Michael J. Fox revela que el "momento más oscuro" de su vida no tuvo que ver con el Parkinson

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De todos es sabido que Michael J. Fox, el actor que en los 80 saltó al estrellato al protagonizar la saga de Regreso al futuro, lleva décadas luchando por apoyar y visibilizar a quienes sufren Parkinson –la enfermedad degenerativa que le fue diagnosticada hace casi 30 años y que confesó públicamente en 1998.

Pero por sorprendente que parezca, el “momento más oscuro” de Fox no tuvo nada que ver con este trastorno, sino con otro grave problema de salud que padeció hace solo dos años y que hasta ahora desconocíamos.

El actor de 59 años recuerda un incidente durante la recuperación de una operación hasta ahora desconocida como el peor episodio de su vida. (Imagen: Instagram @realmikejfox)
El actor de 59 años recuerda como el peor episodio de su vida un accidente durante la recuperación de una operación hasta ahora desconocida. (Imagen: Instagram @realmikejfox)

Según ha revelado el actor de 59 años en una entrevista con People, en 2018 el actor empezó a sufrir horribles dolores por todo el cuerpo, tras lo cual se detectó que un tumor le estaba constriñendo la médula espinal.

Iba directo a la parálisis si no me lo operaban”, recuerda Fox.

Sin embargo, la cirugía que podía extirpárselo resultaba muy arriesgada. Y es que dado que el tumor constreñía la médula espinal, “tenían que tener mucho cuidado al retirarlo para no causar más daño”, asegura.

Afortunadamente, la operación salió bien y Fox comenzó un proceso de cuatro semanas para volver a aprender a andar. Fue entonces, creyendo que lo peor había quedado atrás, cuando dejó a su familia de vacaciones en la isla de Martha´s Vineyard (Massachusetts) y regresó solo a su apartamento de Nueva York para poder hacer un cameo en una película de Spike Lee al día siguiente.

Pero la mañana del rodaje, Fox sufrió una desafortunada caída accidental en la cocina y se rompió el brazo.

Aquel sin duda fue mi momento más oscuro”, revela.

Sencillamente me quebré. Estaba apoyado contra la pared de la cocina, esperando que viniera la ambulancia, y pensé: “No puedo caer más bajo”. Fue entonces cuando me lo cuestioné todo. Pensé: “No puedo fingir una sonrisa ante esto. No hay nada alegre, nada positivo. Es todo lamento y dolor”.

Por primera vez, Fox se habría sentido incapaz de adoptar esa actitud optimista que durante muchos años le había permitido sobrellevar al Parkinson. Tanto es así, que temió ser incapaz de ofrecer esperanzas a los demás.

El Parkinson, mi espalda, mi brazo… aún así, no sumaban tantas desgracias como las que otras personas tienen que soportar”, prosigue.

Pensé: “¿Cómo voy a decirles a esa gente: “Alegrad esa cara, mirad el lado positivo, las cosas van a salir bien”?”.

Según recuerda el actor, fue ver reposiciones televisivas –especialmente retransmisiones deportivas de los 70– lo que le ayudó a ir cambiando su perspectiva durante el largo periodo que debió permanecer en cama.

Y fue entonces cuando encontró la clave para recuperar su actitud positiva.

El optimismo se basa realmente en la gratitud”, explica. “Y es sostenible cuando sigues volviendo a esa gratitud, a la cual sigue la aceptación. Aceptar que esto te ha pasado, aceptarlo como lo que es. No significa que no te puedas esforzar para cambiar. No significa que lo debas aceptar como castigo o penitencia, sino solo ponerlo en el lugar adecuado. Y entonces ves cuánto del resto de tu vida te queda para seguir creciendo, y puedes continuar”.

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Fox, que cumplirá los 60 el próximo mes de junio y que se prepara para la publicación de sus nuevas memorias, No Time Like the Future, asegura que hoy tiene “el optimismo de un hombre de 60 años”, y vive centrado en pasar tiempo con su esposa Tracy Pollan y sus hijos Sam (de 31 años), los gemelos Aquinnah y Schuyler (de 25), y Esmé (de 19).

Sin dejar de convivir con el Parkinson, el actor asegura que su vida sigue creciendo de muchas formas: “Lo estoy pasando muy bien. La gente no me cree, pero amo la vida y amo estar con mi familia”.

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