La enfermedad que se oculta tras ese dolor que tú asocias a un esguince mal curado

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Casi todos hemos tenido una torcedura o una caída tonta que nos ha echo ver las estrellas. A muchos el dolor se les queda durante años y lo asocian a ese episodio concreto. Un error que puede pasar factura. Siempre es importante no considerarlo normal y acudir a consulta para dar con el verdadero motivo; podría ser gota. (Foto: Getty)
Casi todos hemos tenido una torcedura o una caída tonta que nos ha echo ver las estrellas. A muchos el dolor se les queda durante años y lo asocian a ese episodio concreto. Un error que puede pasar factura. Siempre es importante no considerarlo normal y acudir a consulta para dar con el verdadero motivo; podría ser gota. (Foto: Getty)

Convivir con un dolor que va y viene durante años -y del que realmente se desconoce la causa- es una de las cosas más agotadoras y frustrantes que hay. Por muy insignificante que nos parezca la principio, si tenemos un dolor que no desaparece por completo, nos acompaña prácticamente durante toda la vida y causa impedimentos, hay que actuar. Nunca hay que normalizarlo y dejarlo pasar.

Ese dolor en el que pie que tan pronto viene como desaparece, y que solemos asociar a una torcedura, un esguince u otra lesión mal curada, puede acabar mermando tu movilidad y afectar seriamente a tu salud.

"Ná... es un esguince mal curado de hace años, no tiene importancia, ya se pasará". Un pensamiento habitual que hace que mucha gente viva con un 'dolorcillo', como si fuera lo normal. Pues ojo, porque los reumatólogos advierten de que detrás de estos auto-diagnósticos puede haber una causa mayor.

En concreto quiero hablarte de la gota, una enfermedad que se produce por la formación de cristales de una sal del ácido úrico (urato de sodio) en los tejidos, más frecuentemente en las articulaciones. Durante un brote de gota, la articulación se inflama, se hincha y se calienta, y la piel sobre ella se vuelve rojiza o purpúrea, tirante y brillante.

Conocida como la ‘enfermedad de reyes’ o de los comilones por estar asociada a la ingesta desmesurada de mariscos (uno de los alimentos precursores del ácido úrico), al consumo de alcohol y otros hábitos de vida poco saludables, ha sido una enfermedad minusvalorada por la falsa creencia de que no tenía consecuencias graves.

Cuando los cristales de ácido úrico se asientan en la articulación, la respuesta del cuerpo es combatirlos. Esto es lo que causa el ataque de gota. El resultado es una articulación inflamada hinchada, caliente y roja.

Así se ve la gota por el microoscopio. Se trata de un trastorno en el que se acumulan en las articulaciones depósitos de cristales de ácido úrico. (Foto: Getty)
Así se ve la gota por el microoscopio. Se trata de un trastorno en el que se acumulan en las articulaciones depósitos de cristales de ácido úrico. (Foto: Getty)

Lo más frecuente es sufrir ataques de gota en el dedo gordo del pie, concretamente en la primera articulación metatarsofalángica, es decir, la que une el dedo gordo al resto del pie. Y casi siempre, la inflamación se presenta en su cara externa. Puede ser muy doloroso tocarla.

El proceso empieza por la noche o a primera hora de la mañana, esto se debe a que tu cuerpo está en su temperatura más baja y tiendes a estar más deshidratado. Además, este tipo de dolor nocturno se produce porque el líquido que se ha acumulado en la articulación durante el día sale de la articulación más rápidamente que el ácido úrico cuando el sujeto está acostado, haciendo que el ácido úrico se concentre y por tanto forme cristales con más facilidad.

Cuando pasa suele haber hinchazón y un dolor tan intensos que hasta el mínimo roce molesta y se vuelve insoportable, especialmente al mover o tocar la articulación. De hecho, un ataque de gota puede ocurrir de manera repentina y con frecuencia puede hacer que te despiertes en el medio de la noche con la sensación de que el dedo gordo del pie está en llamas. "La articulación afectada está caliente, hinchada y tan sensible que hasta el peso de la sábana puede parecer intolerable", tal y como recoge la Clínica Mayo.

Por otro lado, es importante tener en cuenta, como apunta el manual médico MSD, que "la gota tiende a afectar las zonas más frías del organismo debido a que los cristales de ácido úrico se forman con más facilidad en ellas que en zonas más templadas. En raras ocasiones, la gota afecta a las articulaciones de la zona más templada y central del cuerpo, como las de la columna vertebral, las caderas o los hombros".

También puede inflamar otras articulaciones como la rodilla, el codo (sobre todo la bursa olecraniana, que “acolcha” la parte posterior del codo), las muñecas y los dedos.

Aunque lo primero en que se piensa cuando se habla de gota es en el dedo gordo del pie hinchado, puede afectar a varias articulaciones al mismo tiempo, lo que resulta muy invalidante. Así lo explica el doctor Enrique Calvo Aranda, del Servicio de Reumatología de HM Hospitales, "es cierto que la gota afecta más frecuentemente a la articulación del primer dedo del pie, pero también puede darse en las rodillas, los tobillos, tendones de las manos y de los pies, en los codos… Este mal concepto de la gota hace que muchos pacientes sufran dolor en sus articulaciones durante años porque creen que se deben a esguinces, malos movimientos...".

