Las relaciones sociales rebajan el riesgo de muerte

La muerte es, en la actualidad, el gran tema tabú. Pero un nuevo proyecto social, las ciudades compasivas, propone dejar de mirar a otro lado en cuestiones como la muerte y el sufrimiento, e implicarse en el acompañamiento y cuidado de los mayores

En la época de las tecnologías, los puentes aéreos y las redes sociales, las relaciones humanas siguen siendo el aspecto más relevante para el bienestar. (Foto: Getty)

El aumento de la esperanza de vida y el progresivo envejecimiento de la población traen consigo al aumento gradual de la prevalencia de algunas enfermedades crónicas, que están incrementando situaciones de discapacidad y dependencia.

Y es que cada año, 200 millones de personas afrontan el periodo final de su vida como consecuencia de una enfermedad en fase avanzada, progresiva, incurable y que no responde a un tratamiento específico.

“Envejecimiento, soledad y dependencia van de la mano”, advierte Rafael Mota, presidente de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal).

Tener un red humana en la que apoyarse antes las adversidades de la vida y el paso de los años mejora la respuesta a las enfermedades crónicas, (Foto: Getty)

Que nadie acabe su vida solo

En este contexto es el que se crean las ciudades compasivas (un término acuñado en 2005 por el profesor australiano Allan Kellehear, experto en salud pública) que responden a un modelo integrado de atención sanitaria, social y comunitaria, donde sus ciudadanos se implican en el acompañamiento de los mayores y los enfermos crónicos recuperando los valores del humanismo, la solidaridad y la atención a personas vulnerables.

El académico sostenía que los cuidados al final de la vida no era algo que se pudiera reducir a los hospitales y centros de mayores, sino que es un asunto de todos, de la comunidad.

La importancia de cuidar bien a los mayores

Concretamente, en España, más del 70 por ciento de la población va a pasar por un proceso de enfermedad avanzada que requerirá de cuidados paliativos.

De hecho, 3 de cada 4 muertes se producen por la progresión de uno o más problemas crónicos de salud, y entre el 1 y el 1,5 por ciento de la población padece enfermedades crónicas complejas en fase avanzada con necesidades de cuidados.

“Todo esto hace que los sistemas sanitarios y sociales actuales se vean incapaces de acoger la demanda existente, poniendo en peligro la sostenibilidad de los mismos. Por tanto, es necesario apostar por modelos de atención integrada que incluyan a la comunidad”, añade.

Precisamente, la mejora de los cuidados al final de la vida y el modelo de ciudades compasivas serán abordados en el I Congreso de Economía Plateada, que se celebrará los próximos 17 y 18 de marzo en el Palacio de Congresos de Mérida, y analizará la necesidad de promover comunidades y ciudades compasivas y cómo mejorar los cuidados al final de la vida más allá del ámbito sanitario.

Las personas que se encuentran en la fase final de su vida son más vulnerables cuando no disponen de una red humana que cuide de ellas. (Foto: Getty)

Las relaciones sociales tienen más impacto sobre la mortalidad que otros factores como el tabaco o la bebida

La muerte es, en la actualidad, el gran tema tabú. Hoy en día la sociedad en su conjunto suele mirar para otro lado en cuestiones como la muerte y el sufrimiento. Por tanto, “se trata de concienciar y capacitar a los ciudadanos en el acompañamiento y cuidados de las personas más vulnerables de nuestro entorno”, destaca Mota.

El ‘proceso’ de morir tiene una gran implicación social y familiar. Tal y como apunta el experto, “las necesidades de las personas en situación de enfermedad avanzada son multifactoriales y los aspectos biológicos, psicológicos, familiares y sociales se presentan de manera entrelazada e influyen los unos en los otros”.

Qué es una ciudad compasiva

El movimiento de ciudades o comunidades compasivas es internacional, promovido e impulsado por la sociedad científica Public Health and Palliative Care International (PHPCI). 

El término de ‘comunidades compasivas’ se deriva del concepto de ciudades saludables adoptado por la OMS, y se consiste en dedicar esfuerzos para mejorar las condiciones de vida de la población a través de valores como la convivencia, la solidaridad, la cohesión y la democracia.

