‘Schitt’s Creek’, la serie que encontró el éxito justo cuando decidió terminar

En el océano de series en el que navegamos actualmente, Schitt’s Creek es una isla muy pequeña, pero su población no ha dejado de crecer desde que se estrenó en 2015. Esta comedia de título malsonante (“schitt” se pronuncia igual que “shit”, “mierda” en inglés) es una de las ficciones que más adeptos han ganado en los últimos dos años, pasando de estar fuera del radar de los espectadores a triunfar entre la crítica y convertirse en una serie de culto justo cuando se dispone a terminar para siempre. Su última temporada se estrena en Movistar+ el 22 de enero y es querida más que nunca. ¿Cómo lo ha conseguido? Os lo cuento a continuación. Bienvenidos a Schitt’s Creek, un pueblo que puede parecer poca cosa al principio, pero del que no os querréis marchar después de pasar un tiempo con sus habitantes.

Imagen promocional de la sexta temporada de Schitt's Creek (Cortesía de Movistar+)

Schitt’s Creek es un asunto de familia. Detrás de la serie se encuentran el actor Eugene Levy, conocido sobre todo por interpretar al Sr. Levenstein en la saga American Pie, y su hijo en la vida real, Dan Levy, que fue quien propuso la idea a su padre. Ambos trataron de vender el proyecto a la televisión estadounidense, pero todas las cadenas lo rechazaron, por lo que decidieron llevársela de vuelta a su Canadá natal, donde le encontraron un hogar. Tras firmar un acuerdo con las cadenas CBC (televisión pública de Canadá), ITV y Pop TV, Schitt’s Creek se hizo realidad, pasando más adelante a formar parte del catálogo de Netflix en Norteamérica, donde la audiencia de la serie empezó a crecer imparablemente hasta su actual sexta y última temporada.

La historia de Schitt’s Creek gira en torno a los Rose, una acaudalada familia que pierde su fortuna por culpa de un fraude llevado a cabo por su contable. Esto los obliga a mudarse a la única propiedad que queda a su nombre: Schitt’s Creek, una pequeña localidad que el líder de la familia había comprado a su hijo como regalo de broma por su cumpleaños muchos años atrás. Instalados en un motel de mala muerte, el estilo de vida acomodado de los Rose choca con el de los habitantes del pueblo, mucho más sencillos y humildes, mientras estos tratan de preservar a toda costa lo poco que les queda de su antigua vida. 

La familia Rose está formada por el ex-magnate de los videoclubs Johnny (Eugene Levy), su mujer, la famosa y egocéntrica actriz de telenovelas Moira (Catherine O’Hara) y sus hijos, David (Dan Levy) y Alexis (Annie Murphy), adultos desconectados de la realidad que se comportan como niños pequeños. Acostumbrados a la vida más glamurosa y a estar incomunicados entre ellos en sus grandes mansiones, los Rose no tendrán más remedio que convivir juntos en un espacio pequeño, donde chocarán constantemente. Sin embargo, lo que al principio es una pesadilla para ellos se convertirá en una oportunidad para cambiar y crecer personalmente, así como en una gran fuente de comedia para los guionistas de la serie

En este proceso juegan un papel esencial los vecinos del pueblo, un pintoresco grupo de personajes que, a pesar de la actitud snob de los Rose hacia ellos, hacen todo lo posible por hacerlos sentir bienvenidos y ayudarlos en la tarea de adaptarse a su nueva realidad. El alcalde, Roland Schitt (Chris Elliott), su amable esposa Jocelyn (Jennifer Robertson), Stevie (Emily Hampshire), la gerente del motel que desarrollará una fuerte amistad con David, o la dulce camarera Twyla (interpretada por Sarah Levy, hija de Eugene y hermana de Dan) son algunos de los miembros de esta comunidad que nos recuerda a otros pueblos televisivos como Cicely de Doctor en Alaska o Stars Hollow de Las chicas Gilmore, un lugar especial que hace sentir al espectador como un vecino más.

Imagen promocional de la sexta temporada de Schitt's Creek (Cortesía de Movistar+)

ENCONTRANDO EL CORAZÓN DE SCHITT’S CREEK

Como le ha ocurrido a muchas de las mejores comedias televisivas de la historia (The Office, 30 Rock, Parks and Recreation), a Schitt’s Creek le costó encontrar su voz al principio. De hecho, no fue hasta su segunda temporada cuando dio con su tono. Hasta ese momento, los Rose habían divertido a la audiencia con sus ridículas peripecias, pero los personajes necesitaban empezar a crecer y transformarse para que la serie alzase el vuelo. El mayor punto de inflexión se encuentra en el final de la segunda temporada, donde la familia por fin acepta que su vida en Schitt’s Creek quizá no sea tan temporal como creían, y que sus habitantes merecen más respeto y cariño del que les habían dado hasta ese momento.