Por otro lado, es importante tener en cuenta, como apunta el manual médico MSD, que "la gota tiende a afectar las zonas más frías del organismo debido a que los cristales de ácido úrico se forman con más facilidad en ellas que en zonas más templadas. En raras ocasiones, la gota afecta a las articulaciones de la zona más templada y central del cuerpo, como las de la columna vertebral, las caderas o los hombros".

Es habitual que el dolor se acompañe de eritema o enrojecimiento de la piel que rodea a esa articulación. Los ataques inicialmente pueden durar poco y ser más leves, pero si no se pone remedio para curar la gota, cada vez suelen hacerse más intensos y duraderos. Y es que, en ocasiones, los cristales de urato (sal de ácido úrico) que se forman en articulaciones, tendones y ligamentos pueden llegar a convertirse en bultos o bajo la piel (también llamados acúmulos o tofos).

"En fases avanzadas, aparecen acúmulos palpables en forma de nódulos duros, llamados tofos", explica el doctor Javier Nicolás García, de la Clínica Universitaria de Navarra (CUN). Estas protuberancias bajo la piel pueden llegar a palparse y además de afectar a las articulaciones, pueden aparecer en lugares como los codos, las puntas de los dedos o las orejas. A veces, supuran sustancias blanquecinas, pero sólo en aquellas personas que hayan tenido la enfermedad durante muchos años.

Y si se depositan en la vía urinaria, son causa de cólicos nefríticos u otras alteraciones en el funcionamiento de estos órganos. En ocasiones, pueden inflamarse las bolsas sinoviales o los tendones, dando lugar a bursitis o tenosinovitis, respectivamente. Si se deja evolucionar la enfermedad, los ataques pueden no resolverse completamente, afectándose varias articulaciones a la vez y limitando de manera importante la calidad de vida del paciente.

Te recuerdo cuáles son los síntomas de gota aguda:

  • Una o varias articulaciones están afectadas. Las más frecuentes con las articulaciones del dedo gordo del pie, la rodilla o el tobillo.

  • El dolor se inicia de repente, en muchos casos por la noche. El dolor es intenso y se puede describir como pulsátil, opresivo o insoportable.

  • La articulación está caliente y de color rojo. Aparece muy sensible e hinchada (la sensación de dolor se hace realidad con tan solo poner una sábana o un cojín por encima).

  • Puede dar fiebre.

  • El brote desaparece al cabo de unos días, pero vuelve de manera intermitente. Esos brotes adicionales son de mayor duración.

En definitiva, aunque es cierto que la gota afecta más frecuentemente a la articulación del primer dedo del pie, también puede darse en las rodillas, los tobillos, los tendones de manos y pies y los codos. Esto hace que muchos dolores crónicos en las articulaciones se atribuyan de manera incorrecta a esguinces o a un mal movimiento, cuando en realidad se deben a un ataque de gota.

Además del sexo masculino y la edad intermedia de la vida, el principal factor de riesgo de la gota es tener elevados los niveles de ácido úrico en la sangre. También puede darse en mujeres posmenopáusicas. Es infrecuente en personas jóvenes, pero suele ser más grave entre los afectados que han desarrollado la enfermedad antes de los 30 años.

Otros factores predisponentes son la obesidad, la hipertensión arterial, la toma de ciertos fármacos y la dieta rica en precursores del ácido úrico. Además, el síndrome metabólico y las enfermedades del corazón contribuyen a la muerte prematura en los pacientes afectados por gota.

“En muchos pacientes la gota puede ser hereditaria, pero existen varias causas secundarias que la provocan”, señala el Dr. Calvo. El problema real se debe en muchos casos a una ineficaz eliminación del ácido úrico por parte del riñón”, añade el doctor Díaz Torné, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología (SER), quien recuerda que “la gota se cura mediante una terapia progresiva y prolongada en el tiempo”. Ello unido a un consumo excesivo de bebidas edulcoradas y alcohol, así como de alimentos como mariscos y vísceras y también al consumo de algunos medicamentos, pueden dar lugar a ataques de gota en personas que nunca habían tenido elevado el ácido úrico.

Por eso, las personas con este problema deben seguir una dieta pobre en alimentos ricos en purinas (vísceras, mariscos, carnes rojas, anchoas, espárragos, consomés, arenques, salsas y sopas de carne, champiñones, mejillones, sardinas y mollejas) y tomar una medicación, alopurinol o febuxostat, para disminuir el contenido del ácido úrico del organismo, a veces durante muchos años. Las bebidas alcohólicas, especialmente la cerveza, y las bebidas endulzadas con azúcar de fruta (fructosa) promueven niveles más altos de ácido úrico. Por lo que también se aconseja reducir su ingesta.

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