Pocos estrenos fueron tan surrealistas como el de 'La naranja mecánica' en la España de Franco

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Por Alberto Cano.- Fue inevitable que una película tan extrema y provocativa como La naranja mecánica de Stanley Kubrick no tuviera un estreno polémico en plenos años 70. La cinta suscitó críticas, escándalos y censuras alrededor del mundo, pero sobre todo en territorios como España, puesto que la dictadura franquista y el veto a los contenidos cinematográficos que se salían de los estándares del régimen eran aún persistentes. Sin embargo, con La naranja mecánica hablamos de un caso muy especial, puesto que la película logró exhibirse en los últimos compases de la vida Franco sin corte o modificación alguna, aunque para lograrlo, se debió de vivir una de las odiseas más surrealistas que se recuerdan dentro del sector de la exhibición cinematográfica, y que pasó por un engaño a Kubrick e incluso una amenaza de bomba.

Malcolm McDowell como Alex en 'La naranja mecánica (Foto: Film Publicity Archive/ United Archives via Getty Images)
Malcolm McDowell como Alex en 'La naranja mecánica (Foto: Film Publicity Archive/ United Archives via Getty Images)

Desde luego, era inviable que una película como La naranja mecánica pasara la censura franquista. Su violencia, desnudos, escenas tan provocativas y los escándalos y opiniones que había suscitado tras su estreno internacional hicieron que su estreno casi ni se planteara en España. Sin embargo, estábamos en los años 70, momento en el que la vida de Franco languidecía, el régimen empezaba a mostrar una intención de abrirse y en la sociedad había un sentimiento de cambio. Esto permitió que a mediados de la década surgiera la oportunidad de proyectar la cinta de Kubrick dentro de un marco cinéfilo como era el de un festival de cine. Pero no un festival de cine cualquiera, sino el de Valladolid, que en sus orígenes fue un certamen enfocado a cine religioso. Y aquí dio comienzo la polémica.

Al igual que muchos otros rincones del país, Valladolid estaba experimentando cambios relevantes por aquellos años. Hubo importantes movimientos estudiantiles en el ámbito universitario y la ciudad empezó a erigirse como una potencia industrial, ambiente que su festival de cine, el ahora denominado como la SEMINCI, también quiso emular al dejar de lado el nombre de Semana de Cine Religioso de Valladolid y abrirse a propuestas más centradas en los derechos humanos y el cine de autor. Pero Valladolid seguía siendo un lugar con una marcada mentalidad religiosa, y la mera propuesta de la exhibición de La naranja mecánica en el marco del festival de cine generó un inevitable revuelo entre los sectores religiosos de la ciudad que llegó a oídos del mismísimo Stanley Kubrick.

Pese a que el régimen franquista había autorizado la exhibición de la película, fue el director de la misma el que prohibió proyectar su obra en ese marco. El cineasta, siempre muy cuidador y controlador con toda su obra, alegó que las condiciones de proyección que ofrecía el festival de Valladolid no eran las adecuadas, por lo que en abril de 1975, pocas semanas antes de que La naranja mecánica fuera vista por primera vez en España, mandó que devolvieran la copia y vetó por completo la exhibición al pensar que su producción iba a ser mostrada en un marco religioso. Por suerte, Carmelo Romero, director del festival por aquellos años, consiguió perpetrar un engaño a Kubrick para que la cinta pudiera ver la luz en España.

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Y es que Romero, con la ayuda de Warner Bros, consiguió hacerle llegar una carta al director de La naranja mecánica hablándole en profundidad del festival y prometiéndole que la proyección de la película se llevaría a cabo en la Universidad, lugar que fue protagonista de importantes revueltas estudiantiles durante los 70 y que ese mismo año, en 1975, fue incluso cerrada ante los disturbios de los alumnos demandando cambios al sistema. La carta llegó a Kubrick y este, considerando que este ambiente era mucho más adecuado para su película que el de una exhibición de cintas religiosas, acepto que La naranja mecánica se exhibiera en Valladolid. Sin embargo, el director del festival se la jugó.

Debido a que el aforo de la universidad era muy limitado, la calidad de proyección no era la adecuada y la demanda por ver esta cinta protagonizada por Malcom McDowell en España era tan grande, decidió cambiar la localización al teatro Carrión, uno de los principales de la ciudad. Y allí, el 24 de abril de 1975, aún con Franco vivo, la censura del régimen aún presente y a espaldas de la decisión tomada por su director, se pudo ver por primera vez La naranja mecánica en nuestro país. Pero la proyección no estuvo exenta de accidentes.

Debido a la polémica que despertaba el título y al rechazo que generó esta proyección entre la población, se trató de boicotear la exhibición con un falso aviso de bomba con la película ya empezada. Carmelo Romero, director del festival, tomo la decisión de seguir adelante y asumir toda la responsabilidad en el caso de que una tragedia sucediese. Y evidentemente nada sucedió. Ni siquiera la película generó tanto impacto en los espectadores como el mito de su prohibición parecía sugerir. De hecho, la reacción tan calmada de la audiencia fue lo que motivó a la comisión de censura a permitir que La naranja mecánica se estrenara comercialmente en España en junio de 1975, cuando Franco aún no había muerto. Lo hizo en cines de arte y ensayo y más adelante en importantes salas de Madrid y Barcelona. No obstante, hubo que esperar a 1980, después de la transición democrática, para que la distribución de la cinta de Kubrick pudiera verse de manera masiva en todo el país.

Todo el surrealismo que rodea esta historia ha sido recogido en el documental La naranja prohibida, cinta que TCM estrena en televisión el viernes 17 de diciembre. El viaje que realiza a través de la historia de La naranja mecánica, el festival de Valladolid, los cambios experimentados por la ciudad en los 70, sus revueltas estudiantiles, el cómo se vivía la cinefilia bajo el yugo de la censura o las declaraciones del propio Carmelo Romero, de asistentes a esa primera proyección de La naranja mecánica en España o del mismísimo Malcom McDowell (quien ejerce de narrador), es realmente apasionante.

Tuve ocasión de ver el documental durante la pasada SEMINCI, en el mismo teatro donde transcurrió aquella legendaria exhibición y con el propio Malcom McDowell presente en la sala tan solo unas filas detrás de mí, y acabó siendo una de esas experiencias cinéfilas que nunca se olvidan. Eso sí, también es cierto que La naranja prohibida patina bastante a la hora de tratar el tema de la censura, puesto que cierra a través de un discurso manipulador sobre la supuesta vuelta de esta alegando que hoy en día no se podría hacer una película como La naranja mecánica. Y me parece frivolizar sobre el mismo a la vez que tirar por la borda toda la exposición previa. Porque no es que hoy en día no se pueda hacer algo similar, es que tal vez detalles que en los 70 podían resultar provocadores y escandalosos hoy parecerían innecesarios, molestos y fuera de lugar. Además, creo que la película de Kubrick es una obra que va mucho más allá de su exhibición de violencia y sexo y hoy se podría perfectamente plasmar algo similar en pantalla.

Aunque salvo este detalle, es todo un placer conocer esta historia mediante imágenes, documentos y declaraciones de muchos de los implicados en la odisea que fue exhibir La naranja mecánica en España con el franquismo aún presente.

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