Miguel Herrán presenta 'Modelo 77': "Los premios me la pelan; el más grande ya me lo he llevado"

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Photo credit: Teddy Iborra
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Si del lodo crecen las flores más altas –co­mo dice la canción de Xoel López–, la semilla que germina en Miguel Herrán promete alumbrar a un nuevo Miguel Herrán. A sus 26 años, el actor aguarda como crisálida su particular metamorfosis. Una singular transformación que, a todas luces, lo encumbrará como uno de los nombres propios de los próximos meses. Para entender hacia dónde se dirige, bastaría con observar de dónde viene. Un relato personal y profesional que daría para escribir el guion de su propia autoficción. A saber: dejó de ser un nini para convertirse en una especie de enfant terrible del cine patrio gracias a A cambio de nada, la ópera prima de Daniel Guzmán con la que consiguió el Goya a mejor actor revelación en 2016. Y tras aquel éxito inicial que le cambió la vida –el director lo descubrió en lo que en el mundillo cinematográfico se conoce como ‘casting de acera’–, llegaría la consagración de su imagen a nivel internacional con dos de los grandes hits en series de Netflix España. Primero, como Río, en La casa de papel y, después, como Christian, en Élite. Ambas se convirtieron en el espaldarazo definitivo a una trayectoria que había comenzado a fraguarse casi de chiripa.

La forja de este malagueño que se enamoró de la interpretación por casualidad también se moldea hoy por unos derroteros, hasta ahora, impensables para él. El 16 de septiembre abre inaugura la 70 edición del Festival de Cine de San Sebastián con Modelo 77, una de las películas más esperadas de 2022, de Alberto Rodríguez. Una semana después, el 23 de septiembre, llega a los cines para cimentar su camino hacia los Goya, porque tiene todos los ingredientes para un empacho de nominaciones. Entre esas dos fechas se convertirá en el único protagonista masculino de la nueva campaña mundial de la colección de perfumes Botanical Rainbow, de LOEWE. En definitiva, un otoño caliente que servirá a Herrán para florecer como nuevo icono contemporáneo.

Photo credit: Teddy Iborra
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“El recorrido mental hasta llegar a este punto de mi carrera no me ha resultado nada fácil”, confiesa mientras da una calada a un cigarrillo durante uno de los descansos de la sesión fotográfica que realizó para esta revista. Y lo dice así porque el proceso psicológico que experimentó mientras rodaba Modelo 77 despertó algunos de sus peores fantasmas. “Mi obsesión por el físico me jugó una mala pasada”, añade.

En la cinta interpreta a Manuel, un joven contable que ingresa en la cárcel Modelo de Barcelona tras haber cometido un desfalco. La trama se desarrolla en 1977, fecha en la que el Congreso de los Diputados debatió la Ley de Amnistía y por la que surgió la Coordinadora de Presos en Lucha (Copel), organización en la que su personaje se enrola para luchar por los derechos de sus compañeros de prisión. Manuel, que sufre maltrato policial y que llega incluso a dejar de comer, estaba en las antípodas anatómicas del actor. “Realicé un primer casting con el director a través de una videollamada. Recuerdo que llevaba puesta una camiseta oversize. Al verme, Alberto me dijo que no me preocupara, que bajara la intensidad de mis entrenamientos para perder algo de volumen muscular. Al encontrarnos físicamente un mes antes del rodaje, me vio y se sorprendió. Me pidió que bajara unos 12 kilos: algo imposible de conseguir en cuatro semanas cuando, prácticamente, no hay grasa corporal. Y después de aquello vino todo lo demás”, relata.

¿Qué fue lo que pasó?
Me obsesioné con no comer y empecé a hacer mucho ejercicio cardiovascular para matar a mis músculos. Después apareció la dismorfia corporal: me miraba al espejo y no me veía lo suficientemente delgado. Y todo eso unido a una mala hostia constante porque pasaba mucha hambre.

Qué peligroso, ¿no?
Claro. Había pasado de obsesionarme con estar anatómicamente definido a tener, precisamente, la percepción contraria. Durante los rodajes, llegaba a comer un pistacho y pensar: “Miguel, has comido demasiado”. Aquello derivó en episodios de depresión que me llevaron a pensar, incluso, en ingresar en un hospital y que me alimentaran a base de suero para conseguir que mi musculatura se atrofiara.

