Miedo a la muerte: las claves psicológicas para lidiar con nuestro temor más profundo

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Todos somos conscientes de que algún día vamos a morir. A pesar de ello, la muerte sigue siendo un tabú. No solemos hablar de ella y su mero pensamiento nos genera temor. Por eso preferimos evitarla. Las cifras lo demuestran. El 34% de los adultos evitan hablar de la muerte y sus últimos deseos mientras que el 20,3% reconoce que tiene mucho miedo a morir.

Sin embargo, cerrar los ojos ante nuestra mortalidad no nos convertirá en inmortales. Cuanto más tardemos en afrontar la muerte y más intentemos borrarla de nuestra mente, más crecerán el miedo y la inseguridad. Y cuanto más intentemos huir de ese miedo, más monstruoso se volverá. Así viviremos con miedo y moriremos sin estar preparados. Por eso necesitamos aprender a lidiar de manera saludable con nuestro temor más profundo.

El verdadero origen del temor a la muerte

La muerte va en contra de nuestro deseo más atávico e instintivo de seguir viviendo. De hecho, el miedo a la muerte incluso podría considerarse como adaptativo ya que en ciertas circunstancias puede impedir que asumamos riesgos innecesarios que pongan en peligro nuestra vida.

Sin embargo, el miedo a la muerte puede convertirse rápidamente en un monstruo cuya sombra nos acecha permanentemente. No saber a ciencia cierta qué ocurre cuando morimos es una enorme fuente de desazón e inseguridad. Si creemos que morir es como lanzarnos al vacío sin paracaídas, es comprensible que ese pasaje a lo desconocido genere un gran temor y preocupación.

La muerte representa el fin de todo lo que consideramos familiar, incluida nuestra existencia. Podemos tener la sensación de que, cuando llegue, nos veremos sumergidos en algo completamente desconocido sobre lo que no tenemos ningún control. Esa perspectiva puede ser aterradora para muchas personas.

La distancia que nuestra sociedad ha adoptado de la muerte tampoco ayuda a normalizarla y aceptarla como un proceso natural.

En 2011, Keith A. Anderson, profesor de la Universidad Estatal de Ohio, analizó miles de inscripciones de lápidas desde 1900 hasta la actualidad y concluyó que “en los últimos 110 años se ha producido una aceptación significativamente menor de la muerte […] La muerte se ha medicalizado y marginado cada vez más, de manera que la sociedad ha dejado de aceptar la finitud de la vida”.

La muerte se ha ido relegando cada vez más a las camas de hospital hasta desaparecer casi por completo de la vida pública, a pesar de que la mayoría de los adultos preferiría morir en casa. Ese distanciamiento nos ha llevado a ignorar la muerte conscientemente pero su sombra sigue empujando desde el inconsciente. Sin herramientas psicológicas para lidiar con una realidad inevitable, pero que percibimos como lejana y ajena, cuando la perspectiva de la muerte se abre paso nos toma por sorpresa y causa auténtico pavor.

Sin embargo, vivir con miedo a morir no es vivir, es limitarse a sobrevivir.

Asumir nuestra mortalidad la despoja de la angustia que nos genera

No es necesario tener presente la muerte a diario, pero en algún momento de la vida debemos comenzar a aceptar la idea de nuestra mortalidad y la de quienes nos rodean. Necesitamos hacer un alto en el camino para mirar la muerte a la cara, sin eufemismos, y despojarla de su influjo angustioso.

Dalái Lama explicó que “la muerte es una parte natural de la vida que todos deberemos afrontar tarde o temprano. Podemos adoptar dos actitudes ante ella mientras vivimos: o bien elegimos no pensar en ello o podemos hacer frente a la perspectiva de nuestra propia muerte reflexionando con claridad sobre ella, para tratar de reducir al mínimo el sufrimiento que pueda producir”, aconsejó Dalái Lama.

Hay quienes piensan que aceptar la muerte es rendirse. Sin embargo, se necesita mucho coraje, seguridad y madurez para aceptar lo inevitable y decidir cómo queremos vivir la última etapa de nuestra vida.

En cambio, vivir con miedo a morir tiene enormes implicaciones psicológicas, aunque no seamos conscientes de ello. Un estudio desarrollado en Israel comprobó que el miedo a la muerte puede amplificar nuestro deseo de venganza y violencia mientras que otra investigación australiana concluyó que “la ansiedad por la muerte es un miedo básico en la base de una gran variedad de trastornos mentales, desde la hipocondría y el pánico hasta los trastornos de ansiedad y la depresión”.

