Murió Joel Schumacher, director de 'Batman Forever' y 'The Lost Boys', tenía 80 años

Natalia Trzenko

Joel Schumacher, director de películas como “Batman Forever”, “The Client”, “Phone Booth” y “St. Elmo’s Fire”, murió a los 80 años en Nueva York, a causa de un cáncer que lo aquejaba desde hacía unos años.

Reconocido más por sus fracasos que por sus aciertos, Schumacher tuvo una carrera ecléctica, repleta de films comerciales, thrillers de suspenso de buenos a mediocres, algunos melodramas y unas cuantas películas de escala más chica que demostraban una sensibilidad ausente en sus proyectos más taquilleros. Como las dos entregas de la saga de Batman, una posta que tomó de Tim Burton y que lo convirtieron en el objeto de desprecio de los fanáticos del personaje y de la burla de Hollywood. Hasta George Clooney, protagonista de “Batman y Robin”, durante años apuntó al director por el traje que le había hecho poner al personaje -esos pezones-, y el hecho de haber interpretado al superhéroe como un hombre gay. Schumacher, que nunca ocultó su homosexualidad, fue señalado como el culpable absoluto del fracaso de aquel film.

Claro que las malas críticas lo acompañaron casi desde el inicio de su trabajo en cine. Sus comienzos fueron en los años setenta como diseñador de vestuario de películas como “Sleeper” e “Interiors”, de Woody Allen, entre otros proyectos en los que también trabajó como diseñador de arte y producción, un rubro por el que sería reconocido el resto de su carrera. Ya fueran historias de acción, comedias juveniles, policiales, films de suspenso o la adaptación del musical “The Phantom of the Opera”, el diseño de sus escenarios daba cuenta de una marca de autor que la puesta de cámaras o los guiones a veces no demostraban.

Como integrante de la movida cultural de Nueva York en los años setenta, amigo del diseñador de indumentaria Halston con el que había estudiado en el instituto de la moda, y de Woody Allen, Schumacher decidió continuar su carrera en el cine como guionista. En 1978 adaptó “The Wiz” en la versión del clásico infantil que protagonizaron Diana Ross y Michael Jackson, y después de probar suerte como director televisivo pasó a la realización de cine con la comedia de ciencia ficción “The Incredible Shrinking Woman”, protagonizada por Lili Tomlin.

A ese film lo seguiría su primer éxito de taquilla y la película que demostró que Schumacher tenía una especial habilidad para trabajar con actores con potencial de estrella. Se trató de “St. Elmo’s Fire”, una comedia dramática sobre un grupo de amigos de la universidad adaptándose a su vida como adultos que protagonizaban Demi Moore, Rob Lowe, Emilio Estevez, Ally Sheedy, Andrew McCarthy y Judd Nelson, un grupo de actores conocidos como el "Brat Pack" que se transformaría en fenómeno cultural y viral décadas antes de las redes sociales. Años más tarde también sería el responsable de descubrir a un joven actor irlandés, Colin Farrell, con el que trabajó en “Tigerland” y “Phone Booth”.

En 1987 dirigió “The Lost Boys”, una historia de seductores vampiros adolescentes que le dio impulso a las carreras de Jason Patric y Kiefer Sutherland, mientras que la trayectoria del realizador se volvió un tanto errática. A principios de los años 90 fue el director del thriller “Flatliners”, con Julia Roberts y Sutherland, a la que siguió el melodrama “Dying Young”, también con Roberts. Entre la realización de videos musicales para Lenny Kravitz e INXS dirigió su película más lograda: “Falling Down”. El retrato de un hombre gris -encarnado por Michael Douglas- harto de las pequeñas y grandes injusticias que lo rodean en una inhóspita Los Ángeles a la que siguió con la eficaz y exitosa “The Client”, podrían haber sido los proyectos que Schumacher necesitaba para empezar a ser tomado en serio en Hollywood. Pero claro, esos éxitos lo pusieron en el camino del hombre murciélago y lo que sucedió después ya es historia conocida.

En un largo reportaje que le hizo el año pasado el sitio Vulture, el director reflexionaba sobre su vida, el periodo en que su adicción a las drogas hablaba de su sexualidad en términos que lo hubiesen desterrado de Hollywood -si todavía hubiese tenido interés por trabajar allí-, y recordaba anécdotas de su trabajo con actores como Tommy Lee Jones ("dije que era un idiota") y Val Kilmer ("en el set de ‘Batman Forever’ se comportó como un psicótico"), pero sobre todo, ya retirado, le volvió a declarar su amor al cine. "Cada toma es un trabajo duro. Y felizmente puedo decir que no habría querido hacer ninguna otra cosa".

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