Mickey Rourke, ese rostro que simboliza el descenso de la cima de Hollywood

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Al igual que su carrera profesional dividida entre el éxito y el olvido, la actuación y el boxeo, el rostro de Mickey Rourke se ha convertido en el símbolo de esas dos vidas opuestas. Primero la de un actor en alza de los años 80, que llegó a ser comparado con Marlon Brando por el magnetismo de sus primeros trabajos. Un intérprete que dejaba huella con su atractivo físico y talento llamando la atención de Francis Ford Coppola, Alan Parker y otros cineastas. Y luego como ese hombre de rostro golpeado por las cirugías estéticas, que a sus 70 años reconocemos más por la adoración a sus perros y reconstrucciones faciales, que por la presencia ardiente y electrificante que solía transmitir con sus películas hace casi cuatro décadas.

Un rostro que a base de golpes de la vida se terminó convirtiendo en el reflejo tangible del cruel descenso de la cima de Hollywood.

WEST HOLLYWOOD, CALIFORNIA - JUNIO 17: El actor Mickey Rourke asiste al TEATRO Even Summer White Affair en Skybar el 17 de junio de 2022 en West Hollywood, California. (Foto de Paul Archuleta/Getty Images)
WEST HOLLYWOOD, CALIFORNIA - JUNIO 17: El actor Mickey Rourke asiste al TEATRO Even Summer White Affair en Skybar el 17 de junio de 2022 en West Hollywood, California. (Foto de Paul Archuleta/Getty Images)

Mickey Rourke tenía 12 años cuando ganó su primer partido de boxeo, desarrollando una carrera amateur que abandonaría tras varias victorias, fracasos y conmociones cerebrales en 1973. La actuación llegó a su vida de pura casualidad cuando un amigo le ofreció un papel en una obra que estaba dirigiendo. En ese momento se enamoró de la profesión, debutando en cine con un pequeño papel en 1941 (1979) de Steven Spielberg. El éxito no tardaría en llegar, cosechando aplausos con películas como Fuego en el cuerpo (1981, Lawrence Kasdan), Diner (1982, Barry Levinson) o La ley de la calle (Francis Ford Coppola, 1983).

Sin embargo, si bien estos títulos obtuvieron reconocimiento por parte de la crítica, no fueron éxitos icónicos que lo catapultaron como figura de su era. En realidad, la cinta que logró elevarlo al olimpo de las estrellas fue Nueve semanas y media (1986, Adrian Lyne) el drama erótico que lo convirtió en sex-symbol instantáneo e hizo que jamás volviéramos a escuchar ‘You can leave your hat on’ sin asociarlo con el striptease de Kim Basinger. Y si bien los títulos mencionados merecen ser recordados por encima del clásico erótico, Nueve semanas y media es la película que todos recordamos como sinónimo de aquel actor atractivo. Ese treintañero de perfil seductor que tuvo a Hollywood a sus pies.

Creía que la fiesta nunca terminaría” dijo a Daily Mail en 2009 sobre aquella época. “Podía quedarme en cualquier hotel, comprar lo que quisiera y llevar a toda mi gente a cenar” recordó. Entre esas anécdotas del pasado existe una que asegura que en una ocasión compró seis coches Cadillac en efectivo y luego los regaló. Así. Sin más.

El actor estadounidense Mickey Rourke en el set de 'Nueve semanas y media' dirigida por Adrian Lyne. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis a través de Getty Images)
El actor estadounidense Mickey Rourke en el set de 'Nueve semanas y media' dirigida por Adrian Lyne. (Foto de Sunset Boulevard/Corbis a través de Getty Images)

Sin embargo, la fiesta sí terminó. Entre la ausencia de éxitos comerciales en los años siguientes, las historias que lo tachaban de difícil (el director Alan Parker dijo que trabajar con él era una pesadilla) y decisiones desacertadas (rechazó papeles en películas hoy consideradas clásicos como Top Gun, Rain Man, Pulp Fiction y El silencio de los corderos), volvió a oír la llamada del boxeo. Fue en 1991 cuando cerró el chiringuito de la actuación durante un tiempo para volver al ring porque se estaba “autodestruyendo” y “no sentía respeto por sí mismo como actor” (Film Journal).

