Luis Fernández, Michael Robinson y aquel inolvidable Italia 90

Photo by Independent News and Media/Getty Images.

A Michael Robinson le tocó el Grupo F. Aquello tenía lógica y a la vez suponía un cierto riesgo. La lógica venía de la genética: Robinson había nacido en Leicester y se había criado en Blackpool, es decir, era un inglés de pura cepa e Inglaterra formaba parte de aquel grupo. Por otro lado, su ascendencia le permitía ser elegible para la selección de la República de Irlanda (por entonces, mediáticamente, Eire) y de hecho llegó a jugar 24 partidos con dicha selección, también encuadrada en ese mismo grupo.

El riesgo tenía que ver con la entidad del tercer rival: Holanda. Si todos los mundiales tienen su “grupo de la muerte” el de aquel año era de órdago: Inglaterra venía de rozar las semifinales en México 86, Holanda era la vigente campeona de Europa y Eire... bueno, Eire se había clasificado por primera vez en su historia tras pasar como uno de los mejores segundos en un grupo en el que solo había perdido contra España en Sevilla con un futbol que se podría calificar, siendo muy generosos, de “rudimentario”.

De hecho, el debut de Michael Robinson como comentarista se produjo en esa fase clasificatoria: después de varios meses con unas molestias persistentes en la rodilla, el inglés había decidido retirarse definitivamente del fútbol en enero de 1989. Durante las dos temporadas que había jugado en Osasuna, muchos periodistas se habían fijado en él por su naturalidad, su simpatía, su facilidad de palabra pese a desconocer el idioma y su gran entendimiento del juego. Entre esos periodistas se encontraba José María García, que le incluyó entre su elenco de invitados para el Eire-España del 26 de abril de aquel año. Tal vez intimidado por el ritmo frenético que tenían aquellas transmisiones de radio en Antena 3, a Robinson le costó entrar en calor... pero lo fue consiguiendo conforme veía que su equipo no solo competía de tú a tú contra España sino que incluso conseguía la victoria: un 1-0 en Dublín con gol de Míchel en propia puerta. Imaginen el partidazo.


Era aquel equipo de Irlanda una roca imposible de mover: con Jackie Charlton de entrenador, Tony Cascarino de rematador impenitente y jugadores como Ronnie Wheelan o Ray Houghton intentando poner orden en aquel continuo balonazo al área contraria, marcarles un gol era una odisea. Su clasificación se convirtió en una cuestión de estado -y quien lo ponga en duda puede ver la maravillosa “La camioneta”, de Stephen Frears- y el hecho de caer en el mismo grupo que Inglaterra, dobló la apuesta: eran los tiempos duros del IRA y de la política de no negociación de Margaret Thatcher. Aquello tenía una pinta estupenda.

Así, a la hora de elegir equipo para comentar el Mundial, José Ángel de la Casa llevó a sus mejores periodistas... y confeccionó un completo plantel de expertos mezclando veteranía -Carlos Lapetra, Alfredo Di Stefano- con arrogante juventud -Juanito, Robinson, Julio Alberto...-. No era por supuesto la primera vez que se invitaba a ex futbolistas para comentar partidos en televisión pero nadie esperaba demasiado de sus comentarios: un par de lugares comunes, cierto tartamudeo y una sensación de incomodidad que parecía querer decir “para qué me habré metido yo en este lío”. Desde luego, lo que nadie esperaba era que el comentarista se divirtiera.

Eso, hasta que llegó Michael Robinson, claro. Su experiencia en Antena 3 no fue más allá de un partido, pero Paco Grande ya le había echado el ojo y la recomendación surtió efecto: Robinson fue el elegido para comentar los partidos del sábado de la liga inglesa. Partidos que a veces se emitían en diferido en España pero que eran comentados en directo desde el propio estadio, algo impensable ahora, en tiempos en los que desde un estudio de dos metros cuadrados en Madrid o Barcelona se pretende captar la atmósfera de todo un país extranjero.

Junto a Michael Robinson comentaron partidos la gran mayoría de jóvenes periodistas del ente público y todos coincidían en que aquel tipo era especial: algo borrachín, alegre siempre, carismático, sin complejos... Por supuesto, aquellos partidos de la liga inglesa cuando aún no era ni Premier League no tenían grandes audiencias en España, pero dejaban claro que Robinson podía hacer carrera y que merecía una oportunidad más ambiciosa. De ahí, Italia 90; de ahí, decíamos, el famoso grupo F.

Avancemos a junio de 1990: Inglaterra y Holanda se presentan como los máximos favoritos, Irlanda aparece como incógnita... y Egipto como clara cenicienta. La pareja de Robinson durante aquellos partidos es Luis Fernández, un hombre que se ganaría la vida con el deporte en televisión durante muchísimos años pero que nunca quiso demasiado protagonismo. El primer partido que les toca retransmitir es ni mas ni menos que un Irlanda-Inglaterra en Cagliari que acaba 1-1 con el famoso gol de Sheedy. Desde el principio, se ve que conectan, que hay ahí una química especial muy similar a la que Robinson lograría después con Carlos Martínez.

Todo es propicio para los excesos: los partidos se juegan en el sur de Italia: cuando no es Cagliari es directamente Palermo. Todos, sin excepción, son un rollazo impresionante. La Holanda que había maravillado al mundo dos años antes no es capaz de ganarle ni a Egipto. Martínez y Robinson intercambian bromas y pullas. Se lo pasan en grande. Los espectadores, contra todo pronóstico, también. En la segunda jornada, los dos partidos acaban 0-0. En la tercera, Inglaterra se impone al equipo africano por un raquítico 1-0 y Quinn clasifica a Irlanda “in extremis” aprovechando un error de Van Breukelen tras pase de 80 metros del mítico Pat Bonner.

Entre balonazo y balonazo, entre patada y patada, entre pase insulso y pase insulso -portero a defensa, defensa a portero...- Luis Fernández y Michael Robinson sienten que se tienen que encargar de poner el espectáculo. Y lo ponen. Su éxito entre la audiencia es tal que les acaban eligiendo para retransmitir las semifinales entre Inglaterra y Alemania, que por supuesto acaba en empate, prórroga y penaltis. Aquel es el día en el que Gary Lineker acuña su famosa frase: “El fútbol es un deporte en el que juegan once contra once y siempre gana Alemania”.

También es el día en el que acaba el tándem Fernández-Robinson. Luis siguió en tareas de redacción y fue durante décadas la elegante voz de los resúmenes de Estudio Estadio. Michael siguió retransmitiendo la liga inglesa hasta que Alfredo Relaño le llamó para sustituir a Jorge Valdano como comentarista de los partidos de los domingos a las siete y acompañar a Nacho Lewin en “El Día Después”. El resto es historia. Cuando Fernández murió, el pasado mes de julio, Robinson escribió en Twitter: “Luis me enseñó mucho”. Apenas nueve meses después, se despedía la otra pieza del tándem, dejando nuestra adolescencia en precario.


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