Moda y tradición: un binomio de éxito más allá de las tendencias

christian lacroix alta costura coleccion 1988
Moda y tradición: el binomio de éxitoChristian Lacroix Alta Costura coleccion 1988

En 2019, Riccardo Tisci sorprendía a sus más de tres millones de seguidores en Instagram con una fotografía familiar. En ella, el ex director creativo de Burberry aparecía junto a su madre, en el centro de la imagen, y sus ocho hermanas, pero aquella no era la primera vez que Tisci mostraba a su familia en redes, de hecho presume de madre, hermanas y sobrinos siempre que puede.

Especialmente de Elmerinda, su progenitora, a quien siempre dedica palabras cariñosas en las distintas fotografías que comparte en las redes sociales. «Mis ojos se llenan de lágrimas cuando hablo sobre mi familia, porque la mía es maravillosa y esa es la mayor suerte que se puede tener en la vida», declaró hace años en una entrevista.

Originario del sur de Italia –nació y se crió en Taranto, una ciudad de la región de Apulia–, y como otros otros diseñadores transalpinos –como Domenico Dolce y Stefano Gabbana–, Tisci siempre ha hablado el lenguaje de la familia, pero también el de la religión o el deseo.

jennifer lopez en la gala del met del 2018, con un diseño de balmain
Jennifer Lopez en la gala del MET, con un diseño de Balmain.Neilson Barnard - Getty Images

La suya es una trayectoria arraigada a los valores tradicionales –"el catolicismo y la religión forman parte de mi ADN y la moda es un medio para expresar mi sentir religioso", confesó en una entrevista con un medio internacional en 2010–, al simbolismo, a la mitología que rodea Taranto y a la estética gótica de su adolescencia.

Pero no es el único. La religión y su iconografía han estado siempre presentes en la pasarela. Este curioso dúo, polémico en ocasiones, fue protagonista de uno de los grandes eventos de la industria, la Met Gala, en 2018, cuando acogió la exposición Heavenly Bodies: Fashion and Catholic Imagination.

La creativa irlandesa Simone Rocha, quien en más de una ocasión ha declarado que nació católica, pero que no es practicante, bebe también de las tradiciones de donde se crió. Inolvidable su alusión a San Malaquías, el Santo Patrón de Irlanda,a través de un vestido rosa con el nombre del santo bordado en dorado en su ejercicio de O/I 2021-22.

Alexander McQueen, más allá de sus eternas calaveras, siempre nos ha llevado al cielo y al infierno con la narrativa de sus colecciones, y Versace, con sus coqueteos góticos–en la colección que acaba de presentar en Milán, P/V 2023, ambientada en una catedral, apostó por siluetas baby doll, ligueros y velos de encaje que parecían rescatados de la época de Like a Virgin, de Madonna–, son otros ejemplos.

Pero si hay un diseñador que ha convertido la estética monacal en una de sus señas de identidad, ese es Pierpaolo Piccioli, que no renuncia a sus ya icónicos vestidos y abrigos túnica, presentes en casi cada uno de sus trabajos para Valentino. El amor y la familia son otros de los valores que vertebran el discurso, profesional y personal, del creador romano.

Las reflexiones sobre el primero funcionan como base de sus colecciones mientras que la familia es uno de los pilares de la vida de Piccioli, casado desde hace casi tres décadas con Simona Caggia con la que es padre de tres hijos que ocupan la primera fila de sus desfiles.

Alta Moda es el nombre del proyecto con el que, hace diez años, Domenico Dolce y Stefano Gabbana decidieron pisar el acelerador de la artesanía: una colección de piezas únicas, hechas a medida y mostradas en lugares de belleza arrebatadora.

Ambos hombres hechos a sí mismos, Dolce & Gabbana son de los pocos que permanecen autónomos en un sector dominado por grandes grupos empresariales y fondos de inversión, una visión conservadora del negocio que encuentra réplica en su forma de entender la moda.