Sin embargo, uno se pregunta si habrá medido las consecuencias a las que terminaría enfrentándose.

Durante esta segunda etapa como boxeador se fracturó la nariz dos veces, las costillas, se partió la lengua y tuvo un pómulo comprimido. Hasta sufrió pérdida de memoria a corto plazo. A consecuencia de las lesiones y las cirugías a las que se sometió para reconstruir su rostro, terminó cambiando la imagen que conocíamos como estrella de cine, derivando en un cambio radical que todavía genera titulares con cada reaparición pública que hace.

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En 2009 dijo a Mail Online que se había sometido a cinco cirugías para corregir su nariz y una para reconstruir el pómulo destrozado. Pero a medida que pasaban los años su rostro fue mutando, cambiando y luciendo más irreconocible, evidenciando un proceso estético que continuó en el tiempo y que se terminó convirtiendo en el tema de conversación asociado a su nombre.

Y él solo pagó las consecuencias. Las que definió a The Guardian como “la humillación” que vivió “durante cinco, seis, siete, ocho, nueve, quince años” y que se produjo a sí mismo. Lo perdí todo, la esposa, la casa, mis amigos, mi nombre en la industria” explicaba durante la promoción de la película que volvió a ponerlo en el candelero hollywoodense con su única nominación al Óscar, El luchador.

“Estaba pagando $500 al mes por un apartamento con mis perros. Nadie sabía lo mal económicamente que estaba. Un amigo solía darme un par de cientos de dólares para comprarme algo para comer. Llamaba a mi exesposa llorando como un bebé e intentando recuperarla. Estaba desesperado. Y solo. Y esto continuó durante años” dijo sobre aquellos años tras su segunda etapa por el ring.

Ese sendero de decisiones, cambios profesionales y operaciones podrían describirse como su propio camino de autodestrucción que, años más tarde, tiene a su rostro como evidencia de todo lo vivido. Según sus palabras, las cirugías reconstructivas a las que se sometió durante los 2000s fueron “para arreglar el desastre en mi cara por culpa del boxeo” asegurando que acudió al cirujano “equivocado”.

Este declive profesional, alejado del estatus de protagonista masculino que disfrutó en los 80, lo llevó a toparse de frente con Darren Aronofsky y la cinta casi autobiográfica que hizo que volviéramos a verlo bañado de gloria por la industria. Por supuesto hablo de El luchador (2008), la historia de un luchador del ring con tantas similitudes con la vida de Mickey Rourke que le ayudó a regalarnos la mejor interpretación de su carrera, a través de una trama de redención que cobró vida en forma de aplausos, elogios y reconocimiento artístico.

No obstante, y a pesar del éxito de la película, no ha vuelto a disfrutar de una plataforma similar a nivel cinematográfico y en los últimos años rellena más titulares por lo qué dice y cómo luce, que por sus trabajos en cine. Lamentablemente, tantas cirugías hacen que sea más difícil que su talento se luzca como antes. Y si en la película mencionada el personaje le brindaba un puente personal con el que llegar el corazón de la audiencia con una historia de redención que lo tocaba de cerca, el exceso quirúrgico que él achaca a haberse puesto en manos del cirujano equivocado podrían haber reducido sus oportunidades. O al menos es una de las conclusiones que podemos sacar cuando vemos la ausencia de estrenos masivos, grandes producciones o apuestas a gran escala en su filmografía más reciente.

De todos modos, él sigue activo en Hollywood. Y así como pasó por la versión estadounidense de Mask Singer en 2020, también ficha por la nueva película de Roman Polanski, The Palace. Sin embargo, su rostro se ha convertido en el recuerdo viviente del descenso de alguien que tocó la cima de Hollywood, pero con quien la vida no ha sido tan benevolente como nos gustaría. A sus 70 años vive rodeado de sus adorados perros y, según confesó a Piers Morgan en 2022, hace siete años que está solo.

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