'Cheer', el fenómeno de las cheerleaders de Netflix que borra los clichés para dejarnos boquiabiertos

Por estos lados, la noción que tenemos de las cheerleaders estadounidenses está inmensamente influenciada por las comedias románticas adolescentes. Chicas malas, engreídas y las más populares del instituto que bailan con pompones en los partidos deportivos de sus escuelas. ¡Pero qué equivocados estábamos! Solo hay que ver Cheer en Netflix para comprobar que el sacrificio físico y el compromiso emocional que esconde esta disciplina es capaz de protagonizar una de las docuseries más efectivas y emocionantes del gigante streaming.

Cortesía de Netflix

En caso de que todavía no hayas caído en la tentación, Cheer es el nuevo “gran” fenómeno de Netflix, causando furor en su paso por el programa de Ellen DeGeneres, sumando fans como Kendall Jenner o Reese Witherspoon, provocando memes virales y con un sketch en Saturday Night Live. Hasta Oprah los subió al escenario durante la parada de su tour en Dallas provocando furor en redes hace unos días.

Por mucho que pensemos en A por todas al ver el tráiler o el cartel promocional de la serie, Cheer demuestra que aquella película de Kirsten Dunst estaba muy lejos de reflejar la verdad detrás de esta disciplina. Aunque muchos le sigamos teniendo cariño, aquella comedia se nos ha quedado muy pequeñita. Porque las cheerleaders de competición universitaria de Navarro College son mucho más que un mero estereotipo de la rubia estudiantil americana. La serie elimina los clichés y nos deja boquiabiertos en cada entrenamiento con costillas y huesos rotos, contusiones, lesiones y golpes que provocan escalofríos. Aquí conocemos que debido a que la competición es cada vez más difícil y peligrosa, el cheerleading provoca más lesiones en mujeres atletas que cualquier otro deporte y no están cubiertas por las normativas de seguridad de la NCAA (la Asociación Nacional de Atletismo Universitario). Sino que están reguladas por una empresa privada, Varsity Brands. Se entregan al máximo, se lesionan y se comprometen por unos minutos al año de competición. Y es tan admirable como triste.

Netflix no vivía un fenómeno de masas como este desde las primeras temporadas de Stranger Things, La casa de papel o Por 13 razones. Creada por Greg Whiteley, el mismo que trajo otra serie similar (pero sobre el fútbol americano) titulada Last Chance U, Cheer se ha convertido en un fenómeno capaz de captar la atención de millones de seguidores, sobre todo en EEUU. Sus protagonistas, cheerleaders del centro universitario Navarro en Corsicana, Texas, ganadores de 14 campeonados nacionales, se han transformado en influencers de la noche a la mañana, sumando millones de seguidores en redes sociales, participando en eventos con fans y promocionando decenas de marcas a través de sus perfiles. Solo hay que hacer una búsqueda de #GabiButler o #MorganCheer para comprobarlo. Las chicas mueven masas.

Y no es para menos. Cheer engloba una fórmula infalible para convertirse en el estreno más adictivo de la plataforma: marginados del deporte, sacrificios, compromisos y chicas volando por los aires con una valentía que deja sin habla. Todo ello contado en uno de los formatos que mejor se le dan a Netflix: los documentales filmados en tono personal que llegan al corazón del espectador. Sus seis episodios son el ejemplo de una docuserie deportiva bien hecha. No solo nos permite conocer mejor esta disciplina, sino que nos adentra en la vida de cada protagonista, las adversidades que muchos lograron superar y cómo el deporte en equipo sacó del abismo a más de uno. Con esta serie nos damos cuenta de que las porritas de comedia romántica o las que entretienen a los espectadores en juegos de la NBA son las princesas de esta disciplina, pero las verdaderas reinas son las que vemos en Cheer.

Cortesía de Netflix

Básicamente, en una rutina de 2 minutos y 15 segundos bailan, hacen volteretas gimnásticas y saltan por los aires apoyadas en las manos y hombros de sus compañeros formando pirámides de infarto sin arneses ni colchonetas. Y desde ahí arriba se lanzan al vacío con los brazos de sus compañeros como única red de rescate. Alguno seguramente piense que no debe ser para tanto, que esto ya lo vimos en películas y eventos deportivos, pero les aseguro que nunca con la intensidad que provoca esta serie. Cheer nos permite conocer cómo la entrenadora Monica Aldama capta a cada uno de sus gimnastas y la rígida disciplina que mantienen, los entrenamientos, lesiones, fallos y caídas que van sufriendo a diario durante varios meses para conseguir la coreografía perfecta que los lleve a ganar el campeonato nacional en Daytona Beac. En varios episodios vemos cómo muchos sufren lesiones que dejan pasar, mientras Morgan Simianer -una de las grandes protagonistas de las redes en estos momentos a raíz de la serie- visita la sala de urgencias de un hospital con dolores en las costillas a raíz de los golpes de brazos con cada aterrizaje de sus saltos en el aire. Se marcha sin querer tomar la medicación porque la dejaría débil para los entrenamientos. Y sigue. Todos siguen.

Con cada episodio conocemos en profundidad la historia que esconde cada deportista. Infancias difíciles, abandonados por sus padres o por la muerte de ellos, acoso escolar por ser diferentes u homosexuales… haciendo que cada voltereta o cada pirueta se convierta en un logro que desafía aquel pasado traumático. La serie lo transmite, exprime el drama con cada salto y en el camino nos hace adictos de la historia. En algunos casos también conocemos a los familiares, como es el caso de Gabi Butler (con 1.5 millones de seguidores en Instagram, un millón más desde el estreno de la serie), la cheerleaders más popular del equipo que ya sumaba popularidad en redes sociales gracias a videos con sus estiramientos que sus padres colgaron en YouTube. Actualmente forma parte de otro equipo y toda su familia ha creado un negocio a costa de su éxito online. Tanto que en una ocasión el padre dice a la cámara que su hija no necesita tener un título universitario porque ya hace mucho dinero. Morgan (1.1 millones de seguidores) también está arrasando, al igual que otra chica que fue expulsada del equipo, Lexi. Pero claro… qué pasará con ellas en unos años nadie lo sabe.

Uno de los motivos que llevan a estos jóvenes a entregarse tanto reside en la entrenadora, una especie de madraza disciplinaria que los protege y exige al máximo, pero también en la noción de que una vez que acaben sus estudios, la competición se termina. Estas chicas, bellísimas en sus atuendos deportivos, maquilladas y peinadas a la perfección como unas verdaderas muñecas de exposición (algo que los hombres del equipo no tienen que hacer como apuntan ellas en un episodio) conforman la moraleja del final de la adolescencia y la entrada a la adultez con pocas perspectivas de futuro. Ellas tienen uno de los futuros deportivos más desechables. Años de entrenamiento para terminar su carrera deportiva de victorias cerca de los 20 años dado que no existe una liga o continuidad más allá de los campeonatos universitarios. Mientras los chicos suelen continuar sus carreras como entrenadores, ellas no disfrutan de la misma facilidad en la industria. El caso de Monica Aldama es una excepción. Y así es cómo vemos a los abuelos de Morgan sugiriéndole que abra un salón de uñas cuando vuelva a casa.

Cheer es una serie adictiva que juega con el drama que guarda la deprimente realidad que le espera a cada uno de sus protagonistas al terminar sus estudios, viéndolas entregadas al máximo, jugándose sus cuerpos con piruetas extremas; pero también protagonizando todo un espectáculo del documental deportivo. La coreografía de Navarro es de los festines visuales más impresionantes del atletismo, así que no te extrañe que después de ver la serie, termines obsesionándote con buscar sus coreografías en redes. A mí ya me pasó.

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