Cuando Michael Jordan sacó de la cama de Carmen Electra a Dennis Rodman para que fuera a entrenar

Dennis Rodman y Carmen Electra. Foto: SGranitz/WireImage.

A falta de deporte en directo como consecuencia de la pandemia del coronavirus y su correspondiente cuarentena, los aficionados tenemos que buscarnos la vida como buenamente podemos para matar el aburrimiento. Muchos recurren a recuperar repeticiones de partidos y competiciones antiguas, lo cual está muy bien pero se puede llegar a un punto en el que quede poco que ver. Por suerte, vivimos en una época con una industria audiovisual muy potente e innumerables producciones de todo tipo de temáticas están disponibles para saciar nuestra necesidad de entretenimiento.

En este sentido, en el ámbito deportivo quizás el acontecimiento más importante de las últimas semanas sea el lanzamiento de The Last Dance (traducido en castellano como El último baile), una serie documental producida por ESPN y disponible en la plataforma Netflix que se centra en la temporada 1997/98 de los Chicago Bulls. En esa campaña el equipo liderado por Michael Jordan se proclamó campeón de la NBA por tercera temporada consecutiva (sexta en ocho años). La grabación está dividida en 10 capítulos, de los que la televisión norteamericana va emitiendo dos cada domingo; ayer, día 26, salieron el tercero y el cuarto.

Precisamente en el tercer episodio se desveló un suceso de lo más llamativo. El programa se centró en Dennis Rodman, otro de los jugadores importantes de aquella plantilla; es un tipo de lo más peculiar, protagonista de un sinfín de anécdotas, pero pocas se pueden comparar a la desvelada por la actriz y modelo Carmen Electra, entonces novia de Rodman. Según cuenta, Jordan llegó a ir a buscarle y, literalmente, a sacarle de la cama para que volviera a los entrenamientos.

De izquierda a derecha, Jordan, Rodman y Pippen durante un partido de los Bulls. Foto: Vincent Laforet/AFP via Getty Images.

Siguiendo el relato de los protagonistas, hubo un momento durante la temporada en que Rodman pidió permiso al entrenador Phil Jackson para tomarse un par de días de descanso y marcharse a Las Vegas. Jordan no estaba muy de acuerdo con la idea, porque Dennis se había convertido en un jugador imprescindible en la plantilla tras la lesión de Scottie Pippen y se temía que aquellas vacaciones se alargaran indefinidamente. Pero, a raíz de la recuperación de Pippen, Jackson accedió con la condición de que la escapada durase solamente un par de días y después volviera al trabajo en Chicago.

Resultó que quien tenía razón era Michael. “Salió de la habitación donde estábamos reunidos, se fue directo al aeropuerto y no volvimos a saber nada de él en 48 horas”, rememora el número 23. Rodman no defraudó a su fama de juerguista empedernido, de “fiestas, bebida y pérdida de conexión con la realidad”, tal como decía la prensa local en aquella época. Carmen Electra relata que el tiempo en Las Vegas fue realmente intenso. “A Dennis le gustaba mucho salir. Íbamos a su restaurante favorito, luego a una discoteca, después a un after. Seguir su ritmo era un trabajo duro. Era salvaje”.

Como cabía esperar, el plazo de dos días no se respetó y Dennis siguió su farra. Esto llevó a Jordan a actuar por su cuenta. Se presentó en Las Vegas, localizó el hotel, aporreó la puerta y sacó de la cama a empujones a su compañero para llevárselo a Chicago. “Yo me tuve que esconder, no quería que me viera así”, recuerda Carmen.

La plantilla de los Bulls recibió de vuelta a Rodman con cierta hostilidad (bastante comprensible, hay que reconocerlo). Sin embargo, Dennis tardó poco en hacerse perdonar gracias a su esfuerzo en los entrenamientos y a su rendimiento excelente en los partidos. “Michael y Scottie me aceptaban como soy y decían ‘hace lo que hace, pero luego se implica’. Me voy de fiesta, pero luego trabajo duro. Nos llevábamos tan bien porque queríamos ganar el campeonato”, recuerda. Y Jordan lo confirma: “Es algo en su mente. Necesita escaparse. Pero luego, con sinceridad, siempre estaba ahí preparado cuando le necesitabas”.

Rodman, ala-pívot de 2,01 metros y 100 kilos, está considerado uno de los mejores jugadores defensivos de todos los tiempos; entre otras estadísticas, durante siete años consecutivos fue el líder de la NBA en rebotes. Antes de fichar por los Bulls en 1995, a los 34 años, ya llevaba una larga carrera en la liga, que había ganado dos veces en los años ‘80 en las filas de los Detroit Pistons. En su momento fue casi igual de célebre por su rendimiento en la pista como por su aspecto físico, lleno de tatuajes, piercings y tintes estrafalarios en el pelo, así como por su vida extradeportiva, de la que este episodio es solo un ejemplo.

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