Así, Schitt’s Creek pasa de ser una comedia simplemente simpática a una serie con corazón. El espectador celebra los triunfos personales de los Rose, la emoción empieza a ganar protagonismo y el potencial se multiplica. Esta transformación coincide con un cambio orgánico y progresivo detrás de las cámaras. Eugene Levy, hasta ese momento al mando, cede las riendas a su hijo, que asume un mayor control creativo sobre la historia. Gracias a la visión de Dan, Schitt’s Creek se vuelve más humana a partir de su tercera temporada, sin perder en ningún momento la personalidad excéntrica con la que había comenzado. Esto hace que la serie, y por extensión Dan, empiecen a ganar más atención. Es decir, la historia del ascenso de Schitt’s Creek es también la del ascenso de Dan Levy, que hace unos meses firmaba un acuerdo con ABC Studios para desarrollar proyectos como creador (Variety).

Por otro lado, a medida que avanza la serie, el amor también gana protagonismo, acentuando las relaciones entre los personajes y ofreciendo una pareja LGBTQ+ que acaba enamorando a la audiencia: David y Patrick (Noah Reid). De hecho, el tratamiento de la sexualidad de David es otro de los elementos clave del éxito de Schitt’s Creek. La naturalidad con la que la serie aborda el tema es todo un ejemplo para otras series que utilizan la sexualidad de sus personajes solo como chiste o lección. David es pansexual, pero su orientación no se desvela a bombo y platillo, no hay una gran trama de salida del armario, no hay drama alrededor del tema, sino que se va incorporando a la historia de forma natural y sin grandes aspavientos. 

Esto no es sino un reflejo de la propia evolución de la serie y de Dan Levy como narrador. Durante el reciente panel de la gira de invierno de la TCA (Asociación de la Crítica Televisiva), este hablaba de la importancia de representarse a sí mismo y a su familia en la serie, evitando instrumentalizar su sexualidad en busca de la normalización: “Mi vida no es una lección para otros. Es mi vida, y la vamos a representar de la forma más natural posible” (Variety). Lejos de poner dificultades al respecto, CBC y Pop TV celebran el carácter LGBTQ+ de la serie y abrazan el lema Love Is Love colocando en Los Ángeles enormes carteles publicitarios con un beso de David y Noah, lo que ha llevado a que muchos fans se fotografíen besándose delante de ellos.  

DESPIDIÉNDOSE EN LO MÁS ALTO

El éxito de Schitt’s Creek no ha sucedido de la noche a la mañana. Es el resultado de seis años de trabajo y dedicación. Y también reflejo de la influencia que pueden ejercer las redes sociales y las publicaciones especializadas. A pesar de tener mucha personalidad, la serie pasó sin pena ni gloria durante sus primeras temporadas, pero antes del estreno de la quinta en enero de 2019, ocurrió algo muy curioso. De repente, los fans empezaban a hacer más ruido que nunca en Internet y medios como Vulture, The A.V. Club o Entertainment Weekly se hacían eco, sumándose al coro de voces que la reivindicaban como una de las mejores comedias de la actualidad. Así es como ocurrió lo inesperado: de ser completamente ignorada por los Emmy, pasó a ser nominada a cuatro premios (incluido el de mejor comedia), lo que provocó un efecto dominó de nominaciones: SAG, Critics Choice, Gold Derby, GLAAD…

La serie obtenía así el reconocimiento que se le había resistido y su presencia empezaba a sentirse más fuertemente en la cultura popular. La gente le ha cogido mucho cariño a los personajes, se ha rendido al distinguido vocabulario y las frases memorables de la icónica Moira (ya era hora de que la legendaria Catherine O’Hara recibiera la atención que merecía), así como a su extravagante selección de pelucas; los rostros de los protagonistas aparecen en multitud de memes, y los actores, cuya buena relación fuera de cámaras salta a la vista, ganan fans cada día que pasa. Entre ellos la mismísima Nicole Kidman, que en los recientes Critics Choice Awards se acercó al reparto para expresar su admiración y hacerse una foto con ellos (Vanity Fair).

Con su sexta y última temporada se puede decir que Schitt’s Creek se prepara para decir adiós en el momento más álgido de su trayectoria. Ante el sorprendente auge de la serie en el último año, los Levy podrían haberla estirado para aprovechar el impulso, pero han decidido que es el momento de terminar la historia, y que es mejor hacerlo en la cima. Al comienzo de esta temporada final, cuyo primer capítulo supone el debut en la dirección de Dan Levy (OUT), lo que empezó como una pesadilla para los Rose se ha convertido en una gran oportunidad para ellos. En estos últimos episodios, Johnny mantiene a flote el motel, Moira atraviesa una crisis artística, Alexis se enfrenta al amor a distancia y el pueblo se prepara para la boda del siglo.

Schitt’s Creek se viste de gala para una celebración a la que estamos todos invitados. No faltéis.

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