Musethica: 10 años acercando la excelencia musical a públicos diversos

Zaragoza, 20 nov (EFE).- Este sábado se ha cumplido una década desde la primera actuación del elenco de Musethica en el zaragozano Colegio de Educación Especial Rincón de Goya. Desde entonces, han abanderado la excelencia que caracteriza al proyecto en más de 3.000 conciertos para públicos distintos a los que encontramos habitualmente en las grandes salas.

Hablamos de recitales íntimos en centros para personas con discapacidad, psiquiátricos, colegios de primaria y secundaria, hogares de mayores, cárceles, pisos de acogida, centros de internamiento, albergues municipales, comedores sociales o centros de desintoxicación.

“Cuando tengo que explicar de forma sencilla qué es Musethica, lo resumo en que es un proyecto de formación de jóvenes músicos excelentes con un modelo basado en tocar y compartir la música con personas y en lugares en los que no es habitual que llegue la música clásica”, concreta la confundadora de la iniciativa, Carmen Marcuello, en una entrevista con Efe.

La idea nació “en la cabeza y el corazón” de Avri Levitan, violista israelí reconocido internacionalmente que recaló en el Conservatorio Superior de Aragón con la determinación de “dar un paso más” para poder enseñar a los músicos a los que formaba aquellas cosas que no se pueden aprender en el aula.

Así que con la dirección musical de Levitan, que actualmente vive en Berlín, y la tarea de Marcuello en toda la parte social, este pionero proyecto nacido en Zaragoza se extendió primero a Alemania y luego a Israel y Suecia, donde cuenta con sedes, además de colaborar de forma habitual con Austria, China, Finlandia, Francia, Holanda, Lituania, Noruega y Polonia.

MÁS DE 3.000 CONCIERTOS EN 10 AÑOS

“Empezamos en Zaragoza en 2012, actualmente estamos en doce países con la idea de seguir incrementando la colaboración. Hemos llegado a los 3.000 conciertos, más de 120.000 personas de audiencia, 530 músicos y 730 centros colaboradores”, narra Marcuello para expresar la magnitud que esta iniciativa, que solo en Aragón se ha concretado en setecientos recitales en los que los músicos tocan exactamente lo mismo que en una sala de auditorio.

El repertorio es música de cámara y puede ser desde un Souvenir de Florence de Tchaikovsky, hasta una pieza más moderna de Ligeti: “No hay una adaptación al público, porque entendemos que esa capacidad de escucha y de comprender la música clásica es universal”.

Para entenderlo, Marcuello cuenta cómo fue ese primer concierto hace diez años en la escuela de educación especial zaragozana, donde interpretaron entre otras piezas una Chacona de Bach adaptada para cuatro violas: “Esa Chacona sonó mejor que nunca, hubo unos silencios… ¿Sabes cuándo no se oye nada y solo está la música? Notas cómo va llegando, no solo a los oídos, sino a la persona, y sientes cómo cambia la actitud y la mirada. En ese momento, dijimos: Esto es lo que queremos hacer”.

De hecho, Musethica volverá en los próximos días al Colegio de Educación Especial Rincón de Goya, uno de los centros sociales aragoneses escogidos para festejar su décimo aniversario, en una gira que concluirá el 4 de diciembre en la sala Luis Galve del Auditorio de Zaragoza.

Y tras ese recital en 2012 fueron multiplicando conciertos en centros sociales con músicos que se presentan a una exigente convocatoria internacional para acceder al programa de Musethica, que les ofrece una formación que dista mucho de la experiencia que pueden obtener tocando en un auditorio convencional.

Los músicos, integrantes de cuartetos o artistas que no se conocen para formatos más grandes, suelen llegar el viernes a la ciudad en la que se van a realizar los recitales, para poder ensayar intensamente el fin de semana con un profesor referente en su instrumento.

El lunes, comienzan un periplo por los centros sociales programados, con dos conciertos cada mañana y ensayos por la tarde. Concluyen la semana con una actuación pública en una sala de conciertos convencional, después de atesorar la experiencia de cinco días deleitando a públicos de lo más diverso.

“Hay una continua y constante mejora de un concierto a otro, de seguir buscando la mejor interpretación. El concierto final es impresionante, por todo lo que ha ocurrido durante la semana”, expresa Marcuello sobre el bagaje que da enfrentarse a un público “muy exigente y honesto” como es el de los centros sociales.

UNA EXPERIENCIA QUE PERMITE “TOCAR HACIA FUERA”

Por eso, muchos de los músicos que participan en estos encuentros cuentan que esta experiencia “les obliga a salir de esa forma de tocar más íntima a tocar hacia fuera”.

“Para ellos es una forma de descubrir a un público que les está pidiendo, no sé cómo decirlo, como más”, relata la directora social sobre las impresiones de estos artistas internacionales, que valoran la implicación y la cercanía que propician estos pequeños encuentros, normalmente, con menos de 25 espectadores.

Porque, como explica el reputado saxofonista Mariano García, profesor en el proyecto, en uno de estos conciertos especiales “da tiempo para experimentar casi de todo”: “Hay veces que lo haces en un salón, otras en una salita, otras he participado yo solo en una habitación de hospital, entonces, el tamaño influye mucho en cómo te tienes que adaptar y la sonoridad”.

“Hay muchas veces que están tocando y ves reacciones directas en el público, algo que normalmente no pasa en una sala de conciertos. Puedes ver un movimiento, el entusiasmo o incluso un poco de rechazo hacia una música que sea más disonante o contemporánea. Esto es algo a lo que no estamos acostumbrados y es súper bonito ver ese nivel de reflejo de la comunicación de lo que estás haciendo”, explica García, que ha formado con Musethica a jóvenes cuartetos de saxo que actualmente cuentan con una importante proyección internacional, como Kebyart Ensemble o Synthèse Quartet.

UN PROYECTO QUE NO FUNCIONARÍA SIN EXCELENCIA MUSICAL

Para él, una de las características que mejor distinguen a este proyecto es la excelencia de los músicos que, además, ofrecen lo mismo que tocarían en una gran sala de conciertos clásica, sin adaptación alguna al público que tienen delante.

“Me sorprendía al principio ir a escuchar cómo iban a lo mejor a la Fundación Down y proponían un sexteto de Brahms, que es media hora de música muy seria y muy densa. Pero luego me sorprendía mucho más la actitud de la gente, esa sensación de respeto y cómo notabas que allí se generaba energía y se transformaba algo”, relata García, que comenzó a colaborar tocando en un hospital.

Porque, como opina la cofundadora de Musethica, este proyecto no funcionaría nunca si no tuviera la calidad y la excelencia que se exige a los músicos. Algo que, sin duda, percibe su público.

Y lo ilustra con algunos de los momentos que más le han llegado durante estos diez años. Por ejemplo, cuando uno de los asistentes a un concierto para la Asociación de Parálisis Cerebral (ASPACE) remarcó tras escuchar un Octeto de Schubert que esa música transmite muchas emociones y que hay que estar extremadamente atento para no perderse ninguna. O cuando los pacientes del psiquiátrico se pusieron en pie después de un Quinteto de Dvořák, “porque les ha llegado, pero les ha llegado porque ha sido una interpretación magnífica”. Y con esta acogida, para los músicos también es “como vivirlo el doble”.

Inés Escario

(c) Agencia EFE