su marido cuando los medios y el público comenzaron a atacarla por su forma de vestir, criticando sus discursos cuestionando si quería a su país o no, viéndose obligada a amoldarse a las circunstancias sin poder decir realmente lo que pensaba, preparando discursos encorsetados con antelación y leyendo de teleprónter. En aquellos inicios en el rol recurrió al vestuario como su herramienta personal para decir lo que no podía, y sin saberlo le ayudó a ir abriendo el camino a su voz propia. La ropa fue parte de su mensaje de independencia.

©2020 Netflix

"Es difícil levantarse cada día y mantener ese nivel de perfección que se exigía de mí y Barack como el primer presidente negro y la primera dama" confiesa ante las cámaras, mientras habla del racismo que todavía pervive en el su país y cómo ellos mismos tuvieron que hacerle frente en varias ocasiones con amenazas de muerte y disparos contra la Casa Blanca. “Esperaba que la gente estuviera más preparada para nosotros de lo que estaban” confiesa mientras pide a los ciudadanos que abran los ojos, que sean conscientes del racismo imperante que sigue presente entre aquellos que rechazaban la idea de que una familia negra regentara la Casa Blanca. "Es la América en la que vivimos” sentencia mientras recuerda al mundo: “Yo soy la ex primera dama de Estados Unidos pero también descendiente de esclavos".

El documental baña de empatía cada una de sus lecciones y confesiones, siempre rodeada de ojos admirándola, de jovencitas queriendo aprender de ella; y es en este marco de comprensión que deja la confesión más interesante de todas: "Entiendo a quienes votaron por Trump” afirma para luego explicar que lo que no logra comprender es que muchos ciudadanos no vayan a las urnas y no hayan votado cuando Barack los necesitaba después de todos los cambios que habían conseguido. “No entiendo a los que no votaron. Me hace pensar que la gente piensa que esto es un juego. Es mi verdadero trauma” añade con cierto resentimiento.

Y si bien la empatía está presente en ese momento, más tarde lanza una pullita directa a la política de Donald Trump que se contradice con ese primer mensaje, pero que muestra a la Michelle de convicciones propias por sobre todas las cosas: “Cuando eres presidente de los Estados Unidos, las palabras importan. Puedes comenzar guerras, destruir economías. Hay demasiado poder en juego como para ser tan descuidado. Y así operábamos nosotros”. No nombra a Donald Trump pero la conexión es evidente. “Preguntémonos quienes somos como nación” pide a su público. “Mantengo la esperanza de que la gente quiere algo mejor, si no por ellos mismos por la siguiente generación. Y esa es mi alegría básica”.

Isaac Palmisano; ©2020 Netflix

Ella fue la primera dama que hizo que los mayordomos de la Casa Blanca dejaran de vestir esmoquin porque no quería que sus hijas creyeran que la gente de color y latina -trabajadores de la mansión política- debía servir a la gente de poder vestida de etiqueta. También hizo que las sirvientas no hicieran la cama de sus hijas ni ordenaran detrás de ellas, para que sus hijas tampoco crecieran por la vida creyendo que otras personas debían atenderlas. Habla del día que conoció a su marido, una historia de amor entre aprendiz (él) y mentor (ella) que en un mes ya era idilio amoroso. “Él era un tsunami que venía a por mí y yo no quería ser un apéndice de sus sueños” asegura sobre el momento que decidió dejar la firma de abogados y sumarse a su causa. Incluso habla de la época que fueron a terapia de pareja, descubriendo aún más su propia libertad, aprendiendo que su felicidad no dependía de él.

A lo largo de Mi historia, Michelle da lecciones para seguir soñando, para creer en uno mismo y cumplir nuestras metas. Ella no se dio por vencida, ni siquiera cuando la consejera escolar le dijo que no le recomendaba ir a una universidad como Princeton. No le hizo caso y no solo estudió allí, sino que incluso pasó por Harvard. Su lección primordial es la importancia de no verse invisible, algo que pide a jóvenes de color y mujeres en general, que no permitan que el mundo los defina por un estereotipo. Que crean en sí mismos, en que la historia de cada uno tiene valor y nos atrevamos a ser vulnerables.

En Mi historia vemos a una mujer convertida en súper estrella. La protagonista de un documental que empodera su imagen de vocera perfecta para las nuevas generaciones. Aquí no hay un fallo ni un defecto, Michelle aparece sencillamente perfecta. Mi historia es el documental que demuestra al mundo el torbellino que engloba su nombre, independientemente de su marido. Marketing o no, el documental es una pieza redonda de un icono moderno, y aunque el escepticismo nos visite de vez en cuando, Michelle logra vendernos su campaña.

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