Y... funciona, porque según un ensayo publicado en la revista Resurgence & Ecologist, la creación de comunidades compasivas puede llegar a reducir en un 20 por ciento las urgencias hospitalarias gracias a que estas comunidades acompañan, ayudan y apoyan a las personas aisladas con problemas de salud.

España cuenta con cuatro ciudades definidas como compasivas o cuidadoras con sus iniciativas: Madrid, Ciudad de los Cuidados; Programa Sevilla Todos Contigo; Santurce cuidadora compasiva (Vizcaya) y Programa de Vic, ciudad cuidadora (Cataluña).

Una perspectiva innovadora social de salud pública que se ha ido extendiendo en los últimos años, que “se basa en la necesidad de que las comunidades tomen conciencia y se responsabilicen de la promoción de su propia salud, incluyendo los procesos de la enfermedad crónica, avanzada o al final de la vida”, explica Rafael Mota.

Como elementos clave destacan:

  1. La sociedad como impulsora del cambio.

  2. La compasión como eje transversal.

  3. Y la creación de redes de cuidados desde la comunidad.

Las ciudades compasivas tratan de involucrar a la sociedad para que participe activamente en el proceso final de vida, tanto a nivel cultural como social. También promueven y ponen en marcha acciones de soporte social creando redes comunitarias que permitan cuidar a este grupo de personas, especialmente aquellas con enfermedad avanzada y combinada con necesidades de carácter social o familiar (soledad, pobreza, conflicto, accesibilidad, etc.).

¿Cualquier persona puede unirse?

Las habilidades que se necesitan para el desarrollo de estas comunidades compasivas no tienen que ser necesariamente familiares ni están estrictamente relacionadas con los profesionales de la salud. Solo se requiere una acción individual para participar activamente y trabajar en la construcción de dichas comunidades de soporte.

Este proyecto se basa en el compromiso social, y también considera que el duelo y la pérdida no es una tarea exclusiva de los servicios sociales y de salud, sino que es responsabilidad de todos. (Foto: Getty)

“Entre las medidas que se llevan a cabo están la realización de talleres sobre envejecimiento saludable, arteterapia o musicoterapia, además de poner a disposición de las familias que han perdido recientemente un ser querido grupos de duelo y Espacios de Apoyo”, explica Santiago de Torres, presidente de la Fundación Mémora.

¿En el hospital o en casa?

En este contexto, Isabel Donado, directora general de la Fundación New Health, explica que los cuidados paliativos son, cada vez más, una necesidad ética y también económica. Y no está de acuerdo en que se resuman en que un paciente tenga una cama en un hospital en un momento determinado, sino que toda la sociedad se involucre de un modo u otro en hacer mejor la muerte del conciudadano.

“Se ha demostrado que cuando se implantan programas integrados de cuidados paliativos, huyendo del modelo hospitalocéntrico para ir a un modelo basado en la atención domiciliaria y ambulatoria, se ahorra entre un 20 y 30 por ciento de los costes, que son mayoritariamente hospitalarios. Las personas van al hospital no porque necesiten que las curen, sino porque no tienen quién las cuide”, ha explicado.

La importancia del especialista

Se calcula que, al menos, el 40 por ciento de los pacientes que fallecen con necesidad de cuidados paliativos son complejos, es decir, requieren de una atención paliativa especializada, mientras que el resto puede ser atendido por profesionales de Atención Primaria que estén formados en cuidados paliativos.

“Los profesionales de los centros de salud son quienes mejor conocen la biografía de las personas que padecen una enfermedad crónica avanzada en situación de final de vida y a sus familiares”, subraya el presidente de Secpal.

“Sin embargo, continúa, en situaciones de mayor complejidad, esta atención debe ir complementada y coordinada con la atención hospitalaria y de los equipos específicos de cuidados paliativos”.

En la misma línea, Donado apunta que “se trata de diseñar un modelo accesible, capaz de atender la complejidad y económicamente sostenible. Si no damos una respuesta especializada al final de la vida, la inmensa mayoría de la población continuará muriendo mal, con gran sufrimiento y a un coste evitable”.

¿Qué te parece esta iniciativa? ¿Crees que la muerte es cosa de todos? ¿Debería la sociedad participar activamente en el proceso final de vida?

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