El ‘Monstruo de Londres’, el agresor del siglo XVIII que atacaba a las mujeres clavando un pincho en sus nalgas

Alfred López
·6 min de lectura

El reciente asesinato de Sarah Everard, una joven londinense de 33 años, a manos de un policía, ha vuelto a poner en la calle el grito y protesta de miles de ciudadanos (sobre todo mujeres) que se quejan de la creciente violencia machista a la que se están viendo sometidas y la indefensión total que siente al comprobar que entre los cuerpos de seguridad (que deberían velar por ellas) también se encuentran los agresores.

El ‘Monstruo de Londres’ fue un agresor del siglo XVIII que atacaba a las mujeres clavando un pincho en sus nalgas (imagen vía Wikimedia commons)
El ‘Monstruo de Londres’ fue un agresor del siglo XVIII que atacaba a las mujeres clavando un pincho en sus nalgas (imagen vía Wikimedia commons)

El tema de las continuas agresiones a las que se ven sometidas miles de mujeres de todo el planeta, es algo que viene de lejos y por muchas políticas para combatirlas que se realicen, siguen padeciéndolo.

A lo largo de la historia podemos encontrarnos con numerosísimos casos en los que perversos personajes se dedicaron a agredirlas, siendo uno de ellos el acontecido durante el siglo XVIII y cuyo agresor fue bautizado como el ‘Monstruo de Londres’.

Debemos situarnos en Londres, en el año 1788, en el que las autoridades de la ciudad reciben varias visitas en las que diferentes mujeres, pertenecientes a familias acomodaras, denuncian haber sido víctimas del ataque por parte de un desconocido mientras paseaban por la ciudad.

Las víctimas (sin relación entre ellas y residentes en diferentes barrios de la capital londinense) explicaban cómo un hombre corpulento se les acercaba y tras ofrecerles un ramo de flores (no en todos los casos) acababa pinchándoles en las nalgas con algún utensilio puntiagudo (como un alfiler o un estilete).

En algunas ocasiones lo que hacía el agresor era acercarse gritando improperios y obscenidades, lo cual dejaba desconcertada a la dama y momento que aprovechaba aquel individuo para realizar lo que llegó a conocerse como ‘piquerismo’ (penetrar la piel de otra persona con objetos punzantes).

A lo largo de dos años, hasta mediados de 1790, el agresor atacó a docenas de mujeres y rápidamente fue apodado como ‘Monstruo de Londres’. Lo curioso es que numerosas y diferentes fueron las técnicas utilizadas por éste, lo que ha hecho pensar a lo largo de los más de dos siglos transcurridos de que podría haberse tratado de varios individuos diferentes quienes realizaron dichas agresiones.

En algunas ocasiones la técnica de ataque del piquerista era regalando un ramo de flores en los que se ocultaban varios alfileres y que al invitar a oler provocaban pinchazos en la nariz y rostro de la víctima. Otras veces llevaba los objetos punzantes atados en el zapato o la rodilla, dando una patada o rodillazo a la nalga o muslo de la mujer agredida. También lo hacía manualmente, a través de pinchar con algo que llevaba en la mano e incluso varios fueron los casos en los que, con un estilete, rasgaba el vestido de la dama agredida por la parte trasera y de cintura hacia abajo.

Las numerosas mujeres agredidas por aquel monstruo relataban diversas situaciones. Lo curioso es que el estado de shock en el que quedaban tras el ataque les provocaba que la mayoría pudiesen ser capaces de acordarse del aspecto del agresor, por lo que dificultó enormemente la localización y captura.

Finalmente, una de aquellas victimas (llamada Anne Porter) pudo identificar al hombre que la había agredido. Ocurrió el 13 de junio de 1790 y tras reconócelo, la joven Anne indicó a su acompañante que un tipo que iba paseando por Green Park era el mismo que unos días atrás la había atacado.

El acompañante de Anne Porter (llamado John Coleman) siguió a aquel hombre y lo llevó frente a las autoridades. El inculpado era un joven de 23 años de edad llamado Rhynwick Williams que en todo momento negó ser responsable de tales agresiones.

Se trataba de un bailarín de ballet de origen galés que en aquel momento se encontraba sin empleo, al haber sido despedido después de ser acusado de cometer un robo en el mismo teatro donde trabajaba. Ese incidente fue en contra del acusado, debido a que desde entonces malvivía en una posada y frecuentaba malas compañías del inframundo londinense.

Un tribunal lo juzgó (en dos ocasiones, debido a que el primer juicio tuvo que ser anulado) y los testigos que por la sala del juzgado pasaron para declarar dieron versiones contradictorias e incluso un buen número de las víctimas no fueron capaces de reconocer si realmente Rhynwick Williams era el hombre que las había agredido.

A pesar de las múltiples contradicciones y falta de evidencias (el acusado tenía coartada para la mayoría de días en las que supuestamente atacó a alguna mujer), el tribunal lo declaró culpable, siendo condenado a pasar seis años en prisión.

Numerosos son los expertos e historiadores que señalan la inocencia del joven Rhynwick Williams y que éste nada tuvo que ver realmente en el caso del ‘Monstruo de Londres’. Hay quien apunta que la acusación del joven fue realizada falsamente por Anne Porter, quien contrajo matrimonio con el mencionado John Coleman tras haber cobrado la suculenta recompensa de 100 libras que las autoridades ofrecieron por la captura del agresor (al cambio, en la actualidad esa cantidad rondaría las 8.000 libras).

Esa elevada recompensa había provocado que se organizaran numerosas patrullas ciudadanas en busca del agresor y muchas fueron las ocasiones en las que se atrapaba y presentaba ante las autoridades a individuos que nada tenían que ver con el asunto, provocándose incluso linchamientos de personas inocentes al intentar retenerlas como presuntos culpables. La prensa de la época tuvo mucha responsabilidad de que eso ocurriera, debido a que se dedicó a publicar sensacionalistas artículos que alarmaban a la población ayudando a provocar el caos entre los ciudadanos londinenses.

Muchos son los indicios que llevan a pensar que las agresiones por parte de un piquerista (o varios) no fue un número sumamente elevado (quizás una decena), pero, muy probablemente, se produjo una especie de histeria colectiva en la que se realizaron más denuncias que casos reales hubo, aunque cabe destacar que la sociedad masculina inglesa de la época era mayoritariamente misógina, siendo muy común cualquier tipo de ataque hacia las mujeres.

Lo único que sí fue evidente es que, tras la captura de Rhynwick Williams y durante los seis años que pasó en prisión, apenas se produjeron casos de agresiones de ese tipo en Londres (en muy contaras ocasiones y muy aisladas), lo que da algunos indicios sobre la posible culpabilidad del joven en ese asunto. Fue puesto en libertad en 1796 y a partir de entonces se le perdió toda pista sobre su posterior vida.

Fuentes de consulta e imagen: dailymail / strandmag / walesonline / brecon-radnor / Wikimedia commons

Más historias que te pueden interesar: