Sale a la luz la entrevista más personal a Michael Robinson: de la envidia de Rafa Nadal al miedo al cáncer

Michael Robinson en la entrevista del proyecto 'Vida Caixa' (YouTube/VidaCaixa)

Sale a la luz la entrevista del proyecto ‘Vida Caixa’ en la Cadena Ser a Michael Robinson, bajo el lema ‘Personas de bien’, en la que el comentarista inglés se sinceró sobre varias cuestiones personales, como el cáncer, y otras más profesionales, como el ego en el deporte.

Los entrevistadores son Patricia Ramírez, psicóloga deportiva, y Pedro Herráiz, representante de la ONG Cooperación Internacional. Conociendo estos nombres, ya nos imaginábamos que la charla iba a ser muy humana.

La primera pregunta, quizás, es la que resultó ser la más complicada para el exfutbolista inglés, puesto que no supo responderla: “¿Por qué Michael es una persona de bien?”. Su respuesta, con el humor y la risa que le caracterizan, fue: “Empezamos bien, porque la primera pregunta no te la puedo contestar”. Pero aclaró que él era “un hombre afortunado” porque había vivido “del beneplácito de los demás”.

Cuando le mencionaron el entretenimiento y que el fútbol era el deporte rey, él lo equiparó a todos los deportes, señalando a los griegos como el origen de todo. Por medio, un recado a los romanos, que empeoraron la manera de entender al perdedor, para lo que puso el ejemplo de los coliseos. Llegando a nuestro tiempo, afirmaba que la cosa ha cambiado hasta tal punto que “en el deporte nos vemos reflejados, a través de esos dos impostores que son el fracaso y el éxito”.

Se centra, en este aspecto, en el partido entre Rafa Nadal y Nick Kyrgios del último Wimbledon. “Dos versiones del ser humano exhibiéndose sobre la hierba”, para llegar a afirmar que “el deporte, el entretenimiento, a veces tiene algo más de profundidad” de cómo nos llega. Señalaba que “hay que rascar el barniz del deporte” para “hallar cosas maravillosas”. Justo lo que hizo en su programa ‘Informe Robinson’ durante tanto tiempo.

La entrevista giró entonces hacia el ego en el deporte. La psicóloga comenta que está mucho más presente en el deporte individual que en el colectivo. Al respecto, Robinson desvela una conversación que tuvo con Rafa Nadal, del que aclaraba que era “muy buen futbolista”. Revelaba que Nadal “tenía ciertas envidias muy sanas sobre la vida de un futbolista que vive en un vestuario. Él tiene el concepto de su propio equipo, que es mucha gente que hay detrás de Rafa, pero todo depende de lo que hace Rafa con la raqueta”.

Al respecto, el ex del Liverpool contó su experiencia en un vestuario, señalando que ahí “no eres la pieza elemental, eres una de las piezas y que aprendes muy rápido la solidaridad”. Y aludía, a la vez, a la importancia de reflexionar uno mismo cuando marcaba gol, si ese gol venía de su esfuerzo o del de los demás, y que a veces se sentía “un impostor”.

En cuanto a las diferencias entre el fútbol ingles y el fútbol español, Robinson se centró en el respeto. Puso el ejemplo de José Mari cuando llegó a Osasuna, que al verle a él con Sammy Lee, tocó la espalda de este último para dirigirse a ellos. Eso es impensable hasta que no tienes 18 años en Inglaterra. Hasta esa edad “tienes que limpiar las botas de los veteranos y dirigirte a ellos como ‘sir’”.

Cuando llegó a España, comentaba que se encontró “un fútbol mucho más rústico”, que también le fascinaba, pero le chocó que era el año 1987 y todavía había compañeros en su equipo que no hablaban de Franco.

Sobre el cáncer, al ser preguntado cómo le había cambiado la perspectiva que tenía sobre la vida, Robinson respondió que no había cambiado, que lo que había cambiado es que ese verano tenía que “llevar un sombrero” y que por las mañanas y las noches tenía que “tomar pastillas”. Pero enseguida se puso más serio y reconoció que “muy eventualmente” el cáncer le iba a matar, pero no le iba a matar mientras siguiese vivo: “Sólo el cáncer me va a matar una vez”.

El otro aspecto personal destacable de la entrevista llegó cuando mencionó cuál había sido el mayor orgullo para él en toda su vida. Esto respondió: “Casarme con mi mujer. Es mi novia desde la infancia y ya nos tuteamos. Y tenemos una nieta. Todo el orgullo que tengo de mi familia es porque he conocido a mi mujer. Fue la mejor decisión que tomé nunca. Si fuera por algo profesional, haber jugado con el equipo de mis amores (Liverpool), no ganar nada porque me decepcionó un poco, gritas campeones, campeones y ya está. Al ponerme la camiseta roja me sentí un elegido. Y eso que nunca llegué a ser el futbolista que quise ser. Como periodista me hubiera gustado haber aprendido castellano”.

Así era Michael Robinson y así es la huella que ha dejado en todos nosotros.

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