'Los Bridgerton', y el éxito de una serie que se atreve a ilustrar a un negro en la aristocracia inglesa de 1813

Valeria Martínez
·9 min de lectura

No hecho más que comenzar el año y Netflix ya tiene nuevo fenómeno entre manos. Se trata de Los Bridgerton, una serie de época que nos remonta al Período Regencia británico con sus despampanantes vestidos, fiestas para buscar marido y líos de sociedad a montones, que aterrizó el 25 de diciembre para entretenernos en las Navidades más aisladas. Desde entonces se ha convertido en una de las series más comentadas en redes sociales y de las más vistas de la plataforma. Sin ir más lejos, Los Bridgerton marcó récord para la compañía convocando a 63 millones de espectadores, la cifra más alta alcanzada por Netflix en el mes de diciembre. La serie alcanzó el puesto número uno en el ranking de lo más visto en 76 países y es el quinto mejor estreno original hasta el momento (vía Indiewire). Todo esto lo ha conseguido gracias a una puesta en escena que encandila, una trama tele novelesca (prima lejana de Cincuenta sombras de Grey), una banda sonora moderna, secuencias que han despertado debate y un protagonista guaperas (su furor en redes lo evidencia). Pero sobre todo alberga una idea que a muchos nos chirría bastante cuando empezamos a verla: la presencia de un duque protagonista negro y soltero de oro en la corte británica.

“¿Desde cuándo había negros aristócratas en 1813?” es lo que nos preguntamos más de uno al arrancar el primer capítulo. “¿Estoy viendo una serie histórica o una pieza de ficción que simplemente se viste de época?” nos cuestionábamos también al ver al duque de Hastings, una reina de Inglaterra también negra y decenas de extras y personajes secundarios negros asistiendo a las fiestas de la Corte. Acostumbrados a ver todo tipo de piezas de época en donde los negros, si es que aparece alguno, son meros esclavos, sirvientes o mayordomos, Los Bridgerton nos presenta una realidad paralela que está dividiendo a los espectadores entre aquellos que aplauden la ficción y los que critican la falta de veracidad histórica.

Pero… ¿es para tanto?

Imagen de Los Bridgerton (Liam Daniel/Netflix)
Imagen de Los Bridgerton (Liam Daniel/Netflix)

Los Bridgerton nos transporta al año 1813, específicamente a la temporada social londinense donde las jovencitas de familias importantes se presentaban en sociedad en busca de un marido que les asegurara bienestar. Lo de encontrar el amor verdadero era más un sueño que una realidad. Y en medio de este panorama conocemos a la familia que da nombre al título, un clan de ocho hermanos que acompaña a la mayor de las niñas, Daphne (Phoebe Dynevor), en su ingreso en sociedad. La joven es bellísima y cuenta con el apoyo de la reina Carlota, siendo una de las solteras más codiciadas de la temporada.

Pero cuando comienza la época de la caza y captura de marido surge una reportera que publica todos los chimentos que circulan en la alta sociedad (con la sorpresa más especial de la serie: el relato con la voz de Julie Andrews). Con la intención de callar a las malas lenguas y provocar a más conquistadores, Daphne hace un pacto con el soltero más codiciado de todo Londres, el duque de Hastings (Regé-Jean Page), para pretender que vaya a pedirle matrimonio. De esta manera, ella conseguiría ganar el interés de otros solteros que quieran superar al duque, y él conseguiría que lo dejen tranquilo dado que él hizo un juramento de nunca tener hijos. Pero, como es de esperar, la flecha de Cupido hace de las suyas.

Vamos a ver, confieso que como a muchos otros que he leído en Twitter, a mí también me costó engancharme al principio. Para empezar voy a reconocer que más allá de mi pasión por el cine de terror de la que ya les hablé muchas veces, las historias de época son de mis guilty pleasures más secretos (la de veces que he visto las versiones de Orgullo y prejuicio de Keira Knightley o Jane Eyre con Mia Wasikowska son incontables). Por ende, en mi casa estaba asegurado que habría maratón Bridgerton navideño. Y así fue. En día y medio había terminado sus ocho episodios.

Y si bien la serie me atrapó con escenarios de ensueño, un cuidado al detalle para elogiarla durante horas, pelucas de infarto y un vestuario tan impresionante que contó con 7.500 prendas diseñadas para la ocasión (vía Collider), reconozco que ver a un duque, una reina y otros aristócratas negros como parte de la corte británica me hizo que no pudiera adentrarme en la historia con la misma entrega que doy a otras apuestas de época. Al menos al principio.

Son muchos los tuits que apuntan precisamente a lo mismo, siendo un denominador común entre muchos de los que vimos la serie. Y no se trata de rechazo o racismo, faltaría más, sino de que simplemente no representa la imagen histórica que tenemos de la época.

