Los expertos, en shock con el ayuno de 11 días que recomienda Miriam Díaz Aroca

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La actriz se declara 'ayuner' y afirma que venció al bicho del hambre pensando en las células que regeneraba y en los órganos que desintoxicaba. (Foto: Telecinco)
La actriz, que se dedica al 'mentoring' (acompañamiento personal y profesionalizado a las personas), se declara 'ayuner' y afirma que venció al bicho del hambre pensando en las células que regeneraba y en los órganos que desintoxicaba. (Foto: Telecinco)

El paso de la presentadora y actriz Miriam Diaz Aroca por 'Sálvame Deluxe' para hablar sobre su profesión, sobre su exitoso pasado y su situación actual está levantando ampollas.

Tras comentar la gala de los Goya y hablar de su fulgurante carrera televisiva, contó que se había reconvertido en coach y mentora. Un cambio de timón sorprendente pero no alarmante. Hasta que llegó la verdadera bomba; al ser preguntada por Jorge Javier Vázquez sobre una hipotética participación en Supervivientes, la artista reveló que para desintoxicar su cuerpo se ha pasado 11 días sin comer.

Tan solo bebía agua y a veces le añadía magnesio. No pensaba en la comida, vencí al bicho del hambre. Pienso en las células que regenero”, contó Miriam.

Minutos después fue muy criticada en redes sociales por lanzar este tipo de mensajes tan confusos y peligrosos que pueden influir en los malos hábitos alimentarios, y que contribuyen a la reforzar los prejuicios que existen contra la obesidad en determinadas profesiones, sumándose a la apología de delgadez que todavía impera en el mundo de la moda o en la publicidad.

"La mayoría de adolescentes muestran preocupación por su peso e imagen corporal y hasta un 50 por ciento puede manifestar insatisfacción corporal", nos cuentan desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Por eso, hay que evitar dar pábulo a este tipo de comentarios.

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También los endocrinos se muestran contrarios a este tipo de prácticas que promueven la pérdida de peso y consideran que "no hay necesidad de que una persona sana haga ayunos". De hecho, para mantener el correcto funcionamiento de nuestro organismo hay tres cosas que no deberíamos ni plantearnos: no dormir, no comer y no respirar.

"El ayuno podría resultar peligroso para cualquier persona que decida llevar este método por su cuenta, pues podría conducir a situaciones patológicas como consecuencia del déficit de nutrientes, como ansiedad, insomnio, regulación hormonal (ciclos circadianos) o incluso derivar en trastornos relacionados con la conducta alimentaria", advierten desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

"Aunque el ser humano es capaz de adaptarse a periodos de ayuno nos preocupa enormemente que esta estrategia la puedan llevar a cabo personas con enfermedades simplemente porque lo ha dicho alguien con 'revelancia social', señala el doctor Francisco Botella, coordinador del Área de Nutrición de la SEEN. "Una persona bien nutrida de edad media que ayune dos o tres días puede soportarlo porque el cuerpo se adapta aunque sea una barbaridad, pero las repercusiones pueden ser muy graves para alguien con diabetes o trastornos de conducta".

Desde la SEEN consideran una "irresponsabilidad" y una "barbaridad" este tipo de manifestaciones públicas que promueven conductas muy peligrosas y pueden agravar enfermedades previas. Además "se traslada una visión sesgada, puesto que determinadas estrategias dietéticas van acompañadas de cambios en el estilo de vida, y sin embargo se suele achacar el supuesto beneficio al ayuno cuando el foco debería ponerse en los hábitos saludables que se han introducido".

Sin embargo, en los últimos años el ayuno ha ganado gran popularidad porque se ha relacionado con la belleza, la pérdida de peso y la longevidad. Ahora sus defensores hablan de algo que va mucho más allá de adelgazar: desintoxicar el organismo. Aseguran, además, que la desinformación es su principal enemigo, y que el 'paciente' debe entenderlo y aceptarlo, realizarlo voluntariamente y, siempre, bajo supervisión médica.

