‘Miedos nocturnos’, la secuela de E.T. con aliens carnívoros que afortunadamente nunca vio la luz

Las secuelas forman parte de la historia del cine desde sus inicios, e incluso se cree que The fall of a nation de 1916 fue la primera de la historia. Sin embargo, la obsesión hollywoodense de producir continuaciones de taquillazos millonarios alcanzó su punto álgido a finales de los años 70 y principios de los 80 con éxitos como El Padrino II, Superman II, Tiburón II o El imperio contraataca, entre otras tantas. Pero ¿nunca te preguntaste cómo es que E.T. el extraterrestre no tuvo secuela?

Pues casi la hubo. Y su historia te dejará de piedra.

© 1982 Universal

La épica aventura de Elliot, un niño que comparte la sensación de abandono que le provoca el divorcio de sus padres con un pequeño extraterrestre olvidado por su madre, hizo historia en 1982. La décima película de Steven Spielberg llegaba a los cines avalada por el éxito de otra historia extraterrestre suya, Encuentros en la tercera fase (1977) y la sensación de aventura triunfal de En busca del arca perdida (1981) apenas unos meses antes. El resultado fue un blockbuster inmediato que con 709 millones de euros ($793 millones) recaudados en todo el mundo se coronó como el más taquillero de la historia del cine. Es más, ocupó ese lugar durante once años hasta Parque Jurásico (1993), también de Spielberg.

Teniendo en cuenta que Hollywood ya había empezado a explotar sus éxitos modernos con secuelas a diestro y siniestro, ¿cómo es que E.T. no tuvo la suya? Te sorprenderá saber que casi la tuvo. Es más, E.T. El extraterrestre nació a partir de un libreto que pretendía ser la secuela de Encuentros en la tercera fase. Como lo lees.

Spielberg siempre estuvo fascinado con la idea de la existencia extraterrestre (por eso a más de uno no nos sorprendió cuando terminó colándolos en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal) y aquel drama de ciencia ficción sobre conexión interplanetaria fue fruto de ello. Si bien se estrenó en 1977, el director estuvo más de cuatro años desarrollándolo, consiguiendo un clásico instantáneo que hizo más de 268€ millones-$300 millones en la taquilla mundial. Con semejante éxito, los ejecutivos de Columbia Pictures le pidieron una secuela pero Spielberg no quería dirigirla, pero tampoco quería desligarse del todo como había hecho con Tiburón 2 en Universal, así que desarrolló él mismo la idea.

Y la secuela de Encuentros en la tercera fase terminó siendo una continuación con tintes de terror. Spielberg se inspiró en una de las historias más conocidas en EEUU de supuestos encuentros con seres extraterrestres. Fue el caso de una familia de Kentucky que en 1955 aseguró a la policía que habían visto extraterrestres de ojos grandes salir de una nave espacial, que los habían atacado en su granja y les habían disparado varias veces. Con el paso del tiempo aquellas alegaciones se convirtieron en leyenda, con muchos asegurando que lo que vieron en realidad fueron búhos cornudos. La idea original del director constaba de once extraterrestres científicos y malvados que aterrorizaban a una familia en su granja al diseccionar a sus animales como parte de su investigación por descubrir a los animales más sensibles de nuestro planeta.

Spielberg confió en John Sayles, el responsable del guion de Piraña (1978), la parodia de Tiburón, para que transformara su idea en un libreto completo. Se tituló Night Skies -que se podría traducir como Cielos nocturnos- e iba a rodarse una vez que Steven completara sus compromisos con En busca del arca perdida. Es más, el proyecto fue tan lejos como que el maestro de efectos especiales, Rick Baker (Un hombre lobo americano en Londres, 1981), comenzó a diseñar las criaturas. Llegó a construir un prototipo que costó 62.000€-$70.000 que a Spielberg le encantó. A mediados de los 80 el guion estaba terminado con cinco en lugar de once extraterrestres malvados, aunque uno de ellos era bondadoso y forjaba una amistad con el niño autista de la familia.

¿Les va sonando de algo la trama?

