Nell Leyshon: "Si no eres crítica con tu trabajo, nunca vas a mejorar"

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Photo credit: Hattie Miles
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Nell Leyshon (Glastonbury, Somerset, Inglaterra, 1962) tiene una mirada en la que uno podría perderse mientras la entrevista. Unos ojos magnéticos, capaces de atraparte para siempre y que, de repente, se llenan de risas y alegría cuando se le plantean preguntas 'diferentes'.

Le encanta que le planteen retos, aunque para ella uno de los más importantes es responder todas las preguntas en castellano: vivió varios años en Madrid, a finales de los 80, y recuerda perfectamente que en aquella época, la ciudad relucía pero de otra manera. El miedo que se pasaba al salir del metro de Chueca, lo fácil que era que te robaran en Gran Vía... pero también una efervescencia que la cautivó un tiempo.

Si su nombre no te suena (es una de las novelistas y dramaturgas británicas más importantes del momento, combativa y feminista), quizás lo haga su anterior novela, 'Del color de la leche' (Sexto Piso, 15,20 euros), que fue elegida Libro del Año por el Gremio de Libreros de Madrid. O su pieza teatral 'Bedlam', la primera escrita por una mujer que se representó en el Shakespeare's Globe Theatre.

Ahora, Leyshon acaba de publicar un nuevo libro en Sexto Piso, 'La escuela de canto', que se inspira en una carta que le llegó a finales del siglo XVI a la reina Isabel I de Inglaterra en la que se hablaba de un niño de pleno ambiente rural, de Somerset, que formaba parte de un coro.

'La escuela de canto' transcurre en la misma época y la protagonista es Ellyn, una campesina analfabeta que tiene una voz prodigiosa y un enorme don para cantar. Será admitida en una exclusiva escuela haciéndose pasar por chico y comenzará una dura lucha personal en la que no se le borra de la mente el paupérrimo hogar del que viene y a su hermanita pequeña, Agnes.

Photo credit: Hattie Miles
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Recuerda Leyshon que, "desde niña, siempre me enfureció que la sociedad me dijera qué era conveniente o no hacer o estudiar como mujer. Durante mi adolescencia, tuve que plantar cara al sistema escolar para que me permitieran estudiar Dibujo Técnico, como hacía cualquier chico. Era la única chica en clase, y fui la primera en hacerlo en mi condado, tal vez la primera en todo el país".

Con esos recuerdos en mente, ha creado el personaje de Ellyn, una joven que, en principio, niega su cuerpo femenino para finalmente acabar reivindicándose. Su lectura, llena de momentos dolientes y muy evocadora, nos recuerda todo el camino que nos queda por hacer todavía.

El estilo literario que transcribe literalmente, sin puntuaciones, el habla de la protagonista, presente en 'El color de la leche', reaparece en 'La escuela de canto'. Como escritora, ¿te sientes cómoda utilizando ese estilo descarnado o supone un esfuerzo?

Me siento muy cómoda. Si vas a escribir en una voz de una chica del siglo XVI, una chica del campo que no tiene educación, no es una elección hacerlo con ese estilo. Es la realidad. Hay autenticidad en ello.

Pero cuando leemos una novela histórica, el estilo es contemporáneo. ¿Entonces no son auténticos?

¿Pero cómo sabe la puntuación? ¿Cómo sabe esas palabras? Para mí no hay autenticidad. Si el libro hubiera estado escrito por Isabel I habría tenido puntuación y un vocabulario altísimo porque ella era una mujer muy educada y con gran conocimiento de historia, música, idiomas... era increíble. Pero si quiero escribir desde el punto de vista de la protagonista, para mí no hay una elección, lo que busco es la autenticidad.

Uno de los motivos de lucha de la protagonista, Ellyn, es su hermana pequeña. ¿Es igual de fuerte nuestro vínculo con nuestros hermanos que antaño?

Vivimos en una sociedad que es muy competitiva, con el capitalismo hay competitividad entre amigos y hermanos. Ellyn lucha por la vida, pero nuestras luchas son un poquito menos importantes; ¿para qué luchamos en realidad nosotros? Ellyn está haciendo una gran lucha (no solo por la educación) para su hermana, es cierto.