Cuentan además que, bajo el prisma de renovar y purificar el organismo a nivel global, no de adelgazar, las prácticas de ayunos controladas, bajo la supervisión de expertos y en centros especializados, suelen ir acompañadas de charlas sobre alimentación, buenos hábitos, recomendaciones psicológicas y también práctica de deporte. Una cortina de humo para ocultar la realidad del ayuno, que "algo que tiene tantas variables es imposible de medir", señala el Dr. Botella

Así lo explicaba la propia Miriam: "Empecé con un día, luego dos... te vas informando sobre qué pasa con tus células, con tu organismo, qué se regenera... obtienes una información más allá, no es por querer adelgazar, eso es una consecuencia".

"Lo hago porque necesito claridad mental, porque necesito desintoxicar mis órganos... Tan solo bebía agua solarizada y a veces le añadía magnesio. El ayuno es la terapia máxima, te ayuda a darle tiempo a las células para regenerar todo tipo de tejidos. Tú vas pensando en las células... cuando el cuerpo tira de toxinas tienes ese momentito de 'flow', pero hay que luchar, es un pulso contra el bicho del hambre".

En España apenas se había oído hablar de este tipo de ayuno. Lo más habitual es practicar al ayuno intermitente (que no tiene nada que ver) o modificado que consiste en realizar ayunos incluyendo la ingesta de zumos de verdura y fruta fresca, caldos de verduras y abundante agua e infusiones, lo que equivale a unas 400-600 calorías al día.

En cualquier caso, se trata de una práctica totalmente desaconsejada porque "aunque el cuerpo pueda soportarlo porque es capaz de adaptarse a múltiples patrones dietéticos, los beneficios (si es que los hay) no tienen ningún valor médico. Son resultados intermedios y mejoras puntuales que desaparecen en pocos meses".

A pesar de ser un tendencia al alza, en algunos países europeos como Alemania el ayuno es una práctica cubierta por el sistema de salud público, en España su empleo levanta polémica, pues los expertos en Medicina y en Nutrición ponen en duda sus beneficios hasta el punto de que alertan de sus manifiestos riesgos para la salud, sobre todo cuando se hace sin supervisión médica.

Además, a día de hoy la ciencia no avala sus supuestas bondades para la salud y la reducción de peso. Así lo confirman diferentes estudios y la última revisión Cochrane sobre el ayuno intermitente.

Si el cuerpo ya se desintoxica por sí mismo, ¿tiene sentido ayunar?

Hay que recordar que el cuerpo ya realiza por sí mismo un ayuno diario, que es el periodo de tiempo que pasamos sin comer a lo largo del día, desde la cena hasta que des-ayunamos (es decir rompemos el ayuno) por la mañana.

A grandes rasgos, esto significa que nuestro metabolismo tiene dos estados: el de ingesta-acúmulo-anabolismo, y el de gasto-limpieza-catabolismo. Durante la fase de ayuno de la noche, el cuerpo tiene vía libre para acabar de limpiar el cuerpo por completo y deshacerse de todo aquello que ya no necesita y no ha podido eliminar durante los ciclos de ingesta.

Pero si los periodos sin comer son demasiado cortos (como ocurre cuando cenamos tarde, desayunamos pronto o comemos continuamente) entonces los mecanismos de "limpieza" quedan incompletos y las reservas de energía no se movilizan, y esto día tras día, año tras año va generando aumento de peso y obesidad por un lado, y toxicidad en la célula y el espacio intercelular que favorece el envejecimiento celular por el otro. Aquí es donde, según sus defensores, tendría cabida el ayuno terapéutico.

Por ejemplo, según explica David López Heras, médico de familia, "si se sigue este horario (desayunar a las 7, almorzar a las 11, comer a las 15, merensar a las 18 y cenar a las 22), el cuerpo acaba la digestión sobre las 2-4 de la madrugada, por lo que el tiempo de ayuno real acaba siendo solo de 4-5 horas según a la hora que nos levantemos. Lo ideal sería que entre la cena y el desayuno hubiera unas 12 horas de ayuno, ya que las otras 12 horas hemos ido comiendo cada 3-4 horas sin dar suficiente tiempo a las fases de eliminación-catabolismo. O sea que lo suyo sería desayunar a las 7-8 y cenar a las 7-8, como hacen en el centro y norte de Europa. Además es recomendable no ir a la cama sin haber hecho la digestión, por lo que deberíamos cenar unas 4 horas antes de ir a dormir".