¿Te llegaste a plantear si el proyecto te compensaba?
Sí, recuerdo que un día llamé a mi representante para comentarle que no sabía si podía continuar. Mi salud mental y física estaban al límite. Cuando me obsesiono con algo me pongo unas barreras psicológicas muy fuertes. Soy consciente de que mi cabeza me la está jugando hasta que yo mismo me digo: “Miguel, déjate de gilipolleces, busca una solución y continúa”.

Photo credit: Julio Vergne
Photo credit: Julio Vergne

Ya, pero mientras tanto…
Sufrí mucho, pero creo que supe trasladar todos esos sentimientos a mi personaje. En realidad, Manuel es fruto de todo lo que yo viví en aquellos momentos. Como aquel día en que llegué a detener hasta cinco veces la grabación de una secuencia para vomitar bilis a escondidas de todo el equipo. Alberto me descubrió, paró el rodaje, fuimos al médico y en el hospital me dijeron: “Miguel, los ácidos de tu estómago están a punto de generarte una úlcera. ¡Tienes que comer!”.

¿Llegaste a tener miedo?
Sí. Cuando te planteas darle un mordisco a un bocadillo y escupirlo, cuando tomas de veinte a treinta cafés al día porque la cafeína te sacia y, además, acelera el metabolismo para adelgazar más rápido, descubrí que había tocado fondo. Me estaba consumiendo.

¿A qué resortes de actor te agarrabas para trabajar en un estado físico tan lamentable?
Supongo que lo que me salvó fue pensar en lo maravilloso que era el proyecto y el equipo humano que lo hacía posible. Yo tenía una movida interna que me acompañaba tras las jornadas de grabación.

¿En qué consistía esa movida?
Durante el rodaje de Modelo 77, viví en un apartamento en Barcelona. Cuando llegaba a casa, me miraba al espejo y debatía conmigo mismo, con mi propio cuerpo. He descubierto que aquel diálogo interno me dio qué pensar: “¿Serías capaz de decir que sí a un proyecto en el que tengas que engordar 40 o 60 kilos?”. Hoy, tras haber visto la película, pienso que ese sufrimiento ha merecido la pena. De haber abandonado, me hubiera decepcionado a mí mismo. Ahora puedo decir que me siento mucho más seguro como actor. Me reconozco.

Photo credit: Teddy Iborra
Photo credit: Teddy Iborra

La catarsis de Miguel Herrán llega una década después de su llegada a este mundillo, “aunque han sido necesarios cinco años para asumir que mi primera película [A cambio de nada] fue un peliculón”, explica. Modelo 77 lo sitúa en una órbita más madura en la que la crítica especializada valorará su calidad como actor. En la cinta, plano a plano, se bate el cobre con Javier Gutiérrez o Fernando Tejero, entre otros, dos tótems del panorama actoral patrio de los que, dice, ha aprendido mucho. “Aunque la lección que me llevo de este proyecto es valorar lo que es el amor propio. Y eso se lo debo a esta profesión”, explica.

Esas son palabras mayores, ¿no crees?
Creo que es interesante diferenciar entre tener fama y tener prestigio. Para mí, lo más importante es lo segundo. Yo solo pretendo que mis compañeros me miren con respeto, que valoren por qué hay una parte de mí en cada uno de mis trabajos. Llevo diez años en esto y me jode mucho que la gente valore mi carrera basándose en un par de productos. ¿Tú sabes lo que es que te paren por la calle y te digan? “¡Buah, tío, te admiro mogollón porque te has follado a Úrsula Corberó y a Esther Expósito!”. Y siempre respondo lo mismo: “Te voy a decepcionar, pero no me he acostado ni con una ni con otra”.

Entonces, ¿cómo le reconocen a uno? ¿Con los premios?
A mí los premios me la pelan. Con Modelo 77 no pretendo que me den ninguno. De hecho, la película ya me ha premiado con algo más grande: el sentirme cómodo y seguro con mi oficio. Este proyecto me ha ayudado a entender cuál es mi rol en un rodaje y divertirme con ello. Eso no me había pasado nunca. Nunca había visto una película nada más hacerla y decir: “Qué buena es”. Ese es el verdadero reconocimiento. ¿Que me gustaría ganar un Goya? Sí, sería la puta hostia que se volviera a repetir. Pero yo ya gané uno, disfruté mucho de aquel momento y eso nadie me lo podrá arrebatar. Por eso le agradezco mucho a Alberto Rodríguez que me insistiera para participar en su proyecto.