Lo mismo le pasó a los amantes de las novelas en que se basa la serie. Los Bridgerton parte de una saga de ocho entregas escrita por Julia Quinn en donde el duque de Hastings aparece descrito como un hombre de ojos azules y en donde la igualdad racial no forma parte de la trama. Este detalle molestó a muchos de los seguidores de las novelas que volcaron en redes sociales su rechazo, aunque su autora está encantada con la idea. Julia Quinn dijo a People que “Bridgerton es una reimaginación de ese mundo y es un mundo maravilloso de esa manera... Lo miras y piensas, ‘Así es como debería ser la sociedad’.”

Sin embargo, por mucho que al principio nos cueste acostumbrarnos a la idea, al final la serie consigue adentrarnos en su universo ficticio y el que haya una reina o un duque negro de repente pasa a ser completamente irrelevante. Es más, su actor protagonista está provocando tantos suspiros virales que ya podríamos decir que tenemos estrella en ciernes. Debo mencionar que si alguien podía salirse con la suya con una apuesta como esta era Shonda Rhimes. La creadora de Anatomía de Grey, Scandal o Cómo defender a un asesino, es experta en crear historias que han sabido plasmar la igualdad con más naturalidad que otras series o películas modernas, y en su primera producción junto a Netflix explotó esta faceta al máximo. (Los Bridgerton es la primera serie que estrena en la plataforma a través del acuerdo firmado con su compañía, Shondaland).

Pero vamos que Los Bridgerton no va a ganar premios a la mejor serie ni a las mejores actuaciones, su trama es bastante sencilla, ñoña y por momentos anticuada. E incluso escandalosa. En el sexto capítulo incluye una secuencia que ha dado mucho de qué hablar al retratar lo que para muchos podría definirse como una violación. En la historia, Daphne aprende sobre sexo junto al duque tras no haber recibido ningún tipo de información por parte de su madre. El duque le dijo que no podía tener hijos y tras aprender por fin cómo es que se conciben los niños, lo manipula durante al acto obligándolo a llegar al clímax sin su consentimiento. La escena ha dado la vuelta a las redes generando un debate candente sobre la legalidad de su motivación tras ser víctima de una mentira y la ilegalidad del acto.

Pero volviendo al retrato de monarcas y aristócratas negros en la trama, cabe destacar que hay algunos detalles que juegan a favor de la serie. El Período Regencia tuvo lugar entre 1811 y 1820, dando comienzo cuatro años después de que Reino Unido aboliera la trata de esclavos mientras que la primera aristócrata negra del país vivió hasta 1804. Se llamaba Dido Elizabeth Belle y llegó a su posición como heredera (hay una película dramatizada sobre su historia titulada Belle). Además, la idea de que la reina Carlota sea negra no es del todo descabellada. Existen muchos historiadores que señalan que la esposa del rey Jorge III podría haber tenido ascendencia africana y existen retratos suyos que dan a entender que la teoría podría ser cierta. Por eso, que la idea del matrimonio entre el rey Jorge III y esta reina de origen alemán influya en la sociedad para eliminar la diferencia de color de una vez por todas como mensaje de amor, se antoja como una moraleja perfecta.

No soy amante de las series de Shonda Rhimes, me resultan repetitivas y creo que abusan demasiado del género dramático para terminar cayendo por las mismas vertientes de la exageración y clichés narrativos. Pero soy consciente de que es mi percepción y que cuenta con miles de fans en todo el mundo. Por eso, que Los Bridgerton esté siendo un éxito no me sorprende (al momento de escribir este artículo se mantiene en el puesto 2 del Top 10 de lo más visto en España). No han tenido reparos en crear un mundo lleno de color, con escenarios que darían celos a los creadores de Downton Abbey, una trama que transporta la misma idea de Gossip Girl al pasado y nada menos que al son de Ariana Grande.

Lo cierto es que una vez que pasamos los primeros capítulos, la idea de que existan aristócratas negros pululando por la alta sociedad británica deja de ser importante. Más allá de la triste realidad femenina, sin libertad económica y a merced de un futuro cogida del brazo de un hombre como medio de supervivencia, nada de lo que vemos se antoja real. Al fin de cuentas, Los Bridgerton no es una serie histórica sino un cuento de hadas en toda regla que recurre a crear su propio mundo ideal, sin racismo ni diferencias de color. Y al final, cuando la has terminado de ver, incluso lo agradeces.

Imagen de Los Bridgerton (Liam Daniel/Netflix)
Imagen de Los Bridgerton (Liam Daniel/Netflix)

En realidad, tras reflexionar sobre ello creo que quizás debería chirriarnos más que estén todos limpios y con dentadura sana, sin piojos y que las mujeres tengan las axilas depiladas, a que haya un duque negro provocando suspiros.

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