Mireia Oriol: "La gente cree que el éxito es dinero o ser aclamado. Yo lo encuentro en lo cotidiano"

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Photo credit: Rocío Ramos
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«Muchas veces le digo a mi representante que tengo miedo de que me cambie la vida», dice Mireia Oriol (Barcelona, 1996) mirando a su agente por el rabillo del ojo en busca de aprobación. «Da respeto, pero nunca sabes lo que puede pasar, así que ¿para qué preocuparse?», resuelve. Sus ojos rasgados expresan también lo que dice y es interesante ver cómo esta actriz que ni siquiera roza la treintena tiene las cosas tan claras. «La gente se empeña en creer que el éxito es dinero, ser aclamado… Yo prefiero encontrarlo en lo cotidiano, en poder sacar tiempo para ver a mi familia y amigos o escaparme al campo a desconectar». Y está bien que lo vea así porque lo cierto es que, probablemente, su vida sí que dé un giro radical ahora que está a punto de debutar como protagonista en Alma, la próxima serie de Netflix de Sergio G. Sánchez. Pero, a la vista está, tiene los pies en el suelo.

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Oriol inició su camino a la interpretación siendo muy joven, aunque tuvo que pasar por una fase como modelo para darse cuenta de que lo que quería era ser actriz. A los 14 fichó por una agencia y, poco después, su habilidad ante la cámara la llevó a París, donde vivió en un piso de modelos hilando castings hasta que se desmoronó. «Estaba muy frustrada porque no me gustaba el trato a la modelo y me sentía muy sola. Un día me llamó mi representante y me dijo: “O te pones las pilas, o lo dejamos”. Y lo dejé», relata. Volvió a casa, a Barcelona, con una espina clavada: se había apuntado a un curso de actuación en París que iba a tener que dejar pasar. Por suerte, su tía (quien, cuenta, le contagió el interés por las artes), le dijo que la llevaría de vuelta para que pudiera tomar esas clases y reconciliarse con la ciudad. Allí, el destino hizo su magia: «Conocí a un coach de interpretación que me habló de su escuela en Londres. Se me encendió algo y entendí que era allí donde quería formarme, que este era el camino que iba a seguir».

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Desde entonces ha enlazado diferentes papeles hasta protagonizar su primer gran largometraje, El pacto, junto a Belén Rueda en 2018, y Les de l’hoquei, una exitosa serie de TV3. Pero con Alma siente que hay un antes y un después. «Es una serie cubierta de thriller y fantasía, pero con un componente emocional y dramático enorme. Habla de temas muy complicados como el duelo, la vida, la aceptación o la fe», explica. Un zarandeo emocional que no pudo evitar llevarse a casa: «¡Cómo no! Fue un rodaje tan intenso que llegué a no distinguir lo que pasaba en mi vida personal y en el set. Al terminar, cuando volví a la realidad, me costó asumirlo. Todavía hoy sigo dejándola ir».

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La exposición, las publicaciones y los eventos que conllevan ahora su trabajo le han hecho acercarse de nuevo a la moda. Y en ello Emporio Armani ha tenido mucho que ver. «Me invitaron a su desfile en Milán hace unos meses y tuve una revelación. Llevaba años sintiendo amor-odio por la industria, porque me encantaban sus historias y su parte creativa, pero para mí fueron muy duros mis años como modelo. Y en ese show me emocioné de nuevo, me reencontré –declara ilusionada–. Armani me ha reconciliado con la moda».

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Lleva un traje gris de la colección Icon de la casa, compuesta por piezas diseñadas para durar varias vidas. «Siempre he sido fiel a valores auténticos y sólidos. Lo hago diseñando objetos atemporales, puros y mínimos, inspirados en la idea de que menos es más, hechos para durar en el tiempo», comentaba recientemente el Sr. Armani. Una oda al consumo responsable que culmina con el lanzamiento de Armani/Values, un nuevo departamento donde explorar nuevas formas de conjugar ética y estética, algo con lo que Mireia se siente especialmente identificada: «Estoy muy concienciada, creo que no se nos ha educado en esto. Nos estamos cargando el planeta y tenemos que cambiar los hábitos. Es crucial», apunta. Se dice mucho que la suya es la generación del cambio. Puede ser, aunque prefiere hablar claro: «Yo nos veo jodidos. Nos habían prometido un futuro y no lo hay; estamos rabiosos, tristes y frustrados. ¿Y encima nos tenemos que poner la carga de que tenemos que solucionar las cosas? ¡Suficiente tenemos con lo que nos han dejado!», apostilla. Y razón no le falta. Pero también es inevitable pensar que, en la era de la influencia, con referentes como ella, con discursos como el suyo, otro futuro al que se esboza ahora –uno, quizá, mejor– es posible.

PELUQUERÍA Y MAQUILLAJE: NATALIA BELDA. PRODUCCIÓN: BEATRIZ VERA. ASISTENTE DE FOTOGRAFÍA: RAFA GALLAR. ASISTENTE DE ESTILISMO: GRETA MACCHI. AGRADECIMIENTOS: HOTEL PETIT PALACE SAVOY ALFONSO XII (MADRID).

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