Conoce a las mujeres hartas del feminismo que optan por ser sumisas a sus maridos

Alena Kate Pettitt en una de las voces más activas de #TradWives.

El feminismo es para muchas personas una necesidad, una oportunidad para lograr la igualdad de género y un movimiento que ha hecho mucho por las mujeres desde la década de los sesenta; para otros, en cambio, es una conducta dogmática intransigente e histérica que pretende dictar el día a día de la sociedad. 

Sí, hay mujeres que se sienten identificadas con el segundo grupo y han dicho basta.

Defienden el matrimonio tradicional sin condiciones, la opción a ser amas de casa, la sumisión a sus maridos, la devoción diaria y total a sus hijos… y no quieren que nadie les arrebate su derecho a elegir un rol en el que su vida se limita exclusivamente al hogar y a los asuntos familiares. Forman un colectivo que se reúne en la red de redes con el hashtag #TradWives, lugar en el que exponen su visión de lo que es ser esposa y donde imaginan con tintes melancólicos cómo eran aquellas amas de casa de los años 40 y 50. Si hay algo que tienen claro es que no existe defensora del feminismo que logre cambiar su visión del matrimonio y de la maternidad, su percepción de la docilidad y de la obediencia

Alena Kate Pettitt es una de las integrantes más activas de este colectivo. Escribe libros, tiene su canal de Youtube y concede entrevistas sin parar con el fin de exponer lo que para ella es un modo de vida que debería ser respetado.

“Empoderamiento es decir que no quiero ser parte de la narrativa moderna que dice que eres menos por quedarte en casa. No nos hagan sentir como que no valemos la pena por mantener el hogar. Estamos criando a la próxima generación de personas que acabarán haciendo leyes que afectarán a nuestro futuro”, aseguró en una entrevista en la BBC. “Mi visión del feminismo es que se trata de una cuestión de opciones. Defender formar parte del mundo laboral y competir contra hombres sin que se te permita quedarte en casa es, para mí, quitarme mi derecho a elegir”, agregó. 

Su argumento es sólido, aunque contradictorio. Pettitt reconoció que durante la década de los noventa sintió que algunas de las series televisivas que veía no congeniaban con su manera de ver la vida, en cambio, sí se sentía identificada con las películas y shows de hace décadas, en los que se retrataba a lo que desde su perspectiva eran mujeres modelo. El problema es que aquellas esposas no tenían la opción de elegir, ellas se quedaban en casa porque no les quedaba otra alternativa, no podían votar porque el sistema se lo impedía y en muchas ocasiones, se guardaban para sí los abusos de sus maridos por no molestar. 

Efectivamente, cada persona decide hacer con su vida lo que desee, y es muy respetable que Pettitt  defienda los valores tradicionales y actúe en consecuencia, pero hablar de “obediencia” a su marido en el siglo XXI no es igual que haberlo hecho a mediados del XX, o en el XIX, incluso mucho antes; porque las mujeres no eran consideradas, no podían estudiar carreras universitarias ni tener la independencia para tomar las decisiones que ella sí está tomando. Percibir esa época con añoranza es un desprecio a las que fueron pioneras de la libertad, desde la época de la Ilustración hasta nuestros días, pasando por las suffragettes que lucharon por el voto femenino en el Reino Unido a comienzos del siglo pasado, o aquellas que dedicaron su vida a lograr derechos educativos para que pudieran acceder a la universidad, por poner dos ejemplos. 

La vida de Pettitt cambió cuando se topó con #TradWives, grupo originado en Reino Unido. Hay quien dice que colectivos de extrema derecha están detrás del contenido que se publica tras este hashtag, donde en algunas ocasiones los comentarios van más allá de la defensa de los matrimonios y de los roles de antaño

“Con toda sinceridad, si investigas, encontrarás que los ratios de divorcio ascendieron cuando la independencia de las mujeres floreció”, afirmó una usuaria de Twitter. “Ojalá todas las esposas aprendan a respetar a sus maridos y a traer de vuelta los valores tradicionales”, agregó otra. 

En esta era en la los derechos de las mujeres han avanzado enormemente con respecto a cualquier momento de la historia, afortunadamente hay más relaciones de pareja que son equilibradas y las decisiones han dejado de ser unilaterales. Todas ellas son respetables, desde las que toman las personas que relacionan el concepto de libertad con estar sometidas a sus trabajos, o las que lo hacen tras elegir ser sumisas a sus maridos e incluso las que optan por cualquiera de las dos opciones de manera transitoria y sin sumisiones. Lo que es innegable es que, en la actualidad, se ha recorrido un largo camino en la cuestión feminista gracias a mujeres que han luchado contra los elementos del poder y sus estratagemas, como la burla, el desprecio o el abuso. El que haya un grupo que quiera romper con lo construido y pegarse un tiro en el pie demuestra que la misoginia no entiende de géneros.  

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