Solo el coronavirus puede frenar al nuevo Nairo Quintana

Photo by Luc Claessen/Getty Images

Miren la foto: es de un ciclista que no duda. Mira hacia adelante, fija el objetivo, no se preocupa de la distancia ganada porque sabe que irá a más y desde luego no saca el codo pidiendo relevos porque está convencido de que nadie le ha podido seguir el ritmo. Corresponde a la séptima etapa de la pasada París-Niza, la que acabó en Valdeblore La Colmiane y que Nairo Quintana ganó con una facilidad asombrosa, sacando casi un minuto en cuatro kilómetros a sus principales rivales.

Esto, la verdad, no debería de ser noticia. Nairo Quintana no solo es ganador de Giro y Vuelta y ha subido tres veces al podio del Tour, sino que es el único corredor de la historia junto a Laurent Jalabert en ganar etapas en las tres grandes vueltas y en las siete principales competiciones de una semana. Su palmarés es probablemente el más impresionante de cualquier corredor en activo que no haya corrido nunca en el equipo Sky. Y, sin embargo, sí que sorprende, porque todos los aficionados, todos los expertos, pensaban que Quintana estaba acabado. Todos menos él.

Cuando en septiembre del año pasado, en plena Vuelta a España y en medio de las discusiones sobre quién debía ser el líder del Movistar, Nairo anunció su fichaje por el Arkea francés, muchos pensamos que se había vuelto loco. Aún con 29 años, parecía el reconocimiento de que su lugar estaba lejos de la élite. Dio igual que en esa misma Vuelta, Quintana coqueteara con el liderato y ganara una etapa: la sensación de decadencia era inevitable y los palos, constantes. Irse a un equipo que ni siquiera estaba en el World Tour no ayudaba en absoluto.

Cierto es que el Arkea no es un equipo Pro Team cualquiera. Quintana comparte plantilla con corredores como Warren Barguil, Diego Rosa o Nacer Bouhanni y ha conseguido llevarse de Movistar a su hermano Dayer y al irregular Winner Anacona, dos gregarios que sabe que no le van a fallar. Su principio de temporada ha sido excelso: ganador en el Tour de la Provence, ganador en el Tour des Alpes y sexto puesto con la exhibición mencionada en la París-Niza.

Quintana no solo ha ganado confianza en un equipo hecho a su medida sino que se ha deshecho de las expectativas que le atosigaban en el Movistar. Las expectativas que hacen que una carrera excelsa parezca vulgar. Que un corredor de primerísima línea se acabe convirtiendo en objeto de mofa y meme en las redes sociales. Las expectativas que le rodean desde que en 2013, con 23 años, fuera segundo del Tour de Francia detrás del inabordable Chris Froome. Quintana, como Bernal ahora, estaba llamado a ganarlo todo y cerca estuvo de hacerlo, pero conforme pasaban los años y no se erigía en dominador absoluto, las críticas fueron aumentando, cada vez más crueles.

Es cierto que parte de culpa fue suya. Él fue en el que entró en ese ciclo de dudas, en ese “ataco por atacar y luego me quedo” en ese insistir en que le dieran relevos, en ese agónico mirar hacia atrás. Se convirtió en un corredor antipático para muchos aficionados, probablemente el primer escalador antipático que recuerdo. Su resurrección, coincidente con su 30º cumpleaños, invita a pensar en una liberación mental que le vuelva a llevar a lo más alto en todas las carreras. Que deje atrás este par de temporadas de “rascar” triunfos de etapa (que los rascaba, ojo, los rascaba sin que nadie le regalase nada) y se ponga a luchar de tú a tú con los Roglic, los Dumoulin, los Bernal, los Pogacar...

Solo la mala suerte puede mitigar la explosión: esta resurrección de Quintana no ha podido llegar en peor momento. El calendario ciclista está suspendido hasta después del Giro de Italia y no está nada claro que lleguemos a tiempo para el Tour de Francia. En ese sentido, como en tantos otros, Quintana no ha tenido suerte, le ha faltado el don de la oportunidad que a otros les bendice desde el inicio de su carrera. Congelemos esta imagen de determinación y busquémosla de nuevo cuando corresponda. Volvamos a disfrutar del corredor a quien el periodista Carlos Zúmer bautizó como “el nuevo escarabajo”.

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