Parece que ese florecimiento en lo profesional también trae aparejada la conversión de Herrán en icono contemporáneo. Ha debido de invocar algún tipo de todopoderosa fuerza cool para que el mismísimo Jonathan Anderson, director creativo de LOEWE, haya puesto sus ojos sobre su personalísima imagen. Desde este mes de septiembre, el rostro del actor estará presente en los carteles publicitarios de las ciudades más importantes del mundo. Será el protagonista de una campaña de perfumes que es un canto a lo humano, a lo natural. En el spot, dirigido por Tyler Mitchell, le acompañan la modelo Jeanne Cadeau y la cantante Ama Lou. Juntos celebran la belleza a través de una conexión sensorial que exalta, precisamente, los aromas que nacen de la tierra. De hecho, la receta magistral de Earth, el nuevo eau de parfum que se incorpora a la colección Botanical Rainbow de la marca, es una especie de maravilla subterránea que mezcla trufa, pera, elemí, mimosa o violeta, entre otros.

Photo credit: Teddy Iborra
Photo credit: Teddy Iborra

La última joya olfativa de la firma conecta lo que hay por encima y por debajo de la tierra. La simbiosis perfecta entre dos mundos: el interior y el exterior, que son, casualmente, como los que dan sentido a la vida y a la obra del Herrán de los últimos tiempos. La curiosidad por el universo de la moda y la belleza también han salido al rescate del malagueño, comenta, mientras se prueba algunas de las prendas escogidas para este reportaje. “Durante el rodaje de la película, iba de tiendas por Barcelona como si lo hiciera Manuel. Él es un hombre que aspira a vestir como viste la gente con dinero. Y eso hacía yo: entraba en exclusivas boutiques, me probaba algunas prendas y luego buscaba otras opciones idénticas, pero más económicas. Me divertí muchísimo”, añade.

De LOEWE para el mundo

Con su aparición en la campaña de LOEWE, el actor promete revolucionar los códigos de la marca, una sacudida marketiniana parecida a las que protagonizaron el torero Cayetano Rivera con Loewe 7 o el actor Pedro Pascal con Solo Loewe. “Me hace mucha ilusión, porque quería poner un pie en este mundo a través de una firma con la que me siento identificado. Todo el universo estético que gira en torno a ella me fascina. Me parece muy bonito todo lo que he vivido: el rodaje en Londres, lograr entenderme con mis compañeras sin tener ni idea de inglés...”, explica.

Photo credit: Teddy Iborra
Photo credit: Teddy Iborra

Queda claro que a Miguel Herrán se le ponen pocas cosas por delante: es riguroso, afable y posee una capacidad de trabajo desbordante. No se arredra: conoce perfectamente cada ángulo de su rostro, cada costado de su cuerpo. El actor maneja con maestría su imagen hasta cuando está con el agua al cuello: en sentido literal y figurado.

Cuentas con 15 millones de seguidores en Instagram, que se dice pronto. ¿Cómo se maneja semejante nivel de población?
A pesar de que tengo una relación extraña con esta red social, procuro ser lo más honesto posible. Por un lado, me da rabia ver cómo vende vidas que no son reales, capaces de crear mucha frustración entre la gente joven. Tendemos a compararlo todo: la vida de ese, la novia de aquel, el cuerpo del otro... Y no nos damos cuenta de que todo es mentira. Instagram nos vende mierda, a nosotros nos encanta consumirla y esa mierda nos va minando poco a poco.

Ante eso, ¿qué posición tomas?
Me enfado muchísimo. Me jode, por ejemplo, que alguien vea una imagen de mi torso y no sepa que detrás de él estoy yo, que soy mucho más que eso y que, obviamente, todo está estudiado: cómo cae la luz sobre mis músculos, si hace un buen rato que no he comido nada para no estar hinchado y que se marquen mis abdominales...

Suena a que lo tienes todo estudiado.
Claro. Porque si a Instagram no le das lo que quiere, dejas de interesar a la gente. Empiezas a perder seguidores y yo necesito vender. Habría que ser muy gilipollas para no reconocer que también vivo de esto. Aún así, procuro invitar a la reflexión a mis seguidores.

