Mónica Naranjo logra tapar su ego con candor en 'Amor con fianza'

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Mónica Naranjo vuelve a nuestras vidas en forma de presentadora televisiva de la mano de Netflix. Y lo hace quitándose la espinita que le quedó clavada tras su marcha de La isla de las tentaciones con un reality prácticamente idéntico, Amor con fianza, y apostando por un revés radical: cambiar su perfil mediático dejando el ego en casa. Como lo leen. En Amor con fianza prácticamente no queda rastro de la estrella crítica, dura, tajante y polémica. Aquí todo es amor, candor y sonrisas amables. En cuatro episodios apenas la oímos dar un mero zasca a uno de los novios concursantes y es tan sutil y pasajero que ni deja huella.

En resumen, es la era de una nueva Mónica Naranjo en televisión. Una que despliega candidez, amabilidad y ganas, apostando de lleno por un renacer televisivo completamente opuesto al que le hizo recibir tantos palos.

Mónica Naranjo en Amor con fianza (cortesía de Netflix)
Mónica Naranjo en Amor con fianza (cortesía de Netflix)

Debemos reconocer que la cantante siempre fue una artista de los pies de la cabeza pero con una relación tirante con el público televisivo, precisamente por esa actitud crítica que rozaba la pedantería. Algo que ella misma provocó por tomarse muy en serio su rol de jueza avalada por la experiencia y no hubo gala de Tu cara me suena (o su versión de “no me suena todavía”) u Operación Triunfo 2017, donde ejercía de jurado, que no fuera el centro de las críticas en redes sociales (cómo olvidar el "Aitana, no lloré" de OT). El aluvión era bestial cada semana. Su ego artístico la llevó a colmar titulares en España y al otro lado del charco, y hasta ella misma reconoce ser "un poco pedante" sencillamente porque sabe lo que vale y no le da miedo decirlo.

Esa pedantería de "sabelotodo" musical la hizo que muchos la señalaran como el Risto Mejide en versión femenina, recibiendo aluviones constantes de críticas en redes sociales. Algo así como pasa con Paz Padilla. A veces los palos son justificados, otras veces no, pero el personaje ya está en el punto de mira del público. Eso le pasó a Mónica durante varios años.

Pero en Amor con fianza nos hace testigos de un rejuvenecimiento televisivo. Es verla y pensar que Mónica ha aprendido de las críticas y tomado nota. No solo eso, incluso me atrevería a decir que ha tomado nota de lo bien que lo ha hecho Sandra Barneda reemplazándola en La isla de las tentaciones, siendo una presentadora que se atreve a llorar si un momento le emociona o a enfadarse y lanzar zascas si no logra contenerse. Es cierto que el paso de Naranjo en el reality de Mediaset gustó al público porque en esta edición emitida a comienzos de 2020 demostró los primeros indicios de cambio, mostrándose menos dura y crítica, aunque no terminó de conectar con los concursantes como lo hace Sandra Barneda. Pero ahora Mónica parece llegar a Amor con fianza para quitarse esa espinita, aprovechando la oportunidad para hacer borrón y cuenta nueva con un perfil tan cándido que cualquiera que la haya seguido en televisión se queda a cuadros. 

Para mí, ella, es la gran revelación de Amor con fianza.

Naranjo llega a este reality casi dos años después de quedarse sin La isla de las tentaciones. Si bien nunca se supo a ciencia cierta el motivo de su marcha tras una edición de éxito rotundo, se rumoreó que las negociaciones salariales fueron las culpables. Se llegó a decir que la cantante habría ganado 110.000 euros por aquella primera temporada, y no sería de extrañar que viendo su gran éxito de audiencia pidiera más para continuar. Pero aquella primera edición era un reality "barato", pensado para Cuatro, el canal secundario de Mediaset y, por lo tanto, tampoco sería de extrañar que la cadena haya querido mantener el presupuesto a raya y optara por una presentadora como Sandra Barneda que pudiera utilizar en debates, resúmenes y otros programas.

La cantante se despidió por Instagram deseando lo mejor a su sucesora y dando a entender que su partida había sido en buenos términos. Pero también dijo lo mucho que le había gustado formar parte del proyecto, por lo que puestos a opinar, si hubo negociaciones para continuar habrá sido porque le hubiera gustado hacerlo. Por eso, su llegada a Amor con fianza huele a estrategia con varios frentes abiertos: quitarse una espinita clavada, demostrar a Mediaset lo que se ha perdido y de paso, hacer un lavado de cara radical de su imagen televisiva.

En Amor con fianza, Mónica no solo está presente en las ceremonias o visita a los concursantes en las casas como hace Barneda en La isla de las tentaciones. Sino que está presente casi todo el tiempo. Ella es la reina de la fiesta. En este reality seis parejas se desplazan a una villa para poner a prueba su relación sometiéndose a un moderno detector de mentiras y un premio en metálico que aumenta si dicen la verdad y resta si mienten. Esto deriva en discordias entre el grupo (dado que el premio será para una pareja al final) y rencillas que, al sumar "tentaciones", pueden terminar en traición e infidelidad. En este caso no existen 10 solteros para cada casa, sino un soltero para cada uno. Algunos son ex parejas con cuentas pendientes, otros solteros compatibles.

Mónica narra el reality en off y también presenta las galas donde descubren verdades y mentiras, y los visita en las villas poniéndolos de frente con imágenes de sus parejas. En esta ocasión la frase no es "hay imágenes para ti", sino "hay una versión premium pero te costará dinero". Es decir, a cada concursante les muestran un vídeo breve de lo que está haciendo la pareja en la otra cosa pero, si quiere ver más puede pagar la versión premium: 1.000 euros que se descuentan del bote. Y todo caen, continuamente. Es entonces cuando vemos a la Mónica Naranjo más humana, manteniendo una mirada cómplice con cada uno de ellos mientras mira traición, mentiras o momentos incómodos. Les sonríe, los mira con atención, les agradece, los llama "cariño", "preciosa"... Es más, en el quinto episodio se entrega al máximo lanzándose al abrazo con una de ellas, deseando felicidad y mostrándose más cercana que nunca.

Con este nuevo perfil Mónica Naranjo hace borrón y cuenta nueva. Y lo hace sacando canción nueva (el tema central del programa) y de la mano de una plataforma que le permite visibilidad en 190 países. Después de decir adiós a La isla de las tentaciones hace más de un año y medio, me da la sensación que está aprovechando la oportunidad para volver a la televisión con fuerza apostando por un perfil completamente contrario al que le valió tantas críticas. Como si hubiera dejado el ego a un lado y apostado por la experiencia. Pero no solo profesional, humana también. Y la verdad, da gusto verla.

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