El nepotismo de Hollywood visto bajo la lupa de la igualdad

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Hace unos días Ben Stiller se metió en un embrollo tremendo. Quizás por sentirse ofendido al tratarse de un debate que le toca de cerca, o por meterse donde no le llaman, pero lo cierto es que el actor y director abrió la caja de Pandora con un tema que lleva décadas siendo el gran elefante en la habitación del universo hollywoodense: el privilegio que tienen jóvenes talentos solo por ser “el hijo o hija de...”.

Stiller, que es hijo de una pareja de artistas formada por Anne Meara y Jerry Stiller, se enzarzó en un debate con la intención de quitarle hierro al nepotismo latente en Hollywood a raíz de una noticia que daba a conocer que la hija de Steven Spielberg, Destry Spielberg, está desarrollando un cortometraje con el hijo de Sean Penn, Hopper Penn, y un guion del hijo de Stephen King, Owen King.

Sin embargo, con su defensa, Ben Stiller dejó en evidencia ese privilegio persistente que favorece directamente a los retoños de las estrellas, con accesos, contactos y una exposición más accesible que talentos recién llegados, debatiendo cómo influye esta realidad en la desigualdad que pervive en la industria. Un privilegio real que Ben Stiller demostró lo mucho que Hollywood -repleto de dinastías famosas- se niega a reconocer como un problema en lo que a igualdad de oportunidades se refiere.

Ben Stiller en el Rosie's Theater Kids Fall Gala de 2019 en el New York Marriott Marquis (Photo by Bruce Glikas/WireImage)
Ben Stiller en el Rosie's Theater Kids Fall Gala de 2019 en el New York Marriott Marquis (Photo by Bruce Glikas/WireImage)

El debate comenzó cuando el fundador de The Black List, Franklin Leonard (una web que pretende conectar guionistas con cineastas a través de la disponibilidad de guiones votados por su comunidad), retuiteó la noticia que señalaba el proyecto de los hijos de tres personajes de peso calificándolo irónicamente como “la meritocracia de Hollywood”, y recurriendo como ejemplo al hecho de tratarse de un cortometraje (que prácticamente casi nunca son destacados en medios de relevancia cinematográfica) logrando ser noticia solo por los apellidos que le rodean.

En tan solo media hora, Ben Stiller contestaba, calificando la crítica como un blanco “demasiado fácil”, defendiéndolos como personas que solo están creando. “Cada uno tiene su camino. Les deseo todo lo mejor” escribía.

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Y así comenzó una batalla de tuits en donde Leonard destacaba la importancia de reconocer esos caminos privilegiados, mientras Stiller respondía que, en su experiencia y sin conocer a los tres personajes de la noticia, todos suelen tener sus desafíos a pesar de todo.

A su favor hay que destacar que el actor reconocía que el camino es diferente a “aquellos sin acceso a la industria”, pero abría más polémica al sentenciar que “después de todo la industria es una meritocracia”. Es decir, que por mucho que se tenga un familiar con un acceso más facilitado, no deja de ser una industria donde cada uno debe ganarse su lugar bajo mérito propio.

Pero entonces Leonard exponía un debate mayor y, en mi opinión, acertado al cuestionar a Ben Stiller que, si es una meritocracia “¿cómo explica la falta de diversidad? ¿Acaso es falta de mérito?” Fue entonces cuando Ben Stiller reconoció la diversidad como un problema mayor pero señalando que, al final, si alguien no tiene talento, sea el hijo de quien sea, no dura en la industria. 

Sin embargo, el quid de la cuestión en este debate se poza en cuestionar qué lugar ocupa el nepotismo de Hollywood cuando se trata de igualdad de oportunidades, esas que permiten demostrar el talento como pistoletazo de salida para cualquier principiante (y entonces sí comienza su meritocracia). Entre una marea de tuits, finalmente Ben Stiller aceptó que la perspectiva vertida por Leonard le había “iluminado”, reconociendo que quizás no estén de acuerdo en la generalización de señalar el privilegio de todos los familiares y su acceso a la industria, pero que, al final, la desigualdad es más importante.

Fue entonces cuando Destry Spielberg se sumó a la fiesta con un tuit que más tarde eliminó, pero medios como Variety llegaron a recoger. La hija del rey Midas se defendía diciendo que solo es una cineasta aspirante que admira el arte del cine. “La gente puede discutir sobre nepotismo, pero sé profundamente que he trabajado duro para llegar a donde estoy y no fue fácil”. En otro tuit reconocía haber nacido con privilegio y, por eso, tenía la misión de dar oportunidades a artistas de todo tipo dado que “nadie debería quedarse fuera por las conexiones que no tiene”.

Sin embargo, me pregunto, ¿habría sido noticia Destry Spielberg y su cortometraje de no ser por los apellidos que lo componen (con los hijos de Sean Penn y Stephen King metidos en el ajo)? Siendo consciente del inmenso catálogo de cortos que se hacen al año y que no logran salir del circuito de festivales, lo dudo mucho.

Existen muchos casos donde uno podría plantearse el privilegio de ser familiar de una estrella consagrada. Por ejemplo, Maya Hawke -hija de Uma Thurman y Ethan Hawke- aseguró durante el estreno de Érase una vez en… Hollywood a Variety que hizo una prueba de casting como el resto de aspirantes. Pero evidentemente, al ser hija de la musa de Quentin Tarantino, era inevitable que muchos pecáramos de mal pensados. Sobre todo porque para esa película el director llevó el nepotismo al máximo contratando también a Margaret Qualley (hija de Andie MacDowell), Rumer Willis (hija de Demi Moore y Bruce Willis) y Harley Quinn Smith (hija de Kevin Smith).

Por ejemplo, los Barrymore son una de las dinastías más destacadas de Hollywood, con una Drew Barrymore que alcanzó el éxito a los 7 años con ET, el extraterrestre siendo la ahijada de su director, Steven Spielberg. Y es que no se trata de talento, que evidentemente hace falta a la hora de permanecer en un círculo tan exclusivo como es esta industria (y cualquier otra en realidad), sino más bien de analizar si el acceso que tienen muchos a raíz de conexiones familiares por encima de otros recién llegados afecta a la igualdad de oportunidades.

Es decir, Sofia Coppola es una directora maravillosa, nadie le quita el mérito conseguido con su trabajo ni discute su talento, pero tampoco podemos olvidar que pudo hacer sus pinitos cautivando al mundo cuando su padre, Francis Ford Coppola, produjo Las vírgenes suicidas a través de su empresa, American Zoetrope. ¿Cuántos directores novatos sueñan con su ópera prima y pasan años buscando inversionistas y su oportunidad? Se me ocurre pensar en M. Night Shyamalan que hipotecó su casa en más de una ocasión para sacar adelante sus proyectos. 

Hasta el primo de Sofia Coppola, Nicolas Cage, comenzó su camino haciendo tres películas con su tío (La ley de la calle, Cotton Club y Peggy Sue se casó) aunque optó por cambiarse el apellido para destacar por su cuenta.

Fíjense si el nepotismo es tan real que ni siquiera los espectadores nos cuestionamos la presencia de Kate Hudson en el cine (hija de Goldie Hawn), o que la hija de Bono, Johnny Depp, Meryl Streep, Carrie Fisher o Kate Winslet; o el hijo de Dennis Quaid, Denzel Washington o Kurt Russell ya estén haciendo sus pinitos en la industria. Y no quiero decir que no tengan talento, que no hayan intentado labrarse un camino ajeno al de sus padres, o que no hayan trabajado duro para alcanzar sus oportunidades sino que, evidentemente, no se puede comparar el acceso de ellos (a agentes, información, castings, directores, contactos, exposición de sus carreras, etc.) con el acceso de actores anónimos en busca de una oportunidad dentro de la misma industria.

Es cierto que no podemos culparlos por la cuna que tuvieron, el haber crecido rodeados de información y accesos que más tarde puedan influenciar sus carreras profesionales, por eso se trata de al menos reconocer la existencia del nepotismo y ver qué puede hacer la industria para que no afecte las oportunidades de otros talentos emergentes. Ponerlo sobre la mesa para al menos ser conscientes y hacer algo al respecto. Por ejemplo, como dijo la hija de Steven Spielberg, asegurándose ser consciente de su posición y tener en sus miras dar oportunidades en como futura directora.

Otras figuras incluso han reconocido que el nepotismo hollywoodense existe, aunque a la industria no parezca gustarle plantearlo como un problema. Fue Margaret Qually que dijo a la revista Paper que a veces se plantea si merece su vida. “Aunque me gusta creer que el trabajo duro ayuda, soy consciente que recibí oportunidades desde pequeña que no lograría de otro modo”.

Nadie dice que no trabajen duro para llegar a la cima, incluso es probable que acarren más presión que otros artistas ante las expectativas que trae consigo el apellido familiar, pero me pregunto si las oportunidades directas de los hijos de las estrellas influyen en la necesidad de diversidad e igualdad. Para empezar, los descendientes de Hollywood parten con ventaja al haber crecido dentro. En mi opinión, la reacción primaria de Ben Stiller intentando quitarle hierro al asunto dejó en evidencia que cuando se trata de nepotismo, hay una parte de la industria a la que no le gusta verse el ombligo. 

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