Hacerlo en malas condiciones, planteárselo como un régimen de adelgazamiento o no tener un buen asesoramiento pone en riesgo la vida

En cuanto al ayuno prolongado que plantea la que fuera chica Almodóvar, una modalidad más radical que el ayuno convencional no solo por la extensión en tiempo sino porque restringe por completo los sólidos, los endocrinos advierten que "produce una disminución del metabolismo basal. El organismo debe readaptarse para funcionar con una fuente energética que no es la más eficaz y que sólo puede resistir acorde a la cantidad de reservas de cada persona. Su último fin es preservar la utilización masiva de proteínas y su descomposición como fuente de energía, lo que le conduciría inexorablemente a la muerte", explica en La Razón Miguel Aganzo, nutricionista y miembro del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Rey Juan Carlos de Madrid.

Una opinión compartida por los expertos en Nutrición de la SEEN que señalan que "pasar varios días sin comer sólidos deteriora los riñones, el hígado, el cerebro y el corazón (además de provocar la pérdida de masa muscular) y puede desencadenar cuadros neurológicos graves. En caso de practicarlo, siempre es necesario hacerlo bajo supervisión médica".

Asimismo aseguran que dejar de comer durante largos periodos no cuenta con estudios que respalden su seguridad y eficacia. No existe evidencia científica contrastada que permita recomendar la realización de ayunos como una práctica comparable a una alimentación saludable, sin olvidar que hacer ayunos sería una práctica de riesgo en personas con enfermedades crónicas (como diabetes, insuficiencia renal, cirrosis, etc.) o en personas con extrema delgadez.

"En personas sanas que tuviesen una alimentación equilibrada, el organismo tiene reservas suficientes de vitaminas para que en ayunos de hasta un mes no haya deficiencias significativas. Sin embargo, las reservas de tiamina (vitamina B1) son escasas y, si en la realimentación (al volver a tomar alimentos, fundamentalmente azúcares) no se administrara, puede desencadenarse un cuadro neurológico grave llamado encefalopatía de Wernicke-Korsakoff", explica Emilia Cancer, miembro del Área de Nutrición de la SEEN.

Por otro lado, en el caso del ayuno prolongado, "se han descrito muertes súbitas por arritmias ventriculares en relación con pérdida de las proteínas corporales y alteraciones en las concentraciones de cobre, potasio y magnesio", añade la experta.

Por eso, continúa "la duración de los ayuno puede ser sólo de 1 a 3 días; ayunos más intensos de 7-10-21 días no debería hacerlos nadie y mucho menos sin indicación ni supervisión médica".

Es más, los expertos consideran que no se ha evaluado bien su seguridad o sus consecuencias sobre la salud a largo plazo. Y desde la SEEN aclaran que "el ayuno terapéutico se ha empleado bajo supervisión médica hospitalaria en casos de obesidad severa, pero ha dejado de practicarse por no haber demostrado eficacia a largo plazo".

Para la ciencia, las dietas de ayuno intermitente son muy recientes y de algunas no se ha hecho pública toda su composición; "sería interesante saber si han sido evaluadas con criterios científicos y si sus resultados justifican su uso en personas sanas a largo plazo”, añade el científico Manuel Serrano, director del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona)

Ese es el gran dilema: qué sucede pasados los años en personas sanas que practican como norma este tipo de ayuno. “Hay muy pocos datos de sus efectos a largo plazo, y mi suposición es que, al igual que la restricción excesiva de calorías prolongada en el tiempo, no va a ser viable”, concluye Valter Longo, investigador del Instituto de Longevidad de la Universidad del Sur de California, uno de los científicos de referencia que está abanderando el estudio de las dinámicas genéticas, inmunológicas y metabólicas del ayuno para separar el grano de la paja.

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