© 1982 Universal

La película incluso comenzaba con la llegada de uno de ellos -que se llamaba Scar- matando animales de la granja con una luz que salía de uno de sus dedos. Pero Spielberg tenía dudas. La idea estaba muy avanzada pero había algo que no le encajaba. Y quizás era que su visión había cambiado. Más tarde confesó que durante el rodaje de la primera entrega de Indiana Jones, rodeado de “explosiones, matando nazis y con Harrison Ford en una aventura en el medio de Túnez”, se dio cuenta que necesitaba “regresar a la tranquilidad, o al menos la espiritualidad, de Encuentros cercanos”. Y así, de un soplo, Night Skies estaba finiquitada. Pero solo como proyecto y secuela de Encuentros, porque su idea básica sirvió para desarrollar otras dos películas: Poltergeist (que dirigió el director de La matanza de Texas, Tobe Hopper que curiosamente Spielberg quería que dirigiera Night Skies) y E.T. el extraterrestre.

¿No les sonaba la amistad con el niño o la luz del dedo?

Así fue como ese Spielberg dudoso compartió el libreto con Melissa Mathison en el set de Indiana Jones -que estaba visitando a su futuro marido, Harrison Ford-. Ella se emocionó tanto con la historia de amistad entre el niño y el alienígena que en cuestión de semanas había reescrito la idea: ahora se titulaba ET y Yo. A Spielberg le encantó y en menos de lo que canta un gallo se ponía manos a la obra. Fue tan rápido que la estrenó un año después que su primera entrega de Indiana Jones.

Pero no fue fácil. El director enfadó a todos los implicados en la supuesta secuela de Encuentros cercanos, desde Rick Backer que había gastado 620.000€-$700.000 en crear las criaturas, a los presidentes de Columbia, que no quisieron tener nada que ver con ET porque no querían hacer una “película de Disney debilucha”, como cuenta la historia. Y lo demás es historia, MCA compró los derechos y pagó a Columbia el millón invertido en Night Skies, y crearon una clásico legendario.

Y aquí llega la segunda curiosidad y fruto de este artículo. Tras el éxito internacional de E.T. el extraterrestre, surgió la petición del estudio de una secuela. De nuevo. Y a Spielberg y Mathison se les ocurrió ET II: Nocturnal Fears, que se traduciría como miedos nocturnos. Y no era nada, pero nada, parecida a la original.

La magia y ternura se perdían completamente con una secuela que traía a la Tierra a los primos malvados de ET. La historia contaba de nuevo con Elliot como protagonista -lo que hubiera devuelto a los cines a Henry Thomas- pero en lugar de vivir una aventura inolvidable protegiendo a un ser extraterrestre perdido, vivía otra más traumática. En el tratamiento desarrollado (que puedes leer aquí en inglés), Elliot y sus amigos eran secuestrados por aliens malvados que llegaban a la Tierra en busca de otro extraterrestre olvidado llamado Zrek.

Pero en esta ocasión, las criaturas eran carnívoras y ¡albinas! Una especie perteneciente a la misma civilización de ET, que había mutado. Dos bandos de un mismo planeta que llevaban décadas en guerra. Pero Elliot y sus amigos caían presos de este grupo, siendo interrogados y aterrorizados con los “dientes afilados” de estos seres, cuyo líder estaba convencido que conocían el paradero de Zrek.

Los niños pasaban una travesía aterradora, con mutilaciones de animales incluidas, mientras Elliot intentaba contactar con E.T a los gritos para pedirle ayuda. En el boceto de la historia se describe específicamente que el niño era torturado en el interrogatorio hasta llegar a desmayarse del dolor. ¿Al final? ET llegaba al rescate y los salvaba del apuro.

Tras conocer los detalles de la secuela, resulta imposible imaginarnos en qué estarían pensando cuando idearon semejante continuación. Afortunadamente, Spielberg se apiadó de su propia creación -y de nosotros, los niños que hubiera traumatizado con esta secuela en los 80- y decidió olvidar la idea.

Las secuelas pueden ser muy peligrosas porque comprometen tu verdad como artista. Una secuela de ET no hubiera hecho nada que robarle la virginidad a la original” dijo en un discurso en el Instituto de Cine Americano. ¡Y qué razón tenía! ¿Se imaginan ir al cine en los 80s a ver una secuela de ET y encontrarse con una historia de niños secuestrados por extraterrestres? ¿Y con E.T. como superhéroe de turno con lo sensible y delicado que era en la película original? Sin dudas debemos agradecerle a Spielberg por no dejarse llevar por la fiebre de las secuelas, protegiendo nuestro recuerdo colectivo y no arruinar la historia que tocó el corazón de millones de niños y adultos de todo el mundo.

E.T. el extraterrestre es perfecta tal y como es. ET se marcha feliz con su madre y Elliot vive una aventuras que recordará toda su vida. No hacía falta más.

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