Otro estudio realizado en la Universidad de Vilna comprobó que las personas que más temían a la muerte sufrían un dolor más intenso y prolongado tras perder a un ser querido, en comparación con aquellos que habían aceptado la muerte.

Normalizar la muerte, al contrario, resulta liberador y genera una gran serenidad para afrontar la última etapa de la vida. Un estudio realizado en el Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf con pacientes que tenían cáncer en una etapa avanzada reveló que una “elevada aceptación de la muerte fue adaptativa y predijo una menor angustia existencial y ansiedad después de un año”.

Médicos de la Universidad Nacional de Taiwán también hallaron que las personas que tenían menos miedo a morir, solían tener una “buena muerte”, entendida como una muerte más digna, serena y pacífica, en la que se reduce el sufrimiento lo máximo posible.

¿Cómo lidiar con el temor a la muerte de manera saludable?

“Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo” – Michel de Montaigne [Foto: Getty Images]
“Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo” – Michel de Montaigne [Foto: Getty Images]

- Aceptar su carácter natural e inevitable

La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”, escribió Jorge Luis Borges. El propio ciclo de la vida nos muestra que la muerte forma parte indisoluble de la misma. De hecho, en el budismo la muerte y la vida son un todo único, no se concibe la una sin la otra.

Comenzar a ver la muerte como un proceso natural e inevitable nos ayudará a deshacernos del miedo angustioso que suele generar. Aceptar la existencia de la muerte y pensar que puede llegar en cualquier momento no implica asumir una actitud derrotista o pesimista, sino que es más bien un recordatorio de que debemos vivir cada momento de la manera más plena y significativa posible.

- Dotar de sentido a nuestra vida

La muerte es un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida”, escribió Sogyal Rimpoché. No estamos condenados a ir a la muerte con las manos vacías, sino que podemos hacer de cada instante una oportunidad para cambiar y encontrar un sentido a nuestra vida.

Cuando hemos construido una vida significativa, hemos amado y hemos disfrutado de cada experiencia, la muerte no llegará como una derrota sino como el punto final de una obra rica de sentido que ha valido la pena. Como dijera Mark Twain: “El miedo a la muerte se deriva del miedo a la vida. Un hombre que vive plenamente está dispuesto a morir en cualquier momento”. Ese hombre no teme a la muerte porque sabe que cuando lo sorprenda, podrá volver la vista atrás y sentirse satisfecho.

- Practicar el desapego

En India, cuando algunas personas comienzan a entrar en la tercera edad, se van deshaciendo de todas sus posesiones después de una vida de logros. Es una especie de “preparación” para la muerte porque van dejando ir todas aquellas cosas a las que estaban más apegados, hasta que finalmente tengamos que dejarnos ir nosotros mismos.

De hecho, se ha comprobado que las personas que han desarrollado un apego seguro a lo largo de su vida son más conscientes de su mortalidad y temen menos a la muerte. El apego seguro – un concepto psicológico equivalente al desapego budista - está cimentado en la confianza en el curso de los acontecimientos y en nuestra capacidad para afrontar constructivamente las emociones negativas. No significa volvernos indiferentes o dejar de amar sino ser conscientes de que nada es eterno y que aferrarnos obsesivamente a algo o alguien puede terminar generando un sufrimiento innecesario.

- Cerrar capítulos de nuestra vida

La biografía de nuestra vida está compuesta por diferentes capítulos. Cerrar esos episodios nos ayudará a seguir adelante y afrontar las nuevas etapas con mayor serenidad, sin el lastre de los resentimientos o arrepentimientos del pasado. En cambio, los asuntos inconclusos, las palabras no dichas y las emociones reprimidas suelen ser como una fuerza que nos arrastra hacia atrás.

¿Una persona a la que debamos pedir perdón? ¿Alguien a quien no nos hayamos atrevido a expresarle nuestro cariño? ¿Un error que queramos subsanar? ¿Un deseo que ha quedado sin cumplir? No dejar heridas abiertas nos ayudará a caminar con mayor serenidad y paz hacia lo que nos depare la vida. Por eso, es importante solucionar nuestros asuntos pendientes.

Por supuesto, no existe un único camino para afrontar la etapa final de la vida. Cada persona necesita encontrar su modo de hacer las paces con la mortalidad, de manera que alcance un sano equilibrio y el temor deje paso a la serenidad.

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