Así es como la música protege al cerebro de la degeneración (y del Parkinson)

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La música es una de las estrategias para frenar el deterioro congnitivo, y así lo demuestra el actor Michael J. Fox,  uno de los máximos referentes mundiales en la lucha contra el Parkinson. (Foto: Noam Galai/Getty Images for The Michael J. Fox Foundation)
La música es una de las estrategias para frenar el deterioro congnitivo, y así lo demuestra el actor Michael J. Fox, uno de los máximos referentes mundiales en la lucha contra el Parkinson. (Foto: Noam Galai/Getty Images for The Michael J. Fox Foundation)

¿Quién nos iba a decir que al escuchar música podríamos estar protegiendo la salud de nuestro cerebro y evitando el deterioro cognitivo asociado a la edad, preludio de algunas de las enfermedades neurológicas más frecuentes? Pues así es, la ciencia ha probado que con la música conseguimos activar los dos hemisferios del cerebro y crear más conexiones entre ellos.

De hecho, "la música podría ayudar al cerebro a repararse a sí mismo y ser una posible solución adicional para las personas mayores con afecciones neurológicas", tal y como asegura Rebecca Atkinson, musicoterapeuta neurológica e investigadora en la Universidad británica de Brighton a The Conversation. Los investigadores han hallado evidencias de que efectivamente se puede utilizar la música para tratar muchas afecciones neurológicas diferentes, como un derrame cerebral, la enfermedad de Parkinson o una lesión cerebral.

Algunos estudios han probado que escuchar algunos tipos de música, como la clásica, mejora la actividad de los genes implicados en la secreción y transporte de dopamina, la función sináptica, el aprendizaje y la memoria. En concreto, uno de los genes que ve aumentada su expresión es sinucleína alfa (SNCA), un gen implicado en el Párkinson, y que se encuentra en la región de vinculación más fuerte relacionada con la aptitud musical.

A su vez, los investigadores encontraron que escuchar música provoca una bajada de expresión de los genes asociados a la neurodegeneración, lo que implica un papel neuroprotector de la música.

También se ha demostrado que cantar, tocar un instrumento o escuchar música activa numerosas áreas del cerebro que controlan el habla, el movimiento y la cognición, así como la memoria y la emoción, y lo mejor de todo es que a menudo todo esto ocurre al mismo tiempo. Sorprendentemente, la ciencia también sugiere que la música puede aumentar físicamente la materia cerebral, lo que podría ayudar al cerebro a repararse a sí mismo, como indicábamos al principio.

Décadas y décadas de investigación que han arrojado múltiples evidencias de los efectos positivos de la música en el cerebro y han hecho que esta se postule como un posible tratamiento para los accidentes cerebrovasculares, las lesiones cerebrales e incluso el Parkinson.

Por ejemplo, los estudios muestran que para las personas con Alzheimer, la música a menudo puede provocar una reacción, ayudando a los pacientes a acceder a recuerdos que antes se habían perdido. También hay evidencia de pacientes que sufrieron daño cerebral y perdieron la capacidad de hablar (hablamos de la afasia, la enfermedad que le acaban de diagnosticar a Bruce Willis), aún pueden cantar cuando se reproduce música.

Por otro lado, gracias a los avances en técnicas de neuroimagen, como la resonancia magnética funcional, se ha podido observar cómo nuestras estructuras encefálicas experimentan diversos cambios. Tanto a nivel anatómico como funcional. Dicho de otro modo, la música no solo es una fuente de entretenimiento sino que genera efectos que van más allá en las amplias redes neuronales, afectando también a la emoción, la memoria y la conducta.

Otros estudios de neuroimagen muestran que tanto al escuchar como al hacer música se estimulan conexiones en una amplia franja de regiones cerebrales normalmente involucradas en la emoción, la recompensa, la cognición, la sensación y el movimiento. De hecho, las nuevas terapias basadas en la música pueden favorecer la neuroplasticidad -nuevas conexiones y circuitos- que compensan en parte las deficiencias en las regiones dañadas del cerebro.

La implicación de la música en nuestro cerebro engloba muchas áreas. A modo de síntesis, aquellas estructuras más involucradas son (Custodio y Cano-Campos, 2017):

  • Corteza prefrontal rostromedial: Esta área muestra distintos niveles de activación según el tono y el ritmo. De tal manera que cuando escuchamos una melodía, la corteza prefrontal está activada procesando también la parte emocional. Además, dicha zona (conectada al lóbulo temporal) se activa en el razonamiento y en el proceso de recuperación de recuerdos.

  • Lóbulo temporal derecho: Relacionado con el procesamiento básico del sonido, el hemisferio derecho registra el ritmo y el tono emocional cuando nos comunicamos. En personas con ataques epilépticos que tuvieron que someterse a una operación quirúrgica, donde parte de este lóbulo tuvo que ser extirpado, se observó que empezaron a tener serios problemas para percibir las melodías. Esta misma operación en el lóbulo izquierdo no conllevó tales consecuencias.

  • Sistema límbico: Aquellas regiones cerebrales que están relacionadas con el reconocimiento del ritmo o la melodía están ligadas con la parte emocional que rige tal sistema. Asimismo, dicha parte emocional implica al sistema dopaminérgico estriado. Este sistema límbico se encuentra conectado con áreas relacionadas con la memoria, como el precúneo, corteza sensorial o giro supramarginal.

Todo esto ha hecho que desde el ámbito de la salud se utilice la música con el fin de mejorar, mantener o intentar recuperar el funcionamiento cognitivo, físico, emocional y social, y ayudar a lentificar el avance de distintas condiciones médicas.

Por eso, cada vez más médicos están a favor de la 'musicoterapia neurológica' (NMT, por sus siglas en inglés) ya que través de la utilización clínica de la música, se activan procesos fisiológicos y emocionales que permiten estimular funciones disminuidas o deterioradas y realzar tratamientos convencionales, tal y como recoge la literatura científica.

De hecho, se han observado importantes resultados en pacientes con trastornos del movimiento, dificultad en el habla producto de un accidente cerebrovascular, demencias, trastornos neurológicos y en niños con capacidades especiales, entre otros. De ahí que desde hace unos años la musicoterapia neurológica esté siendo implementada en hospitales y centros de neurorrehabilitación alrededor del mundo gracias a la abundante evidencia neurocientífica y al creciente interés por los efectos de la música en el cerebro.

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