Lo que queríamos haber visto en "The Last Dance" y Michael Jordan ha eclipsado

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Vamos a empezar con un par de excusas no pedidas antes de ir al grano: en primer lugar, hay que dejar claro que a mí el documental me ha gustado. Que me ha hecho reencontrarme con el adolescente y el universitario que disfrutó de esos seis títulos, que después se puso a investigar y a leer sobre Jordan y los Bulls y que sigue teniendo a ese equipo y a los Beatles como los dos fenómenos sociales que más le han marcado en su vida.

En segundo lugar, sé perfectamente que se ha sacado lo que se ha podido. El proyecto llevaba 20 años en un cajón porque Jordan no daba el “sí”, con lo que pensar que podría aceptar nada que realmente le hiciera sentirse incómodo sería absurdo. Por supuesto, acepta que se insinúe que era un “bully”, no le queda más remedio (estuvo en todos los medios) que reconocer su adicción al juego y sus amistades peligrosas. Incluso acepta que se trate la muerte de su padre, siempre que sea de la manera más amable posible y cortando de raíz cualquier versión no oficial. Ahora bien, él decidía qué se contaba, qué no y tenía veto sobre el corte final. Tal vez, algún día, dentro de 20 años, Jason Hehir pueda venderle a alguien su “director´s cut” con más escenas vetadas. Puede, incluso, que todavía nos interese.

Con todo, reconociendo que nos lo hemos pasado bien y que lo que hay es lo que hay y que las limitaciones eran tremendas, hay una serie de cuestiones básicas que me hubiera gustado ver en el documental... y que no hemos visto. Seguro que el lector tiene las suyas a añadir y puede hacerlo en los comentarios. Empecemos:


1- Durante meses, el documental se vendió como un reportaje desde dentro de la temporada 1997/98 con acceso total a vestuarios, partidos, autobuses, aviones, etc. Eso iba a ser lo que lo hacía especial. Lo cierto es que de eso hemos visto poco... y solo lo hemos visto en las celebraciones. Hay algún momento de tensión antes de algún partido, caras de concentración, enormes cascos vomitando música rap... pero me falta un momento, después de una derrota, en el que Jordan entre ahí hecho una furia y les eche una bronca a todos. Un momento en el que Phil Jackson les reúna y les diga “¿a qué demonios habéis jugado hoy?”. Echo de menos al equipo, a la idea de un equipo que rema junto en las buenas y en las malas. Me encuentro con un montón de individuos aparentemente lejanos entre sí y que solo interactúan cuando todo ha acabado y ha acabado bien.

2- El propio seguimiento de la temporada es errático, con tanto oscilar en el tiempo. Es complicado meterte en la tensión de ese “último baile” si pasas por encima de la liga regular como si nada e incluso en los playoffs te comes partidos, reacciones, crisis, euforias... para ponernos una entrevista con la mujer del ex jefe de seguridad de Michael Jordan. Es como si el empeño en el detalle alrededor de la superestrella hiciera que se pierda la visión de conjunto.

3- ¿Jugaron Ron Harper y Luc Longley en los Chicago Bulls? Me imagino al joven aficionado que no pudo disfrutar de esa época corriendo a YouTube para ver alguno de los partidos de sus nuevos ídolos Steve Kerr y Bill Wennington, todo para darse cuenta de que apenas jugaban. El caso de Longley se suaviza por el hecho de que al menos han sacado la canasta que forzó la prórroga en el primer partido de la final de 1998 y porque es cierto que al final de los partidos los que estaban eran Kukoc de 4 y Rodman de 5... pero lo de Harper no tiene nombre. Ron Harper llega a los Bulls en 1994 como estrella de la liga. La vuelta esa misma temporada de Jordan le relega a un papel de especialista defensivo y guardián del “triángulo” en ataque. Lo hace a la perfección: en 1996, en 1997, en 1998... después incluso se va con Phil Jackson a los Lakers y gana otros dos anillos haciendo más o menos lo mismo. Harper no es solo historia de esos Bulls, es historia de la NBA. No aparece. Alguna bandeja suelta, poco más.

4- ¿Y Toni Kukoc, qué, otra vez campeón de Europa? Es verdad que al menos a Kukoc le entrevistaron... pero para recalcar su fama como “osito de Krause” y para enseñarnos lo mucho que le odiaban Pippen y Jordan antes de entrar al equipo. ¿Y una vez dentro, qué? Kukoc era en ataque el tercer mejor jugador de ese equipo pese a los poquísimos tiros que tenía. Generaba juego con sus pases imposibles, entendía a la perfección el sistema... y en defensa, bueno, en defensa era un desastre cuando tenía que defender a un Antoine Carr 50 kilos más pesado, pero era grande, tenía unos brazos enormes, y tocaba todos los balones clave. En el famoso “flu game” de 1997, tocó para afuera dos rebotes ofensivos clave. En el sexto partido de ese año, impidió que el balón saliera limpio del saque de banda final. Al año siguiente, fue clave contra los Pacers en el séptimo partido y metió 31 puntos en el quinto de la final. Ni una mención al respecto.

5- Por último, me habría gustado ver al Jordan que duda. Y que no me vengan con el rollo “Jordan no dudaba nunca”. Todo el mundo duda. Todo el mundo llega al vestuario y piensa, por un momento, “quizá este no es nuestro año, quizá me tendría que haber retirado antes, quizá me estoy equivocando en algo”. La versión superhéroe de Jordan acaba convirtiéndose en una caricatura. Todo le motivó para meter 50 puntos al día siguiente. Algunos dicen que este documental ha sacado su lado más “humano”. Puede que todos tengamos distintos conceptos de lo que es la “humanidad” pero a mí este no me encaja: un hombre que nunca, jamás, en 20.000 horas de rodaje, muestra una debilidad no es, en rigor, un hombre. Sigue siendo un personaje.


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