‘Derry Girls’, la serie irlandesa de Netflix que nos anima a sonreír en tiempos difíciles

La pandemia del COVID-19 (coronavirus) ha creado una situación de alarma y preocupación en todo el mundo. El virus se ha cobrado ya muchas vidas, ha paralizado la sociedad y ha supuesto un importante varapalo económico, por lo que nuestro principal consuelo en estos tiempos de cuarentena es el humor. Las redes sociales nos están nutriendo a diario de memes y chistes para pasar el tiempo, y por supuesto, la televisión es un refugio idóneo para pasar estos días. 

Películas como Contagio han disparado su audiencia en streaming, pero nosotros proponemos algo más optimista: Derry Girls, serie irlandesa que nos enseña a sonreír en tiempos difíciles y sacarle el lado bueno a las peores situaciones. Está en Netflix y de momento lleva dos temporadas (la tercera está en camino). Verla dispara los niveles de serotonina y aumenta exponencialmente la felicidad, así que es el mejor momento para hacerlo. 

'Derry Girls' (Channel 4/Netflix)

Derry Girls es una comedia adolescente irlandesa creada y escrita por Lisa McGee para la cadena británica Channel 4, cuyos derechos de emisión a nivel internacional corresponden a Netflix, que la ofrece en su catálogo como serie original. Su estreno en enero de 2018 en la televisión británica supuso un gran éxito de audiencia que se repitió en su segunda temporada el año pasado. La serie conquistó al público con sus excéntricos personajes y su particular sentido del humor, convirtiéndose en la ficción de mayor audiencia en la historia de Irlanda del Norte (Belfast Telegraph) y todo un fenómeno cultural.

La historia nos lleva a la pequeña ciudad irlandesa de Derry, donde seguimos a cinco adolescentes, cuatro chicas irlandesas y un chico inglés, en su día a día durante la década de los 90, mientras al fondo se desarrollan los últimos años del conflicto armado de Irlanda del Norte. La tensión provocada por la situación se puede sentir en todo momento, pero la serie no se centra en esto, sino que lo utiliza como marco en el que desarrollar un relato coming-of-age, es decir, de crecimiento y paso de la adolescencia a la madurez, cargado de buen humor, optimismo y situaciones disparatadas. Salvando las distancias, algo así como lo que hizo Stephen Daldry en Billy Elliot con la huelga minera y la evolución de su protagonista.

Las Derry Girls están lideradas por Erin Quinn (Saoirse-Monica Jackson), una chica muy apasionada que está ansiosa por crecer, enamorarse y experimentar la vida adulta, aunque claramente todavía no está preparada para ello. La acompañan Orla (Louisa Harland), su prima y polo opuesto, una joven bastante marciana a la que no le importa lo que piensen de ella, su mejor amiga Clare (Nicola Coughlan), la voz de la sensatez en el grupo, pero tan ingenua e inexperta como la que más, la bala perdida Michelle (Jamie-Lee O’Donnell), despreocupada, malhablada y alocada, y por último, el primo de Michelle y blanco de sus bromas, James (Dylan Llewellyn), inglés sensible y paciente que desentona en el grupo por ser el único chico matriculado en la escuela femenina de monjas a la que acuden las protagonistas, pero acaba siendo aceptado como una más. 

Además de la pandilla principal, la historia se complementa con las caóticas vidas de sus familias, sumidas en continuo estado de alarma y crispación por el conflicto mientras sus pequeños tratan de vivir su adolescencia con la mayor normalidad posible, y el profesorado religioso, incluida la robaescenas oficial de la serie, la Hermana Michael (Siobhan McSweeney), una monja cínica y sin pelos en la lengua que nos deja algunos de los mejores momentos.

'Derry Girls' (Channel 4/Netflix)

McGee se basa en sus propias experiencias como adolescente en Irlanda del Norte para escribir tramas que nos transportan directamente a los 90 a través de acontecimientos e hitos que marcaron la época, como el fenómeno fan de Take That o la presidencia de Bill Clinton. Con una banda sonora repleta de hits de aquella década (The Cranberries, Blur, Ace of Base, The Coors…) y un look irresistiblemente noventero, Derry Girls es como una máquina del tiempo

Teniendo temporadas de solo seis episodios de 20 minutos, Derry Girls se pasa en un suspiro, pero merece la pena por el buen rato que proporciona. Es difícil borrar la sonrisa de la cara mientras eres testigo de las aventuras cotidianas de este divertidísimo grupo, propenso a meterse en los líos más embarazosos. También es fácil contagiarse de su idealismo y entusiasmo, de su deseo de paz y sus sueños de futuro, así como conectar con sus preocupaciones y, por supuesto, sus hormonas desatadas, porque todos y todas hemos pasado por ahí. 

A menudo caricaturesca y exagerada, pero también real, la serie refleja muy fielmente la experiencia de la adolescencia en los 90 -el amor, el despertar sexual, la experimentación, la presión social-, por lo que aquellos que la atravesaron en esta década se sentirán especialmente identificados. Derry Girls transcurre en la era pre-móviles y redes sociales, como otra joya adolescente de la televisión británica, My Mad Fat Diary, y aunque se ambienta en un lugar y un contexto sociopolítico muy específicos, sus temas son universales y cualquiera puede verse reflejado en ella

La serie nos recuerda cómo era el mundo cuando no estábamos hiperconectados, cuando nuestros padres no sabían dónde estábamos en todo momento, cuando nos pasábamos el día en la calle; pero lo hace sin caer en moralina o idealizar el pasado, con el punto justo de nostalgia, cambiando la lección “cualquier tiempo pasado fue mejor” por un necesario “al mal tiempo, buena cara” y lanzando un mensaje de unidad y resistencia que hoy en día se nos puede aplicar más que nunca.

Lo mejor de Derry Girls es cómo trata temas tan serios como el conflicto bélico, las diferencias religiosas (Derry es conocida por su división entre católicos y protestantes), los prejuicios o la diversidad sexual en una comunidad pequeña (uno de los personajes principales comete el enorme acto de valentía de salir del armario en los 90 a los 16 años), siempre con humor y amabilidad, pero también con acidez y en ocasiones incorrección política. 

El hecho de que las protagonistas asistan a un colegio católico es una gran fuente de comedia, sobre todo en lo que respecta al choque entre la tradición de las monjas y el pueblo y el combativo deseo de progreso de las chicas. Todo esto la convierte en un soplo de aire fresco, una serie tan inocente como inteligente e incisiva, que refleja perfectamente ese salto generacional y sabe exactamente cuándo hacer reír y cuando pararse a reflexionar sobre lo que está pasando, logrando un equilibrio perfecto entre comedia y emoción

Derry Girls es algo más que una serie. Lo expresan perfectamente en la segunda temporada: “Derry Girls es un estado mental”. Es la sensación de unión y pertenencia, de hermandad y sororidad, de ser uno mismo y estar orgulloso de ello, de salir a flote cuando las cosas se ponen difíciles, de reponerse de las humillaciones más dolorosas (siempre magnificadas en la adolescencia), de saber que, pase lo que pase, tendrás a alguien que se siente tan raro y diferente para superar las adversidades contigo y hacerte compañía en este mundo que se desmorona por momentos. Una pandilla de freaks como tú que te acoge con los brazos abiertos. Eso es Derry Girls, un grito de resistencia y un antídoto para la tristeza y el aburrimiento, ahora más necesario que nunca.

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