Mujeres humoristas: la nueva forma de hacer reír

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Photo credit: dr
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Ana Morgade

Photo credit: Darío Aranyo
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«El humor siempre es un buen síntoma». Ana Morgade (Madrid, 1979) lo tiene claro, aunque puntualiza sobre su fin: «Normalmente se le achaca eso de que te tiene que cambiar el día. Pero yo creo que quien lo debe hacer eres tú». Tras esta reflexión, la actriz y presentadora, que desde hace 15 años se dedica al mundo del entretenimiento en cine, radio y televisión, confiesa que lo que a ella realmente le saca una sonrisa son cosas sencillas como tener «muchísimo dinero» –dice con sorna– «o tiempo: con los años me he dado cuenta de que es una de las cosas que más feliz me hace. Precisamente es lo único que no puedes comprar, lo único que no puedes recuperar, lo único que no vuelve nunca y lo único que no merece la pena perder».

Sus gafas y su ironía la han convertido en una de las reinas de la comedia, terreno en el que ella se mueve como pez en el agua y sobre el que tiene bien meditados sus objetivos: «Uno de los grandes propósitos que tengo en mi vida es reírme de todo lo que se pueda. Por eso, una de las frases que más rabia me dan es “bromas aparte”. Cuando alguien la dice yo dejo de escuchar».

Sin embargo, en su trabajo, la empatía es esencial: «Yo intento ser lo más graciosa posible, sobre todo porque hay gente escuchando y se merece un mínimo de respeto. Es como si vas a por pan y te dan espaguetis: te quedas con cara de pazguata. Así que, si la gente viene buscando humor, yo se lo doy. Aunque a veces me pase o no llegue», reconoce. Porque para ella, «hacer comedia es como hacer cosquillas, y para eso no hay una fórmula matemática. Cada uno tiene su sensibilidad. Incluso las mismas cosquillitas un día te parecen lo más y otro dices “quita que te reviento”. Es imposible cogerle la temperatura. Pero ahí estamos... corriendo por el bosque a ver si encontramos al gnomo».

Susi Caramelo

Photo credit: Darío Aranyo
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La irreverencia y el descaro son dos de las señas de identidad de Susana Cabero, humorista y reportera nacida en L’Hospitalet de Llobregat (1980), y apodada Caramelo por sus amigos hace años en un bar de Chueca. Su goloso nombre ha conseguido resaltar un estilo tan libre como ese espíritu heredado, confiesa, de las mujeres de su familia. «Me gusta la gente con gracia innata. Y también esos cómicos que tienen un punto infantil, los que dejan ver su niño interior», dice esta ferviente defensora de la pibonexia –esa creencia de estar más buena de lo que estás–, pero que también se toma muy en serio su trabajo.

«Suelo recurrir a una frase: “No hay talento sin voluntad”. Cuando te dedicas a esto, tienes que tener la moral muy alta, porque esta es una profesión solitaria y dura. Y hay que tener mucho aplomo, porque muchas veces puedes volver hundido a tu casa. Si quieres ser cómico, tienes que comerte mucha mierda», dice sin sonrojo. Pero ella sabe que la clave del éxito está en el equilibrio «entre el chiste y la ofensa... y la sensatez del público para distinguirlo».


Miss Beige

Photo credit: Darío Aranyo
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Si Jacques Tati o Buster Keaton levantaran la cabeza, seguramente rebuscarían en el bolso de Miss Beige para atizar simbólicamente a unas cuantas mentes retrógradas con su impenitente martillo o compartir pipas con este fascinante personaje creado por Ana Gallego –Esmith en el terreno artístico–. Para esta actriz, periodista y performer, «la inspiración siempre surge de la realidad cotidiana, y luego me lo llevo a mi propio mundo para darle un imaginario personal».

Tanto que hace dos años cautivó con su mochila de repartidor de Glovo paseando su imperturbable palmito por la feria ARCO. Hoy, su look monocromático y su gesto severo se han convertido en una suerte de alegato en contra de los estereotipos de género, además de un referente antiselfie en Instagram (@miss__beige).

Y aunque su humor sin palabras resulta muy elocuente, si en estos momentos Miss Beige tuviera que decir algo, según su creadora sería: «El aborto es un derecho». Porque su provocativa reconstrucción de la identidad contemporánea y los espacios en los que se representa han creado un fenómeno tan divertido como inquietante que, sin duda, hace felices a los que aplaudimos el humor inteligente.