Ellos son lo que Visconti al cine: la mediterraneidad, la provocación, los ancestros, el fetichismo religioso y la familia. Desde sus comienzos, sus trabajos fueron transitando del barroco al tropicalismo, el nuevo sexy que defendían como un misterio, desde los animal prints hasta los mantos cardenalicios.

En una Europa cada vez más secularizada –aunque educada en valores cristianos–, no parece que estemos tan libres de la influencia religiosa como podemos creer, y las referencias que nos encontramos en la moda contemporánea son abundantes.

Otras de las iniciativas tradicionales más visibles de la industria textil en los últimos años son las que están asociadas a la reactivación de los circuitos artesanales: buscar en el pasado para encontrar soluciones futuras.

pendientes de schiaparelli
Pendientes de Schiaparelli.Courtesy of Press Office - Getty Images


Desde los talleres que producen las colecciones de Palomo Spain en Posadas, Córdoba, hasta el desfile de la colección crucero de Dior en Sevilla, en el que se puso el foco en las tradiciones textiles ligadas a la pompa litúrgica en la capital andaluza, pasando por las alianzas creativas de la uruguaya Gabriela Hearst, quien unió fuerzas con creativos de Manos del Uruguay, el colectivo boliviano Madres & Artesanas Tex y miembros de la Nación Navajo, para confeccionar los tejidos de su colección O/I 2022.

En su empeño por devolverle al lujo su verdadero sentido, la industria de la moda se esfuerza en recuperar las bondades de lo hecho a mano e impulsa una vuelta a la contención y a la elegancia clásica.

Esto último queda de manifiesto en la propuesta de Chanel para este otoño/invierno, un trabajo en el que Virginie Viard rinde un sentido homenaje al tweed, tejido marca de la casa, pero con el foco puesto en su origen británico y bucólico.

Y el idilio con la tradición de la moda suma y sigue. Vean: para la colección de Alta Costura de verano de 1940, Elsa Schiaparelli presentó un par de chaquetas bolero en azul y rosa ilustradas por Leonor Fini que incorporaban bordados negros, muy al estilo de las chaquetas de torero.

Daniel Roseberry, actual creativo de la casa heredera de la iconografía de Salvador Dalí y Jean Cocteau, profundizó en esas chaquetas, deconstruyéndolas, en el trabajo de Alta Costura que presentó el verano pasado, The Matador, llevándolas a su propio terreno y añadiendo otros detalles, como las redecillas de goyesca.

moschino catwalk 2020
Moschino P/V 2020.Daniele Oberrauch

La de la tauromaquia, una estética tan arrebatadora y en la que la manufactura tiene un papel tan relevante, es una de las inevitables inspiraciones de una industria tan visual como la de la moda.

Christian Lacroix ha bebido de ella en numerosas ocasiones, igual que de la religión. También Maria Grazia Chiuri en su Colección Crucero 2023 para Dior, con looks que hacen referencia tanto al traje de luces como a la vestimenta de los rejoneadores.

Tampoco faltó el mantón de Manila sobre los hombros, como ya hiciera su predecesor en la maison, John Galliano –uno de los reyes estéticos de la tradición, inspirado por su madre española y los recuerdos de su infancia– en la colección de Alta Costura primavera/verano 1997 con el diseño Alcée, las referencias literarias a la poesía de Federico García Lorca, o las pictóricas a los cuadros de Goya, en los que se inspiró también el propio Christian Dior en 1938, cuando trabajaba como dibujante para el diario francés Le Figaro. A la vista de lo expuesto, qué duda cabe de que la moda trata de (re)encontrar su lugar a través de la exaltación de la tradición.

En un mundo inestable y pospandémico, la religión, la familia, el amor, la vuelta a las raíces... están cada vez más presentes en este sector que se esfuerza por conciliar factores como Internet, el desarrollo económico y social, o los efectos multiculturales –los movimientos migratorios, por ejemplo–, con ritos, costumbres y valores que nos hacen mirar a lo que hemos dejado atrás.

La pasarela lo tiene claro: hoy más que nunca, apropiarse de los valores del pasado, adaptándolos al presente para poder construir un futuro mejor, es el camino a seguir.