¿Investigaste sobre la Inglaterra del siglo XVI o llevaste cinco siglos atrás los dramas femeninos laborales actuales?

Los problemas son los mismos pero se manifiestan de forma distinta. Cuando escribo no investigo mucho, porque ya escribí una obra sobre la situación de las mujeres al principio del siglo XX y entonces ya indagué porque era una historia real y conocida. Entonces sí hay que hacer esas búsquedas, pero con esa información me resultó muy difícil porque no tenía la libertad de reinventar las cosas. Es más fácil para mí ponerme imaginativamente en otro mundo, explorar, y después hago la investigación. Muchas veces no hay errores porque no es tan difícil imaginarse cómo era entonces.

¿Qué parte del libro te resultó más difícil de escribir?

Coger la voz, porque cuando empiezas a escribir una novela lo importante es empezar correctamente; no quiero decir con la palabra adecuada, sino con el sentido. Con 'Del color de la leche' fue facilísimo porque cogí la voz de Mary al minuto; pero aquí tuve que empezar de nuevo con la voz y con los puntos de vista.

¿Cómo sería el lector ideal de 'La escuela de canto'?

Soy lectora sobre todo, entonces siempre escribo para mí como lector porque hay muchos como yo, con pasión hacia las novelas y leo con mucho. Entonces, como yo: un lector con imaginación porque es un acto creativo leerlos con imaginación.

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Si pudieras conocer en la vida real a Ellyn, ¿qué le dirías?

"Te tengo que enseñar lo que podemos hacer, cuánto poder podemos tener las mujeres"... Sería increíble.

Cómo escritora, ¿cuál es el mejor consejo que has recibido y el que te han dado a ti?

A Brenda Navarro (la autora de 'Ceniza en la boca) le dije que no teníamos control absoluto sobre lo que escribes y que tienes que disfrutar del trabajo. No podemos controlar los resultados; solo podemos controlar el intento, el proceso. Por eso a mí el proceso escrito es lo que me interesa, no me importa lo que va a pasar porque las cosas que me han pasado nunca estaban en mis fantasías entonces es un lío pensar en los resultados. Intento trabajar siempre durísimo y muy serio.

El mejor consejo que he recibido es que todo cuesta más y dura más de lo que piensas, pero no recuerdo quién me lo dijo; creo que un agente. Es otro motivo para pensar "déjalo, todo va a estar bien".

¿El éxito de tu libro ‘El color de la leche’ cambió tu forma de ser personal?

No, nunca, porque no me tomo muy en serio a mí mismo. Tengo que escribir más; todavía no he escrito una novela que me guste completamente, soy muy crítica con mi trabajo.

¿Y las críticas de los demás?

No son tan duros y brutales como yo. No me afectan las críticas porque yo ya sé lo que he hecho, es muy raro que alguien diga lo que yo no sé. Por ejemplo, estoy escribiendo la adaptación para teatro de 'Del color de la leche' y tuve que leerlo de nuevo por primera vez desde que lo escribí. Hice una lectura como lectora y hay millones de cosas que cambiaría ahora: puntuación, vocabulario... ¿Por qué lo escribí así? ¿Por qué lo acepté así?

Si pudieras invitar a varios escritores de cualquier época de la historia a una comida, ¿a quién elegirías?

Hilary Mantel, porque ella es la reina de las escritoras, es como James Joyce, o Jane Austen o William Shakespeare; es increíble y, además, es una mujer con una inteligencia excepcional. Y también Emily Dickinson, William Shakespeare y Toni Morrison. ¡Guau!

Y si pudieras haber escrito cualquier libro de la historia, ¿cuál sería?

'El zoo de cristal', de Tennesee Williams o 'Ancho mar de los Sargazos' de Jean Rhys.

Y para terminar: ¿qué libro has descubierto recientemente y que te haya dejado sin palabras?

'Temporada de huracanes', de Fernanda Melchor. Es muy desagradable, pero a la vez realmente brillante.

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