Demasiado ambicioso y filosófico, ¿no crees?
A mí me gusta intentarlo. El otro día subí una foto de mi torso desnudo enfrentada a otra foto en la que aparecía vestido. Y lancé una encuesta que decía: “¿Qué os apetece? ¿Mejor con camiseta o sin ella?” El 69% de mis seguidores votaron que preferían verme sin ropa. Aquella fue la confirmación de lo que ya me imaginaba. ¿Conclusión? Jugaré con ello. Dejar de vivir mis propias experiencias para vivirlas a través de la aceptación de la gente es un ejercicio complicado, pero si no compartes según qué tipo de cosas es como si no hubieras vivido. Y también lo necesito para no perder la fidelización de mis followers.

Photo credit: Teddy Iborra
Photo credit: Teddy Iborra

El pasado mes de abril, tu casa se incendió. ¿Qué te movió a compartir en redes sociales un drama personal de ese calibre?
La impotencia y la frustración. ¿Sabes lo que es ver tu casa en llamas y no poder hacer nada? Me gusta pensar que de gilipollas tengo lo justo aunque, en ocasiones, me lo haga. En ese momento pensé: “¿Qué puedo sacar yo bueno de todo esto?”. La respuesta era publicarlo en Instagram. Yo sabía que si subía ese vídeo se convertiría en viral y yo necesito ser viral de vez en cuando. Estar en la cresta de la ola.

¿Y eso por qué?
Porque si no haces cosas para mantener activa tu cuenta, pierdes seguidores, engagement. A pesar de que aquello fue un shock para mí y para quienes me siguen, logré sacar algo bueno: el día del incendio gané 400.000 followers, al día siguiente, 200.000 y al tercer día, 100.000. Evidentemente, no me alegro de la hazaña, ni lo hice a propósito: preferiría darte mis 15 millones de seguidores a cambio de recuperar mi casa. ¿La conclusión? Ya que estaba sumido en la miseria, por lo menos voy a intentar transformarlo: mostrarle a la gente que en mi vida también hay situaciones dolorosas, que la fama no da la felicidad.

La sinceridad y la forma tan clara de expresar lo que siente son también dos rasgos distintivos del actor. Se exacerban en las distancias cortas y crecen en intensidad a medida que ahonda en según qué tipo de discursos. El idealismo que conlleva su juventud no lo desplaza de ciertas convicciones. Sobre todo cuando se plantea adónde quiere llegar con todas sus acciones. Es entonces cuando surge otra pregunta.

¿En qué reflexiones estás metido?
En estos momentos me planteo por qué hago lo que hago y para qué lo hago. Creo que perdemos demasiado tiempo poniéndonos metas, pensamos demasiado en el medio y largo plazo; en la búsqueda de objetivos, que, tras cumplirse, nos buscamos otros. Me he perdido muy buenos momentos por tener la cabeza puesta en aquello que estaba por llegar. Y no quiero estar así hasta el día de mi muerte.

Photo credit: Teddy Iborra
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Miguel Herrán, el hombre que no sueña con hacer carrera en Hollywood –dice que rodar una película o participar en una serie de cualquier plataforma digital te coloca en cualquier parte del mundo sin necesidad de salir de España–, prefiere tener aspiraciones más mundanas. “Me he federado como piloto de motos y estoy empezando a correr mis primeras carreras. Me gustaría aprender inglés y tomarme un tiempo para hacer todo aquello que no tenga que ver con mi profesión, con el firme convencimiento de que mi carrera no parará aunque yo quiera parar. Sería idiota si lo hiciera”, dice. ¿Es este su particular corto plazo? La vida y las publicaciones en redes sociales del actor lo dirán. Mientras, él sigue creciendo. Escarbando en todo ese lodazal del que volverán a nacer las flores más altas. Con todas aquellas semillas que el malagueño decida sembrar.

Asistentes de fotografía: Borja Llobregat Y Aina Reig · Asistente de estilismo: Aline Patiño · Maquillaje y peluquería: Amparo Sánchez · Vídeo: Pablo Yarnoz (Mad Media Madrid) · Asistente de vídeo: Diego Lázaro · Producción: Chus Casarrubios · Asistente de producción: Jairo González · Agradecimientos: CRD Café Racer Dreams, California Monkeys y Flores Carlos de Troya

*Este artículo aparece publicado en el número de septiembre 2022 de la revista Esquire

Photo credit: Esquire
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