Natalia Oreiro hace sombra a Madonna con un retrato de Evita más certero

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Por Miguel Ángel Pizarro.- Ya está disponible en Disney+ Santa Evita, la adaptación televisiva de la aplaudida novela de Tomás Eloy Martínez, convertido en uno de los grandes best-sellers de la literatura iberoamericana. La uruguaya Natalia Oreiro, otrora reina de las telenovelas de finales de los 90 e inicios de los 2000, toma el reto de convertirse en la celebérrima Eva Duarte de Perón. Aunque si bien han sido muchas las reinterpretaciones que han narrado la vida de la primera dama argentina, sin dudas el musical de Alan Parker protagonizado por Madonna es el retrato más reconocido por el público internacional.

Natalia Oreiro en 'Santa Evita' (cortesía de Disney+)
Natalia Oreiro en 'Santa Evita' (cortesía de Disney+)

Dado que Santa Evita es una miniserie que podrá verse en todo el mundo, cuenta con doblaje a varios idiomas como el inglés, el francés, el italiano, el portugués o el alemán, va a ser imposible no hacer comparaciones entre las versiones de Evita de Madonna y Natalia Oreiro. Aunque para Madonna, su interpretación como la primera dama es considerado su mejor papel como actriz hasta la fecha, es imposible negar que Oreiro le hace sombra con un retrato de Duarte de Perón no solo mucho más certero, sino con un trasfondo con el que la miniserie busca mostrar un retrato mucho más profundo de Evita.

A diferencia de la película, que sirve como biografía musical del personaje, la miniserie de siete capítulos se centra en el espeluznante caso de la desaparición del cadáver de Evita en 1955, cuando la dictadura cívico-militar secuestró y profanó su cuerpo, el cual yacía embalsamado desde su muerte, tres años atrás, en la Confederación General del Trabajo (CGT). La novela de Martínez combina hechos reales y ficción para narrar todo el complot que hubo para no dejar rastro de la finada, así como todo su proceso de embalsamiento.

Con esa clara diferencia, Oreiro tenía el reto de encarnar a una Evita en su ocaso, próxima a la muerte, lo que conlleva un desafío dramático diferente que el de la cantante de Like a Virgin o Frozen. Y no solo por la labor artística sino por meterse en la piel de un personaje icónico en la historia política argentina, donde las diferentes facciones políticas marcan sus grandes diferencias económicas y sociales. Su mayor crítico y el que tendrá la última palabra, al final, será el público de su país.

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La uruguaya ha demostrado en varias ocasiones tener una vena dramática que ha sabido aprovechar más allá de las telenovelas, con películas como Infancia clandestina o El médico alemán (Wakolda). Su papel de Evita es el más ambicioso de su carrera, al mostrar a una mujer que se muestra impotente, al saber que su final le ha llegado demasiado temprano (Duarte de Perón falleció solo con 33 años por un cáncer cervical).

Todo lo opuesto a la versión de Madonna que, si bien, no tuvo reparos en mostrar los claroscuros de una figura que sigue causando división en la República Argentina, venerada por unos y vilipendiada por otros, tanto la puesta en escena como la premisa distan mucho de la miniserie, que permite a Oreiro sobresalir como la esposa del general Perón. Y a pesar de que no tener tanto peso como el de la artista estadounidense, cada vez que Oreiro sale en pantalla, cuenta con una presencia que, a pesar de su loable intento, Madonna no despliega. Y esto se debe justamente al retrato más humano y creíble que hace la miniserie, plasmándola como una mujer de a pie, con sueños y metas, que nunca habría perdido su esencia. Muy distante al retrato elegantizado del musical que Madonna protagonizó junto a Antonio Banderas.

También Santa Evita tiene un mérito que la película de Alan Parker, ganador del Óscar a la mejor canción original, no tiene: opta por una sobriedad propia de una producción de época, retratando de forma fehaciente el convulso momento histórico y político que vivió el país sudamericano en los 50 (como sus posteriores consecuencias, al hacer un salto en el tiempo a los 70). Muy lejos de la pompa y circunstancia de la cinta de 1996, que fue, ante todo, un derroche de medios para mostrar el poderío de Hollywood en cuanto a superproducciones. Por supuesto, ante tanto glamour, las vicisitudes políticas quedaban en un alarmante segundo plano, cosa que en la miniserie creada por el propio Martínez no sucede.

Confieso que, aunque Madonna hizo un gran esmero para meterse en la piel de Evita, Natalia Oreiro la deslumbra, con uno de los retratos más espeluznantes sobre la primera dama, gracias también a que detrás hay un mayor compromiso con una trama más compleja, que trae los elementos góticos propios de la novela con una mirada histórica que busca también acercarse a los hechos reales. Una combinación que beneficia más a la actriz uruguaya y que me viene a recordar que, ante todo, un buen guion es el que realza una interpretación.

Para quien le interese hacer la comparativa, Santa Evita está disponible en su totalidad en Disney+, mientras que a Evita de 1996 la pueden encontrar en alquiler o compra en plataformas como Prime Video, Rakuten, Google Play o Apple TV.

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