Valeria Ros

Photo credit: Darío Aranyo
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«Muchos piensan que lo peor que le puede pasar a un humorista es que la gente no se ría, sin embargo creo que esa es una manera magnífica de aprender. En comedia, el fracaso es un éxito, porque te enseña mucho sobre cómo construir la narrativa», apunta Valeria Ros (Getxo, Vizcaya, 1986). Aunque para esta guionista, presentadora y monologuista, «lo peor sería no saber que no haces gracia o no vales para el escenario. Como el pesado que no es consciente de que lo es».

A ella, si hay dos personas que le ponen de buen humor son su abuela y su hija, aunque después enumera a sus colegas y amigas, porque «la comedia es un escudo y también una manera de combatir el drama. Toda mi vida he lidiado mis dramas con la risa, es algo visceral. Y no sé cuándo le di la vuelta a la tortilla, pero en ocasiones creo que inconscientemente buscaba el drama para contarlo», confiesa la colaboradora de Zapeando.

De su vocación también ha sacado muchas lecturas útiles para su día a día: «La vida, con humor, minimiza los problemas». Aunque haya límites que cada uno decide no rebasar: «La comedia, sin duda, también nos ayuda a reflexionar sobre todas esas cuestiones en las que aún tenemos que avanzar».

Cristina Gallego

Photo credit: Darío Aranyo
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«La comedia para mí es un juego en el que siempre participan dos: el espectador o el oyente y el cómico. Y tiene que provocar placer a ambos».
A partir de esta lúdica premisa, Cristina Gallego (Cáceres, 1979), con formación en ballet clásico, se empeña en mantener ese delicado equilibrio entre los límites del humor. «Es un debate interesante, sobre todo ahora que las susceptibilidades se han afinado muchísimo y es un espacio vulnerable. ¿Quién establece la línea que pasa de lo gracioso a la ofensa? Es como ponerle puertas al campo», sostiene.

«Todos sabemos a qué estamos jugando, pero deberíamos tener libertad para ejercerlo libremente, porque al final la comedia es el subtexto del drama de la vida. Trabajando siempre, eso sí, en los términos de ese pacto tácito, porque el humor descontextualizado es agresivo e hiriente, pero en el contexto adecuado también debería ser respetado», remata.

Otra cuestión a debate es el género. Gallego, como el resto de sus colegas femeninas, coincide en que no ha de tenerlo: «La comedia es necesaria, valiente y arriesgada, pero en el momento en el que se plantea si tiene género, ya indicaría que hay un problema. No se puede justificar que haya diferencias, y menos a estas alturas», reivindica.

Para la célebre imitadora de Isabel Díaz Ayuso en El Intermedio, «la risa siempre es una buena manera de subvertir el drama, aunque también este necesita su tiempo para ser filtrado desde otra perspectiva». Y a ella lo que le alegra la vida es un buen vino, su gato, viajar a Galicia o ver un buen espectáculo: «A mí reírme me salva a diario en cada pequeña batalla que tengo, porque me meto en muchos jardines y me permite salir más o menos airosa cuando meto la pata... así que es mi pan de cada día».


Inés Hernand

Photo credit: Pablo Sarabia. Maquillaje y peluquería: Ismael Bachiller.
Photo credit: Pablo Sarabia. Maquillaje y peluquería: Ismael Bachiller.



Estudiar Bellas Artes, ejercer Derecho, ser pluriempleada y reivindicativa han sido algunas de las herramientas con las que Inés Hernand, originalmente Hernández (Madrid, 1992), ha sido capaz de agrandar su faceta más cómica. Esta comunicadora ha entrado en la treintena convertida en una de las mujeres más influyentes de televisión.

Según ella, «gracias a la democratización de las redes sociales y que se hayan roto de algún modo los espacios hegemónicos», se han abierto las puertas a muchas mujeres de su generación que hacen humor de maneras muy diversas. «Pero también reivindico la mediocridad, yo veo a un montón de tipos sin talento ganándose una pasta... Así que ¿por qué no lo puedo hacer yo?», arroja sin complejos.

Ese talante, heredado de las mujeres magníficas que la han inspirado a lo largo de su vida –como su abuela– es el mejor ejemplo de que una nueva narrativa es posible: empoderada, divertida y que cada vez cautiva a más seguidoras. «El humor es un mecanismo esencial en la vida de cualquier ser humano para hacer de tu vida algo más grato», ultima.

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